Peñín: “Hoy en día para mí una Denominación de Origen no es sinónimo de calidad”

José Antonio Sanjurjo

Viernes 13 de Septiembre de 2019

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Apartado de la primera línea de la crítica del vino desde hace algunos años, José Peñín sigue muy activo y mantiene un criterio y una personalidad muy reconocibles. Posee un concepto muy claro de lo que significa el vino en nuestra sociedad

El crítico considera que el sector del vino no debe obsesionarse con ganar adeptos

José Peñín lleva unos años apartado de la primerísima línea de la crítica del vino. Pero aunque no esté al frente de la prestigiosa guía que lleva su apellido sigue muy activo y mantiene un criterio y una personalidad muy reconocibles. Sin comulgar con esnobismos ni atarse a rémoras del pasado, posee un concepto muy claro de lo que significa el vino en nuestra sociedad.

¿Haber dado un paso a un lado en la guía que fundó le permite menos limitaciones a la hora de opinar?

No, no hay muchas diferencias ni ninguna limitación. Yo ya no puedo es estar en la mecánica de la calificación de una guía. Sigo en la empresa desde un punto de vista de imagen, como nombre propio de una marca. Las catas ahora las efectúan quienes han sido discípulos míos. Ellos catan según la fórmula que yo planteé, con catas rápidas, a partir de un vocabulario ya preinstalado si hablamos en términos informáticos...

Entonces, a la hora de opinar los 95 puntos de la Guía pueden ser para mí 94, 96 o esos mismos 95 en la mayoría de los casos. Pero quien mire mi blog verá que ahora me dedico a la descripción de vinos, ya no doy la valoración porque podría crear ciertas confusiones. Evidentemente tendría más peso mi puntuación y desde mi punto de vista se entraría en un pequeño conflicto.

Como han hecho Parker y otros, por edad y circunstancias yo he traspasado la antorcha a la siguiente generación, que por cierto lo están haciendo fantásticamente bien, incluso mejor que yo porque tienen más recursos todavía. No solo recursos técnicos, sino que la mecánica permite menos errores.

¿Convendría endurecer los criterios de valoración de los vinos? A veces, aplicando determinadas pautas, parece que resulta difícil valorar mal un vino... ¿Sería positivo aplicar otros esquemas, no más rígidos pero sí más exigentes?

En realidad estamos en otro ciclo, en otro momento. Ahora mismo los vinos que se hacen son todos buenos, equilibrados. Hay que tener en cuenta que cada vino tiene su segmento, una ocasión para su consumo, un precio... Los baremos que utilizamos, que además coinciden con la mayoría de los calificadores de todo el mundo, tienen unas reglas totalmente resueltas.


“Ahora mismo todos los vinos que se hacen son buenos”


Si alguna vez hubiera un vino de menos de 80 puntos sería por un problema de esa botella, no de la elaboración. Hoy por hoy la elaboración no requiere tanta sabiduría como antes porque hay muchos más recursos técnicos y más conocimiento del vino.

¿El consumidor sigue orientándose por guías como Peñín o están haciendo mella otros factores como pueden ser las redes sociales?

Las guías, los críticos, aquí y en todo el mundo, son los primeros influencers, que después actúan sobre otros influencers. Es evidente que todas estas personas que pueblan la red no lo hacen con una opinión espontánea porque su prestigio duraría cuatro días. Lo que sí está claro es que cualquier influencer mira de reojo las guías -la mía, la de Proensa, la de El País...- y hacen una media.

En ese sentido, por razones de profesión, de dedicación y de experiencia, todavía tenemos peso. Pero insisto, al final el comprador habitual sí se guía por nuestras referencias. Otra cosa es el consumidor ocasional, que para comprar un vino se orienta por comentarios de amigos y no se complica la vida en contrastar una opinión de un amigo con una guía porque su interés y su conocimiento del vino es limitado.

En general, ¿sabemos beber vino o nos motivan demasiado las etiquetas, independientemente del contenido?

Todo en la vida funciona con etiquetas. Las marcas son importantes, generan confianza a medida que mantienen una regularidad en la calidad, están para eso. El consumidor de la calle puede entender o no nuestro lenguaje, aunque dar cuatro referencias puede ser compatible con el conocimiento de la gente en general. En todo caso, lo importante es esa frase que todos hemos escuchado en más de una ocasión: "yo sé el vino que me gusta y el que no me gusta". Eso es lo que vale al final, nosotros estamos para echar una mano.

