El vino ya es de ellas

José Peñín

Viernes 02 de Abril de 2021

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El vino es más colindante a la mujer que al hombre. Cuando se decía que el vino era una materia masculina, tanto como profesión como por consumo, la mujer estaba oculta entre las cepas vendimiando, o entre los alicatados de los laboratorios. A ninguna se le daba opción de poner a prueba su capacidad sensorial para la cata porque se entendía que la mujer no formaba parte de la liga de bebedores de vino, como si el beber fuera una condición indispensable y no la sensibilidad, la humildad, el sosiego y la ausencia del afán de competir que distinguen a la mujer y que con el paso de los años quedó demostrado. Henri de Regnier, novelista y poeta francés del siglo XIX, dijo que las mujeres son capaces de todo; y los hombres son capaces de todo lo demás.

En 1975, una mujer me enseñó a catar. Isabel Mijares además fue la primera persona que conocí del mundo del vino. Me enseñó a probar vinos en medio de un escenario de probetas y pipetas de su laboratorio en el barrio madrileño de Tetuán. Venía de estudiar en Burdeos, algo insólito en aquellos años cuando el término enólogo no se conocía en España. Las primeras incursiones profesionales de Isabel fueron en las bodegas manchegas, en las que a algunos capataces bodegueros les costaba trabajo digerir la voz cantante de una mujer. Una vez me confesó que algún empleado llegó a rogarle que no entrara a la bodega si tenía la regla porque podría afectar al vino en plena fermentación. Como mujer, tuvo muchas dificultades para proyectar sus conocimientos y que le hicieran caso. Unos años más tarde se convertiría en la primera presidenta de una D.O., la de Valdepeñas, lo que causó gran estupor entre los bodegueros de la zona.

En aquella época, la mujer como química estaba confinada en los laboratorios de las bodegas. Incluso se concebía su trabajo en el campo de la investigación. A nadie le extrañaba que en aquellos años hubiera insignes damas investigadoras como Clara Díez de Betancourt, Concha Llaguno o Lola Cabezudo que, con la Mijares, componían la primera avanzadilla de la gran capacidad de la mujer en esta materia.

Isabel Mijares | Foto cedida a Vinetur

Si era difícil ver una mujer encaramada en un depósito de cemento sacando muestras para analizar, el colmo sería verla en labores de producción, moviendo mangueras y conduciendo una carretilla elevadora, como llegué a contemplar en Sudáfrica y en California en la primera mitad de los años Ochenta.  El papel de la mujer en trabajos de elaboración dentro de la bodega no comenzaría hasta los años Noventa, pero siempre como ayudante, nunca como responsable técnico. Como excepción, creo recordar que la primera mujer con responsabilidad enológica en una bodega española fue Elena Adell en Bodegas Age allá por el año 1985. Otras como Julia del Castillo como asesora externa, Maria Antonia González Daza como responsable de exportación de Marqués de Cáceres y Marina García González que supo dar vida a la D.O. Rueda en el campo de la promoción, fueron ejemplo de tenacidad profesional en un mundo de hombres. En aquellos años, la mujer como cabeza visible en las empresas vitivinícolas, entró de puntillas como consultora vinícola. La primera persona que recuerdo fue Ana Martín que formaría un sólido equipo con Pepe Hidalgo. En 1987 Ana Sandoval, como bióloga y gran catadora, tuvo un feliz comienzo con Artadi y la fiché para dar los primeros cursos de cata en mi empresa y participando en la edición de las dos primeras guías Peñín.

La mujer se quita la bata blanca

Cuando en los Noventa el vino deja de ser una necesidad alimentaria y, en otros casos, el recurso de la borrachera tabernaria, el gaznate deja paso a los sentidos y es ahí donde la mujer aparece con toda rotundidad. Aún recuerdo las sesiones de cata a ciegas para la revista Sibaritas donde participaban periodistas, sumilleres y enólogos de ambos sexos. Al tabular los resultados, pude comprobar que las féminas arriesgaban menos en sus diagnósticos, eran más coherentes y regulares que los hombres.

En aquellos años el ejemplo más notorio como consultora externa e independiente fue Sara Pérez Ovejero que logró redescubrir el potencial de la bobal para vinos de fuste con Toni Sarrión en las bodegas Mustiguillo y la monastrell elegante de Bullas, además de sorprendernos con el diseño de los espectaculares vinos de Dominio do Bibei.

Es en el siglo actual cuando la mujer se calza las botas y se enamora de la viña. Son las viñadoras capaces de elaborar vinos personales y alguna, como Almudena Alberca, llegaría alcanzar la categoría de Master of Wine. Ya son proyectos femeninos de una nueva generación de intrépidas agricultoras del vino como Beatriz Herranz (Barco del Corneta) de Rueda, Bárbara Palacios en Rioja, Julia Casado (Bodega La del Terreno) de Jumilla-Bullas, Verónica Ortega de Bierzo, Maite Sánchez del eje Madrid-Gredos, Marta Ramas en el Valle del Jamuz y otras tantas que no cabrían en este artículo. Son mujeres activas, con el bagaje de un gran conocimiento de lo que tienen entre manos, firmeza y dominio del arte de la persuasión. El mundo del vino ya es de ellas.

José Peñín
Posiblemente el periodista y escritor de vinos más prolífico en habla hispana.
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