Uvas tintas foráneas recién introducidas en Hungría: Carmenére, Sangiovese, Tannat, Tempranillo

Escrito porJozsef KOSARKA

Lunes 14 de Junio de 2021

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Una de las características destacadas de la viticultura contemporánea es el surgimiento de variedades autóctonas que han sido minoritarias o en peligro de extinción y también de aquellas desaparecidas que se han recuperado a partir de germoplasma. Estas son aquellas que a lo largo de los años se han adaptado a los suelo y clima del lugar donde tradicionalmente se cultivaba y su recién redescubrimiento viene aportando no solo nueva diversidad de las uvas utilizadas para vinificación sino también mantienen la tipicidad nacional de la producción del sector. Sin embargo, junto a esta tendencia también se observa el aumento de la superfície de plantaciones de variedades que se consideran nativas o renacidas de un solo lugar en el cual se ha logrado que dieran vinos excepcionales y debido a sus cualidades se convirtiesen en un éxito internacional. Dado que hay varios productores en el mundo en constante búsqueda por experimentar uvas nuevas, no es ninguna sorpresa entonces que en la actualidad es cada vez mayor el número de viñedos en los que crece vid nueva de origen foráneo perteneciente a esta clase.

En Hungría tradicionalmente predominan las blancas que representan las dos terceras partes de las variedades registradas en el catálogo nacional. Con respecto a las tintas, cabe señalar que solo cinco de las diez más populares mundialmente están representadas con más de 100 hectáreas de superfície a nivel nacional. En la actualidad, este país centroeuropeo cuenta con un total de 58.300 hectáreas de plantaciones de uva para vinificar en las cuales se cultiva una gran diversidad de uva (123 blancas y 59 tintas). Con el criterio fundamental de dotar el abanico de productos con características diferenciadoras, recientemente también están apareciendo nuevas uvas para vinificar, entre ellas las Carmenére, Sangiovese, Tannat y Tempranillo que desde hace algunos años dan frutos a cuya base se hace vinos que aspiran a seducir a los aficionados en busca de nuevas experiencias de cata. Esto es un poco difícil porque la competencia no está entre los productores locales, sino con los del extranjero quienes durante largo tiempo han conquistado un papel prominente en el mercado y sirven a modo de ejemplo para la comparación de estilo y calidad. La bodega de Attila Gere, ubicada en la región de Villány, es una de las pocas que han abierto la puerta a varias nuevas alternativas cuando hace algunas décadas ha comenzado a plantar uvas tanto nativas como importadas y desde aquel entonces viene observando el comportamiento de las vides asi como trata de encontrar el perfil distintivo del vino. Hoy en día, su Tempranillo - la única en el país - plantada en terrazas en 2004 se cultiva en 1,1 hectáreas con una densidad en torno a 8.000 cepas y se obtiene un volumen promedio anual de 40 héctolitros de vino. Se ha elegido el sistema de conducción de poda mixta en cordon simple de altura media y se aplica la vendimia en verde. Las fermentaciones alcohólica y maloláctica se realiza en tanques de acero inoxidable y en barricas de roble pequeñas de segundo uso durante unos 10 días y 14 meses, respectivamente. La última añada en el mercado es de 2017 (alcohol: 15,0 % , acidez: 5,1 g/l, azúcar residual: 1,7 g/l, extracto seco: 32,7 g/l) que es vestido de color rojo oscuro con ribete cardenalicio, en nariz transmite la intensidad de frutas maduras (ciruela, mora) y notas de especias orientales, en boca se percibe también aromas al tostado aportadas por la madera y los taninos bien integrados. Es redondo y de buen cuerpo con estructura firme, bastante potente y de buena evolución. La superficie de viñedos de esta bodega familiar fundada en 1991 suma unas 75 hectáreas que son plantadas de más de dos docenas de variedades a partir de las cuales se elabora un amplio abanico de vinos, tanto monovarietales como de corte, siendo la gran mayoría tintos. A lo largo de los años ha ido creciendo y hoy en día un hotel con restaurante de alta cocina y centro de wellness también conforma el atractivo enoturístico.

En la región de Szekszárd la Tannat ocupa una superficie de 2,2 hectáreas de las cuales 1,4 hectáreas están en producción. (Superficie total en el país: 2,39 hectáreas.) La Heimann cuenta con 0,5 hectárea que ha sido plantada en 2002 con una distancia de 2,4 metros entre hileras y 0,8 metros entre cepas. Se emplea el sistema de poda corta sobre cordón de altura media. La vid produce racimos grandes y compactos de doble hombro cuya vendimia se realiza a mano y se hace una rigurosa selección en el propio viñedo. El rendimiento promedio anual es de unos 4 toneladas y por lo general se obtiene una concentración de azúcar de 23 a 25° Brix, acidez total de 9 a 12 g/l y un nivel de pH de 3,2 a 3,4. En cuanto a la vinificación, la uva es despalillada y seleccionada baya por baya, las maceración y fermentación se lleva a cabo en cubas de madera durante 15 a 20 días con remontados 2 veces diariamente, y el vino descansa 1 año en grandes toneles de roble usado. Ha ocurrido solo una vez, con el vino de la añada de 2014, que se lo embotelló como monovarietal, en otros casos ha sido componente (con una participación de 10% a 30%) del ensamblaje Barbár, el abanderado de la bodega. En la mezcla de la añada de 2017 (alcohol: 14,5 % , acidez: 5,4 g/l, azúcar residual: 1,7 g/l) que es la novena, ésta logra una participación de apenas 19% pero contribuye considerablemente a reconfirmar su complejidad y riqueza aromática. (Las otras: 42% Cabernet Franc, 24% Merlot, 15% Kékfrankos.) Este vino altamente cotizado es complejo, de gran estructura, con taninos redondos, acidez balanceada y buen potencial de guarda. La bodega lleva el apellido de esta familia centenaria cuyas generaciones anteriores han podido mantener la gestión en manos de miembros pese a las turbulencias de la historia y reempezar el emprendimiento hace unas tres décadas. Cuenta con 25 hectáreas de viñedos y la producción anual de vinos alcanza las 130.000 botellas.