Y a la hora de echar esa mano, ¿hay mucho impostor entre los críticos? Quizá la palabra sea demasiado dura, pero dicho de otro modo ¿cómo distinguir a quien nos puede aconsejar mejor?

Es muy fácil. Simplemente contrastar. Si alguien se toma la molestia, que no creo que lo haga mucha gente, se trata de contrastar las opiniones y calificaciones de una serie de críticos sobre una serie de vinos y ver cuál es la calificación que se desliza hacia abajo o hacia arriba.


“Aunque haya algún 'francotirador', la calidad media de los críticos de vinos ha aumentado”


Hoy en el mercado no hay vinos que tengamos que calificar como imbebibles. Eso no concuerda con la mayoría. En todas las profesiones hay quien lo hace bien y quien lo hace mal. Hay influencers o blogueros que lo hacen muy bien y otros que no. Al final los que lo hacen mal se irán diluyendo. Y aunque haya algún 'francotirador' que va a lo suyo buscando divertirse y polemizar para recibir más 'me gusta', que es un juego que hay en todos los campos, tengo que decir en favor de los influencers, de los blogueros y de los nuevos que comentan vinos, que la calidad media ha aumentado. Y hablo con 45 años en la profesión. ¿Que habrá algún 'cachondo' por el medio'? Sí, pero eso forma parte también del elenco de este mundo.

Peñín resalta que guías como la que fundó mantienen su prestigio, son las 'influencer de los influencers'

Un prejuicio habitual sobre el vino es el tipo de envase. ¿Nos hemos desprendido por fin de esa idea preconcebida, se sigue confundiendo continente con contenido? ¿Un buen vino se convierte en malo si se vende en bag-in-box?

Todavía esa influencia existe. Yo soy de los que alabo el contenido más que el continente. Hoy el bag-in-box está aumentando en todos los países civilizados porque son lo suficientemente civilizados para entender que lo importante es el contenido.


“El bag-in-box está aumentando en los países que son suficientemente civilizados para entender que lo importante es el contenido”


Nosotros, llevados por el mimetismo o por la inseguridad, nos aferramos a la tradición y lo único que va a pasar es que acabaremos como esos países pero con retraso. Es lo que siempre pasa en este país, todo lo hacemos con mucho retraso.

Productos de calidad, no hablo solo del vino, que estén envasados muy pobremente, se van a vender menos. La propia botella puede influir, en unos más y en otros menos, a no ser en quienes realmente entiendan en la material. Esto ocurre en todo, en la moda o en restaurantes de cocina vanguardista, en los que la estética tiene tanta importancia como el contenido, como la calidad del producto. La gente no sabe si la cocción de ese pescado es adecuada, pero en cambio se lo han presentado en un plato especial, la luz cenital resalta los brillos...

Todo eso forma parte del mercado y hay que entenderlo como tal. Pero una de las cosas por las que yo todavía estoy luchando es que la gente empiece a entender que la calidad puede encontrarse desde los 3-4 euros por botella. No voy a citar ya casos de vinos fantásticos de 2 euros, que están bien para comer y tienen 86-87 puntos, no te van a dejar en la estacada.


“Los supermercados son el futuro en la compra de vino”


Pero eso todavía cuesta mucho trabajo que la gente lo asuma. Hemos vivido una historia de vinos mediocres durante muchísimos años, amparados en el grado alcohólico. La gente está escaldada. Por eso de alguna manera también está costando que vaya al supermercado a comprar el vino, que por cierto los supermercados serán el futuro de las compras de vino, en todos los niveles, porque los supermercados están entrando cada vez más en los nichos de alta calidad.

¿Eso no limitará la variedad? ¿Un supermercado no se queda a menudo en sota, caballo y rey?

No. Ahora hay ya lineales de vinos de variedades, de zonas... Uno va al supermercado y ya está distribuido por Rioja, Bierzo, Ribera... Cuando digo lineal me refiero a las marcas propias del supermercado, establecidas entre las bodegas y el supermercado para que esa marca solo la venda el supermercado, pero que están en los espacios destinados a las zonas geográficas. Eso existe.

Lo que sucede es que no podemos comer todos los días con Pingus porque incluso si el Pingus costase 5 euros, como es un vino de gran expresión, a lo mejor nos cansaría. Entonces hay que buscar el vino fácil, el que está triunfando en el mundo, un vino fresco y liviano, que entra bien y cuando te das cuenta te has bebido una botella.

