
Las bodegas del Mercosur que aspiren a vender en la UE bajo el acuerdo ya no pueden pensar solo en precio y calidad enológica. El capítulo de Comercio y Desarrollo Sostenible se convierte en la nueva hoja de ruta estratégica. Cumplir el Acuerdo de París, no relajar normas ambientales y alinearse con el Pacto Verde y la trazabilidad que exigen los compradores europeos será condición para sostener y ampliar negocios en ese mercado.
Resumen ejecutivo para empresas vitivinícolas del Mercosur:
- Alinear la gestión con las metas climáticas nacionales (NDC) derivadas del Acuerdo de París, incluyendo objetivos de reducción de emisiones en energía, transporte y procesos productivos.
- Contar con un inventario básico de emisiones (huella de carbono organizacional y/o por botella) y un plan de reducción creíble a corto y mediano plazo.
- Evaluar que toda inversión o expansión de viñedos y bodegas sea coherente con las políticas nacionales de cambio climático y transición energética, evitando proyectos que puedan quedar desfasados frente a futuras restricciones.
- Asegurar el cumplimiento estricto de la legislación ambiental nacional y provincial: agua, efluentes, agroquímicos, residuos, impacto ambiental, ordenamiento territorial y responsabilidad social.
- Dejar evidencia de que la empresa no se ha beneficiado de excepciones o rebajas regulatorias que puedan ser percibidas como "dumping ambiental" para ganar competitividad exportadora.
- Revisar contratos con productores asociados, contratistas y transportistas, incorporando cláusulas que obliguen a cumplir los mismos estándares ambientales y laborales que la bodega.
- Verificar que fincas y viñedos no se hayan establecido sobre áreas recientemente deforestadas ni sobre ecosistemas protegidos o de alto valor de conservación, en particular desde 2020 en adelante.
- Mantener documentación sólida sobre la historia de uso del suelo (planos, catastros, imágenes satelitales) que permita demostrar que la expansión vitícola no ha impulsado deforestación ni conversión de hábitats clave.
- Integrar prácticas visibles de conservación de biodiversidad, tales como corredores biológicos, protección de cursos de agua, manejo de bordes, reducción y uso racional de pesticidas y transición gradual hacia prácticas de menor impacto.
- Disponer de permisos actualizados de uso y descarga de agua, con registros de volúmenes, eficiencia de riego y tratamiento de efluentes, listos para auditorías de clientes o autoridades.
- Implementar un plan profesional de manejo de agroquímicos. Solo productos autorizados, registros de aplicaciones, capacitación sistemática del personal y metas de reducción de sustancias de mayor riesgo.
- Acreditar prácticas de conservación de suelos (coberturas, terrazas, manejo de erosión) ante auditorías o visitas técnicas de importadores,consultores y certificadoras.
- Garantizar el pleno cumplimiento de normas laborales nacionales y de los convenios fundamentales de la OIT: salarios, jornadas, seguridad e higiene, libertad sindical, prohibición de trabajo infantil y forzoso.
- Auditar en forma específica las condiciones de trabajadores temporarios y cosecheros, incluyendo alojamiento, transporte, salud y seguridad, un punto sensible para el escrutinio europeo.
- Implementar un sistema robusto de trazabilidad que permita seguir cada lote desde la parcela de uva hasta el contenedor, incluyendo proveedores externos de uva.
- Identificar riesgos ambientales y sociales en toda la cadena (insumos, logística, tercerización) y establecer procedimientos de debida diligencia para prevenir, mitigar y documentar acciones correctivas.
- Incorporar en los contratos con proveedores clave (uva, insumos agrícolas, madera para barricas, papel y cartón) cláusulas que garanticen cumplimiento de normas ambientales y laborales y, cuando corresponda, criterios de "libre de deforestación".
- Anticipar "cláusulas espejo" y exigencias privadas de importadores que pidan pruebas de que el vino no procede de áreas asociadas a deforestación ni a violaciones de derechos humanos.
- Evaluar certificaciones voluntarias (orgánico, biodinámico, sellos de sustentabilidad vitivinícola, producción y comercio justo) como herramientas de diferenciación y credibilidad frente a un comprador europeo cada vez más guiado por el Pacto Verde.
- Designar un responsable interno de sostenibilidad y comercio exterior que centralice la información, monitoree el cumplimiento del capítulo de Comercio y Desarrollo Sostenible y mantenga actualizado este checklist.
- Poner a disposición de clientes europeos informes de sostenibilidad, políticas ESG, metas y resultados, transformando el cumplimiento normativo en un activo comercial y reputacional.
- Integrarse en consorcios, cámaras y programas público‑privados que dialogan con la UE sobre estándares de sostenibilidad para el vino, para influir en la agenda y no limitarse a reaccionar a nuevas exigencias.
En un contexto en el que la UE y los países del Mercosur se comprometen a la neutralidad climática hacia 2050 y a la plena implementación del Acuerdo de París, las cadenas del vino que no se alineen corren el riesgo de quedar fuera de juego. Más que una carga, anticipar estos estándares convierte a cada bodega en un socio confiable para importadores europeos que buscan proveedores estables, trazables y ambientalmente sólidos en el largo plazo.
Fuentes de consultas: https://ecdpm.org / https://natlawreview.com / https://policy.trade.ec.europa.eu / https://policy.trade.ec.europa.eu / https://green-forum.ec.europa.eu / https://environment.ec.europa.eu
www.bywine.com.ar