En la misma región la bodega de Péter Vida ha empezado a experimentar con la Carmenére en 2013 en una superfície de 0,5 hectárea cuyo suelo está compuesto de loess de textura arcillosa. (Superficie total en el país: 0,96 hectárea.) Se ha plantado 2.300 cepas y se ha aplicado la poda de vid en vaso que posteriormente ha sido cambiada a la de cordon. (La vendimia de 2020 realizada el 28 de septiembre ha dejado 4.466 kilos de uva.) El único vino monovarietal embotellado de esta variedad es de la añada de 2017 (alcohol: 13,0%, acidez: 5,3 g/l, azúcar: 0,7 g/l, pH: 3,45). A la vista ésto presenta un color profundo de rojo carmín, en nariz exprese un bouquet de frutas frescas negras y tonos especiados propios de la variedad, en boca es de cuerpo generoso con taninos suaves que se combinan bien con las notas otorgadas por la madera (permanencia en barricas de roble húngaro usadas de 300 y 1.200 litros: 12 meses). Es de buena concentración y profundidad, persistente y de largo final, resultando uno de alto impacto. Los de las añadas posteriores han sido utilizadas en diferentes mezclas (Büvölet, Lösz, La Vida) en los cuales su proporción es minoritaria. Esta bodega familiar (Vida Családi Borbirtok) ha sido fundada en 1995 y en la actualidad la superfície total de sus plantaciones es de unas 23 hectáreas. Éstas se extienden por onduladas lomas con pendientes suaves cuyo suelo se forma a partir de loess calcáreo con arcilla roja y el clima es templado cálido y moderadamente seco. Son plantadas de 8 variedadas tintas a cuya base se produce 3 vinos monovarietales y 6 de ensamblaje. La producción total anualmente ronda las 120.000 botellas. En materia de la filosofía de hacer vinos, el respeto a la naturaleza es un fuerte compromiso de él y tiene claro que hay que trabajar con el objetivo de crearlos con alma y que éstos reflejen también la personalidad de su tierra.

Las primeras vides de Sangiovese que han sido plantadas en el país crecen en la región de Badacsony situada junto al Lago Balaton que se caracteriza por tener un suave microclima y suelo de origen volcánico. La 2HA, propiedad de Csaba Török, empezó a cultivarla en 2003 y en los doce años siguientes el número de cepas alcanzó las 7.000 que ocupan 1,2 hectáreas. (Superficie total en el país: 2,37 hectáreas.) La poda se realiza utilizando el sistema de cordón bilateral con separación de 2,35 metros entre hileras y 0,6 metro entre plantas. El manejo vitícola está orientado a la preservación de la biología del suelo y al desarrollo vegetativo balanceado de la vid. Los racimos se cuidan con gran dedicación y el rendimiento de uva por cepa es controlado para que sea 1 kilo como máximo. Generalmente, la fermentación del mosto es espontánea y tiene lugar en depósitos grandes de madera, y el vino permanece 12 meses en reposo en barrica de roble húngaro de medio tostado de 225 litros. Desde que en 2007 empezó su producción, se lo embotella, sin filtración, como monovarietal con el nombre Tabunello cuya última añada ha sido lanzada en 2018 (alcohol: 12,5%, acidez: 5,5 g/l, azúcar: 0,7 g/l, extracto seco: 27,0 g/l). Esto es de color rojo profundo con ligero tono violeta. En nariz presenta tipicidad donde se percibe suaves aromas frutales (mora, arándanos, guinda). En boca resalta intensidad de semejantes sabores con toques herbáceos finos asi como notas de pétalo de rosa. Es de gran cuerpo, equilibrado, persistente y un final lleno de sensaciones placenteras. La bodega fundada en 2002 tiene 4 hectáreas plantadas en dos etapas con 4 variedades tintas y 2 blancas, siendo la Sangiovese que es la de mayor cultivo. El trabajo es asesorado por un consultor italiano con una carrera profesional de casi tres décadas. El portafolio actual de vinos es formado por 5 etiquetas y tiene un volumen de producción anual de unas 15.000 botellas.

Dr. József Kosárka

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