Con esto  quiero decir que el vino es un abanico tan enorme de modelos y de estilos que lo único que le queda al consumidor segmentarlos en tres grupos. El primero, de lineal, a ser posible buscando el mejor. El segundo, el grupo que más beben los que quieren una calidad, son los de 6-10 euros. Y después los de 10 euros para arriba son los que compran una botella para un sábado con los amigos, por ejemplo. No digamos ya los de 30, 50 o 200 euros, según el bolsillo de quien lo compra.

Volviendo a la estética, desde hace unos años intentan abrirse paso en el mercado vinos de colores. ¿Este tipo de productos alteran la esencia de lo que debe ser el vino o hay que primar su capacidad de atraer nuevos consumidores?

No tenemos que tener la obsesión, que llevamos unos cuantos años con ella, de intentar captar adeptos para la causa. Yo no lo entiendo. Es como si alguien a quien le gustan los coches trata de que todo el mundo compre coche porque le parece mucho mejor que ir andando.

Los consumidores se van creando en función de la cultura que los rodea, de las ofertas que reciben... Hoy por hoy un papel muy importante en la sociedad de consumo lo están teniendo las plataformas de venta online. Afortunadamente la venta online no está vendiendo el catálogo de Makro o de Carrefour, que son ya vinos muy interesantes. Eso está creando también una cultura porque también detrás de cada marca hay una información y eso le genera al comprador un cierto interés.


“No debemos estrechar el campo del vino a eruditos, el vino es de todos”


Pero yo creo que todas estas fantasías del vino azul o del vino naranja hacen gracia porque intentan seducir a quienes buscan algo más cuando posiblemente tengan un sabor normal y corriente. Aun así no debemos estrechar el campo del vino a eruditos, el vino es de todos.

Lo mismo pasa con el vino con gaseosa. Recientemente en mi blog he hablado de ese 'pecado'. En realidad en la historia el vino hasta hace nada iba mezclado con frutas, con especias, con resinas... Lo último que se sigue haciendo es lo que llamamos el tinto de verano, que no deteriora en absoluto el papel del vino. Aunque consuma calimocho, la gente tiene muy claro que la importancia del vino está en la marca y su historia, en un enólogo con un conocimiento excepcional...

Por último, el papel de las Denominaciones de Origen. ¿Hay calidad más allá de ellas? ¿Hay que reconducir el papel de los Consejos Reguladores?

Las denominaciones de origen se crearon desde las ordenanzas de los siglos XV y XVI, que en general marcan el tiempo contemporáneo. En ellas se atendía al territorio desde un punto de vista socioeconómico, de modo que en localidades como Peñafiel en el siglo XVI no se admitía vino de fuera para no deteriorar el comercio de los vinos propios

En fin, se fueron estableciendo unas reglas y las denominaciones de origen lo único que han hecho es ampliar el área municipal. Antes en los vinos decir por ejemplo que eran de Haro o de Cenicero era más importante que decir que eran de Rioja, hasta 1970 fue así.

Ahora para mí la denominación de origen no es un sinónimo de calidad. Lo fue hasta los años 70 porque había un desmadre tremendo y la calidad del vino dejaba mucho que desear. Hay que tener presente que no se bebía hedonísticamente sino por una cuestión alimentaria y lo importante era tener un vino normalito con su grado alcohólico y punto. Hasta entonces los territorios lo único que hacían era establecer unas reglas para evitar los foráneos pero nunca para dar más calidad.

Pero hoy no. Hoy en la guía hay vinos de 97 puntos de zonas vinícolas absolutamente desconocidas o vinos de mesa que ni siquiera están acogidos a un vino regional y que tienen puntuaciones altas. Eso para mí es bueno.

¿Entonces para qué sirve una denominación hoy?

Pues sencillamente son plataformas o consorcios socioeconómicos gigantescos que mediante la unión de todos pueden vender más por su marca. Eso para mí no es sinónimo de calidad. La calidad siempre estará producida por el elaborador. Podemos probar un vino de medio pelo de Rioja que es inferior al medio pelo o al bueno de una zona que no es de la denominación.

Otra cosa es que las denominaciones de origen, afortunadamente, ya están comprendiendo que hay que sectorizar. Es decir, no solamente distinguir Rioja sino que especificar que es de determinado municipio, y ya se preocuparán todos los miembros del municipio hacerlo bien. O resaltar los vinos de parcela con sus características determinadas. Las denominaciones de origen en su sentido global simplemente son grandes consorcios socioeconómicos pero la calidad siempre irá de la mano del bodeguero, del que hace el vino.

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