Lunes 22 de Diciembre de 2025
Leído › 3039 veces

La flavescencia dorada, una enfermedad de la vid considerada una de las más peligrosas por la Organización Internacional de la Viña y el Vino (OIV), se ha extendido este año a casi todas las regiones vitícolas de Hungría. Según datos oficiales, la enfermedad afecta ya a 21 de las 22 zonas productoras del país. El primer caso se detectó en 2013, pero su avance durante los últimos meses ha sorprendido a los productores y ha generado preocupación en el sector.
En la región de Zala, al sureste del país, los viticultores intentan frenar la propagación mediante tratamientos con insecticidas. Sin embargo, estos esfuerzos no han dado los resultados esperados. Las cigarras, insectos que transmiten la enfermedad, se desplazan fácilmente entre viñedos tratados y no tratados, así como hacia vides silvestres cercanas. Un productor local explica que ya ha perdido medio hectárea de las cuatro que cultiva debido a la enfermedad.
Hungría ocupa el decimocuarto puesto mundial en producción de vino, con 270 millones de litros en 2024 según la OIV. Sus regiones vinícolas, como Tokaj —reconocida por la Unesco—, son conocidas internacionalmente. Ahora, como ocurre en otros países europeos, la flavescencia dorada amenaza con destruir grandes extensiones de viñedo.
El presidente del Consejo Nacional de Comunidades Vitícolas, Janos Frittmann, advirtió en noviembre que si no se toman medidas serias, la producción de uva en Hungría podría verse gravemente afectada. Según Frittmann, muchos viticultores no conocían los síntomas hasta hace poco y no estaban suficientemente preocupados por el problema. Entre los signos visibles se encuentran el amarilleo de las hojas. Expertos señalan que el cambio climático favorece el desarrollo de las cigarras y agrava la situación.
El gobierno húngaro destinó en septiembre cerca de 10 millones de euros para hacer frente a la emergencia. En los últimos meses, inspectores han revisado unos 8.700 hectáreas y recogido miles de muestras para analizar el alcance real del problema. El Ministerio de Agricultura afirma haber actuado con rapidez y asegura que sus acciones han contribuido a ralentizar la propagación durante los últimos doce años.
Sin embargo, algunos profesionales del sector consideran insuficiente la respuesta oficial. Gergely Gaspar, viticultor y asesor en productos fitosanitarios, sostiene que las autoridades no han dado prioridad al problema y que el departamento encargado carece tanto de personal como de recursos económicos. Gaspar denuncia que en zonas como Monor, cerca de Budapest, no se realizaron inspecciones aleatorias durante seis años y que los análisis de muestras pueden demorarse mucho tiempo por falta de capacidad en los laboratorios. Gaspar ha perdido todas sus vides en esa zona.
Ante esta situación, algunos productores sienten que luchan contra un problema sin solución clara. Aun así, confían en que una mayor implicación del Estado y las autoridades locales pueda mejorar la situación.
Elisa Angelini, responsable del servicio de detección de enfermedades del Centro de Investigación Viticultura y Enología en Véneto (Italia), explica que normalmente la enfermedad se detecta en una nueva zona unos cuatro años después del contagio inicial, cuando ya es difícil erradicarla. Según Angelini, los viticultores húngaros tendrán que aprender a convivir con esta enfermedad igual que lo han hecho antes sus colegas franceses e italianos.
Leído › 3039 veces