La fuerza y constancia de los viticultores para salvar el vino

Carlos Aguila Muñoz

Martes 16 de Abril de 2019

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Año tras año, en el maravilloso camino de producir las uvas, suelen ocurrir fenómenos climáticos que los viticultores no pueden controlar, solo pueden luchar o anticiparse. Entre ellos nos encontramos con las temidas heladas tardías

Las redes van cargadas de imágenes espectaculares y heroicas de viticultores luchando con medios, en algunos casos primitivos para salvar la cosecha. Los paisajes de viñedos desaparecen, dando paso a una espesa nube de humo

Para elaborar un vino hay un elemento básico: la uva. Para conseguirla y transformarla en vino hay un ingrediente que para los viticultores es imprescindible: el tiempo.

El tiempo es necesario para que la viña despierte de su letargo, para el desborre de las yemas, para que crezcan ramas y hojas, para que maduren las uvas. Con un hollejo resistente a los cambios de temperatura. Una uva sana, soleada y protegida, en la medida de lo posible, de la manera más natural, para recogerla en las mejores condiciones para elaborar el vino deseado.

Todos estos pasos son repetidos año tras año, pero en ese maravilloso camino suelen ocurrir fenómenos climáticos que los viticultores no pueden controlar, solo pueden luchar o anticiparse a ellos.

Entre ellos nos encontramos con las heladas tardías, que exponen las vides a un considerable estrés.

Hay dos tipos de heladas tardias:

  • Heladas blancas (enfriamiento de los órganos de las plantas y del suelo por radiación)
  • Heladas negras (llegada de masas de aire frío y seco a una temperatura generalmente de -7 a -9 ° C, asociada al viento). Estas son las más temibles.

Desde hace unos años una meteorología inusual ha ocasionado grandes pérdidas en los viñedos, sobre todo los Chardonnays por su ciclo, de la región de Chablis y Champagne.

Es el caso de las heladas negras de la zona de Chablis (Borgoña, Francia) que cada año se producen a mediados de abril. Cae el sol, cielo despejado, un alto nivel de humedad y de repente el termómetro cae hasta los 0ºC. Condiciones idóneas para que se produzcan heladas que pueden ser catastróficas para las yemas de las vides. Es el momento en el que los viticultores dejan todo a un lado para concentrarse en salvar las yemas, las tiernas hojas lo son todo en este momento, pensando en la productividad de la próxima vendimia.

Desde ese fatídico 2016 los viticultores se han organizado para poder luchar contra las heladas. La experiencia de ese año ha servido para poder afrontar los siguientes años de una manera más activa, echar mano de los métodos milenarios y a la vez más efectivos para intentar domar el fenómeno y salvar la viña:

  • Velas y calentadores: permiten calentar el aire con una cierta eficiencia de -4 a -5 ° C, y limitar la pérdida de calor del suelo por radiación (formación de humo). Las velas de parafina y los calentadores de aceite contaminan y requieren mano de obra para su instalación e iluminación. Están reservadas solo para áreas pequeñas.
  • Mezcla de aire: El uso de enormes ventiladores consiste en agitar el aire y reemplazar la capa de aire frío que está en contacto con el cultivo por la capa de aire más caliente que está más arriba. Conlleva una importante inversión y un alto consumo de energía. Este metodo es bastante ruidoso, se puede hacer en helicóptero o hélices
  • El método más recomendado es el riego por pulverización de agua: Esta técnica consiste en irrigar la vid para conseguir que las yemas, ramas y hojas queden protegidas por un cristal de hielo que los mantiene a una temperatura interior soportable por la planta, utilizando rociadores colocados cada 15 a 20 m, para que la temperatura de los brotes y órganos herbáceos no caiga por debajo de 0 ° C. Es un método no contaminante pero con mucho gasto de agua (aproximadamente 50 m3 por hora por hectárea). Se basa en la propiedad física de la emisión de calor del agua al pasar de los 10ºC a los 0ºC, de líquido a sólido. En el interior de esta cristalización se produce lo que se llama "calor latente" capaz de proteger a unos pocos grados la materia vegetal aunque en el exterior las temperaturas sigan bajando durante toda la noche.

Las heladas primaverales en el viñedo en esta fase del ciclo de la vid puede suponer consecuencias dramáticas tanto para la siguiente cosecha como para las siguientes:

  • Destrozo de la cosecha de ese año: una helada quema de forma literal los brotes de la viña
  • Serios problemas para las cosechas posteriores: cuando un viticultor trabaja la viña lo hace con una perspectiva y una estrategia definida. El hecho de que una helada destroce la cosecha de ese año (aunque no sea en su totalidad), supone que las cosechas de los años posteriores (generalmente a visión de 2 o 3 años) quede muy mermada y se necesite de gran inversión e ingenio para poder revertir las consecuencias.
Carlos Aguila Muñoz
Winelover y escritor especializado en enoturismo, enología e historia del vino.

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