Las catas estúpidas: el problema de las descripciones subjetivas de los vinos

Hoy haré un alto en el camino sobre la serie de los mejores vinos por cepas. Tocaré un asunto que...

José Peñín

Viernes 02 de Junio de 2023

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Hoy haré un alto en el camino sobre la serie de los mejores vinos por cepas. Tocaré un asunto que he repetido hasta la saciedad como es las estúpidas descripciones subjetivas de los vinos que se prodigan entre todo un rosario de nuevos catadores, sumilleres recién salidos del horno y periodistas menos veteranos.¿por qué tantas palabras para describir un vino?

Todos, yo el primero, hemos pasado por el trance de querer transmitir a los lectores las sensaciones que percibimos a base de evocar aromas parecidos de otros productos. Es la costumbre absurdamente instalada el de trasladar al lector u oyente las características del vino con toda una serie de palabras de relleno. Es como si el catador quisiera anticipar al lector lo que este sentirá cuando lo beba. Un hecho casi imposible porque algunas de las sensaciones del catador son tan sutiles y no siempre permanentes que no las captará el consumidor. Pero ¿por qué esa obsesión de ensanchar el texto de cata con datos subjetivos (piña, frambuesa, vainilla, frutos secos, etc.) que serán diferentes catando el mismo vino a ciegas al día siguiente frente a los datos objetivos (equilibrado, sabroso, potente, ligero, afrutado, madera, etc.) que lógicamente se percibirán siempre? El problema es que para el catador le resulta pobre una descripción con tan solo 5 términos objetivos y por lo tanto se agarra a los subjetivos impregnado a veces con los elementos fantasiosos de cada descriptor y que por exceso de subjetividad en ocasiones no dejan ver el bosque de las características del vino que es lo principal.

Ejemplos desmedidos

No sé si es moda o exageración. Hay ejemplos de desmesura los cuales son muy aficionados los británicos incluso más que los americanos como el que cita la catadora de la web de Jancis Robinson Tamlyn Currin sobre un chardonnay y que ya publiqué en mi blog y que me dejó alucinado: "Aromas de pimienta blanca que se tornan albaricoque, lima y mandarina tostada a medida que el vino se calienta y se abre. Fruta verde crujiente metida en un bocado cuidadosamente cortado. Este chardonnay es como la versión vinosa de una Vespa verde lima que sube por una estrecha calle adoquinada en sentido único en la dirección equivocada". Otra perla de la misma catadora describe al blanco Cortijo de Serral 2021 xarel-lo de Pepe Raventós que resumo:  "Huele a crema de limón y prímulas en pan rústico de harina de centeno. La bocanada ocasional de humo de cigarro. La fruta sabe a nectarinas, se inclina hacia la piña y el kiwi, luego a la cereza roja. Pero aún con esa salinidad punzante del rocío del mar. A través de los brillantes ángulos de la acidez, el vino gira en círculos lentos hacia la redondez. El final es como lamer cristales de sal del Himalaya y pimienta negra molida gruesa. Es básicamente imposible escupir".  Si estas dos catas tuviesen un sentido socarrón tendría gracia. La metáfora culta tiene su aquel en una columna de opinión, pero no para una puntuación cara al consumidor. Me apuesto el cuello que si al día siguiente catara a ciegas este mismo vino, la descripción sería distinta y solo coincidirían más o menos en los vocablos objetivos. Creo que en el fondo hay mucho ego entre comunicadores y entendidos con esta descripción tan floreada que genera una brecha entre catadores y consumidores.

Vengo observando que, con ese afán de ampliar el texto, algunos vocablos son contradictorios y muchos de ellos son desconocidos por los lectores. Creen que si utilizan menos palabras se les van a tildar como principiantes o poco experimentados. Yo mismo, en mis primeras andadas, pecaba de barroco porque me daba vergüenza reseñar apenas cuatro o cinco términos, floreando la cata con excesivos vocablos en su mayoría subjetivos y, por lo tanto, personal.

Catar en grupo

Durante mi experiencia de catar a ciegas en grupo siempre sale alguno diciendo que el vino le recuerda a alguna especia o fruta, en vez de arriesgarse a evaluarlo diciendo que, por ejemplo, el vino numero 2 supera a las demás por su mayor volumen, complejidad y elegancia. O, al contrario, que es más débil y con menor persistencia en boca. Los sustantivos son menos arriesgados que los adjetivos. Se prodiga la exhibición de algunos por adelantarse en citar un parecido del vino con algo que otros asienten por sugestión más que porque lo perciban.  Yo no voy a comprar un vino porque me citen que el aroma recuerde a "hoja de tilo machacado, con una nota evanescente de mango y un paladar crujiente de manzana asada". Lo compraré si leo que el vino es potente, o con una elegante vejez, o ligero y fácil de beber, o con un sabor persistente, redondo, complejo, sabroso u original.

Gran parte de culpa la tienen los frasquitos de aromas artificiales que comenzaron a comercializarse en los Ochenta y que se han utilizado sobradamente en los cursos de cata. Estas esencias que, generalmente son válidas y utilizadas por los perfumistas, no son tan convenientes para la cata pues su intensidad y penetrabilidad volátil satura el olfato e incluso la sala, con una dimensión que nada tiene que ver la evanescencia de los matices de un vino. Puede ser divertido como un juego de adivinar aromas que, para un curso de cata, puede ser conveniente para definir especies, flores o defectos, dejando claro que las precisiones de estos efluvios apenas los perciben los alumnos del curso a la hora de meter la nariz en la copa.

La descripción coherente

Una de las cosas que aprendí en mi experiencia es sacrificar la belleza de una descripción floreada de muchos términos al intercalar los subjetivos y objetivos por otra más austera de tan solo cinco palabras objetivas más perceptibles por el consumidor.  Un ejemplo son las catas de la Guía Peñín, en general aburridas y sucintas, pero más realistas, en algunos casos se intercala algún término subjetivo, pero aludiendo a evocaciones más conocidas por el consumidor y no las de la citada catadora fantasiosa Tamlyn.

José Peñín
Posiblemente el periodista y escritor de vinos más prolífico en habla hispana.
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