La cata: el arte de disfrutar el vino

Lunes 12 de Septiembre de 2016

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Consejos para dejar de beber vino, y comenzar a disfrutarlo

¿Beber o disfrutar el vino?

Todo el mundo sabe cómo se bebe un vino, pero para catarlo y disfrutarlo plenamente es necesario poner mayor atención.

La mayoría de los vinos encierran en su aroma, gusto y textura, sutiles matices que no se pueden apreciar en todo su esplendor cuando "simplemente" se bebe.

Para catar y poder disfrutar un vino hace falta cierta calma, sosiego y especialmente concentración. Debemos ser plenamente conscientes de lo que estamos bebiendo, debemos beber prestando atención, hay que poner todos los sentidos, literalmente.

Si usted, se toma el tiempo necesario y centra toda su atención en el vino, probablemente experimentará todos sus matices y podrá disfrutar de pleno toda su complejidad. Dejará de beber y comenzará a disfrutar, a catar el vino.

Por otro lado, al hacerlo de este modo, ampliará su conocimiento y entenderá cada vez mejor los distintos vinos que existen, pero ¿cómo hacerlo correctamente?, ¿por dónde comenzar? Nos hemos puesto en contacto con los productores de Alberte, uno de los vinos más premiados del panorama vinícola, para consultarles cuáles son las claves a la hora de disfrutar plenamente un vino.

El placer de degustar el vino

El procedimiento utilizado por los profesionales y los amantes del vino desde hace muchísimos años para catar, pasa por el análisis de la bebida a través de los sentidos: vista, olfato, tacto, gusto y oido.

En la copa observando el color, el aspecto y la textura obtenemos la primera información sobre el vino, cómo la graduación, la edad, la procedencia e incluso el posible sabor.

En la nariz, el sentido más importante en la cata, descubrimos una nueva dimensión del vino, envolviéndonos en multitud de aromas al olerlo, pero también formando parte del sabor al conjugarse con aspectos gustativos, por vía nasal al acercar la copa a la nariz cuando bebemos, o por vía retronasal cuando los aromas inhalados y exhalados acceden a nuestro bulbo olfativo a traves de la comunicación buco-nasal.

La parte final del proceso consiste en pasarlo por la boca y la lengua, en la fase gustativa se aprecian los matices habituales del gusto (ácido o agrio, dulce, salado, y amargo), que junto a los aspectos aromáticos antes vistos conforman el sabor, o la "sensación de sabor" si se quiere.

Finalmente el tacto se percibe en el vino a través del paredes interiores de la boca, lengua incluida. Las principales sensaciones táctiles del vino son el cuerpo o volumen, la  astringencia, la temperatura física, la textura y la efervescencia.

Y por último, en menor medida, relacionado con este último aspecto del tacto -la efervescencia- hay quienes incluso analizan el sonido del vino a través de sus burbujas.

La relación con la comida

La otra gran piedra angular del vino está en su relación con los otros alimentos, esto es, el maridaje.

El papel fundamental de un vino en una comida es el de limpieza de boca, que es la base del maridaje al ser la mejor manera de potenciar los sabores. Si lo que tenemos es sed, lo mejor es beber agua en una copa aparte.

Los expertos en gastronomía dicen que el primer bocado es el mejor, el que mayor impresiones de sabor nos aporta. Pon en práctica el siguiente experimento mental. Imagina que tras cada bocado pudiésemos levantarnos de la mesa, ir a cepillarnos, enjuagarnos la boca y volver, para que así cada bocado sea el primer bocado. De esta manera se obtendría el máximo sabor porque sería el primero cada vez y no estaría perturbado por el bocado anterior de otros alimentos. Esta es la esencia del maridaje.

Ahora deja de imaginar, esto es posible: el vino realiza esta función. El vino nos permite disfrutar de cada bocado cómo el primero, por tanto disfrutaremos más de la comida y se potenciará su sabor al máximo. Su baja graduación, su composición y sus matices gustativos-aromáticos, hacen que sea la mejor bebida para disfrutar una comida.

Pero cómo no todo los vinos son iguales, ni todas las comidas tampoco, hay que buscar el que mejor realice esta misión sin perjudicar el sabor de los alimentos, de este modo conseguiremos además disfrutar y potenciar el propio vino.

En el maridaje no existe rigidez, ni reglas fijas, la armonía consiste en buscar un vino que no “tape” el sabor de los alimentos sino que los realce. Un vino suave "limpia" mejor alimentos más suaves en el paladar. Un vino "potente" hará lo propio con alimentos más fuertes y consistentes.

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