Los perfiles gustativos de un vino

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Jueves 05 de Diciembre de 2019

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Pautas generales que pueden ayudar a la hora de elegir el vino más adecuado

La riqueza del panorama vinícola español permite encontrar infinidad de vinos diferentes. Además, cuando una misma variedad de uva, cultivada en distintas zonas geográficas, puede aportar distintos matices, es complicado establecer unos estándares.

A pesar de esta dificultad, aquí os dejo unas pautas generales que pueden ayudar a la hora de elegir el vino más adecuado:

Vinos blancos ligeros.

En este grupo caben la mayor parte de los vinos blancos jóvenes que se elaboran en España, la mayoría de ellos monovarietales: Verdejos, Albariños, Viura, Godello, Palomino, etc. En ellos podemos encontrar notas de fruta fresca: cítricos (Riesling, Gewürztraminer o Malvasía), tropicales (Verdejo, Sauvignon blanc), frutas blancas, como la manzana o la pera (Chardonnay, Moscatel), o frutos de hueso, como melocotón o albaricoques (Albariño), sin olvidar las notas florales tradicionales, como el azahar (Moscatel) o el hinojo (Verdejo).

Este tipo de vinos blancos jóvenes se acompañan de pescados y mariscos en preparaciones sencillas o quesos no excesivamente grasos, también platos sencillos de pollo o carnes frías. Con las carnes, es preferible evitar variedades con mayor acidez, como Albariños.

Vinos blancos complejos.

Son aquellos cuya fermentación se ha realizado en barricas de roble, seguido de un periodo de contacto con sus lías (levaduras muertas). Estos vinos pierden su carácter varietal y ligereza, y adquieren complejidad aromática (tostados y especiados), y mayor cuerpo y untuosidad. Las mejores uvas para fermentar en barrica son la Chardonnay, la Verdejo o la Albariño.

Este tipo de vinos complejos son ideales para preparaciones de pescados o mariscos, con salsas intensas o grasas.

Espumosos blancos.

Los vinos espumosos pueden considerarse los todoterreno del maridaje, frente a la combinación tradicional con pescados o mariscos. Su particular burbuja les hace imprescindibles en aquellos maridajes "imposibles", como salazones o escabeches; para estos últimos, es preferible evitar el brut nature y elegir un espumoso con cierto contenido en azúcar.

Los vinos espumosos también resultan interesantes con platos grasos, salsas pesadas o quesos muy grasos, ya que la presencia del gas ayudará a limpiar esa grasa del paladar.

Vinos tintos jóvenes, ligeros y afrutados.

Son vinos que no tienen paso por madera, por lo que mantienen todas las características varietales de las uvas de origen. Tradicionalmente los tintos jóvenes aportan aromas afrutados: fresas o frambuesas típicas de la variedad Tempranillo, moras de la variedad Syrah o arándanos de la Cabernet sauvignon.

Los aromas florales como las violetas aparecen en los tintos de maceración carbónica y en la variedad Syrah, y los aromas vegetales de huerta, como el pimiento, son típicos de las variedades Cabernet (franc y sauvignon). Algunos tintos jóvenes aportan aromas de yogur, queso o mantequilla procedentes de la fermentación maloláctica.

Este tipo de vinos jóvenes son fáciles de beber y combinan con preparaciones sencillas de carne, estofados o parrillas.

Vinos tintos con envejecimiento, complejos y estructurados.

Su crianza en madera elimina la frescura y sencillez de los aromas varietales y los vuelve más complejos. Su paso por madera hace que el vino evolucione: se modifica el color (hacía los naranjas) y se suavizan los taninos.

Por eso, en un vino tinto de este tipo se puede percibir aroma a madera de cedro, notas balsámicas típicas del eucalipto y del pino, aromas especiados, como la canela en la variedad Tempranillo, la pimienta en variedad Cabernet sauvignon o Syrah, vainilla y coco que proceden de la propia madera, y los aromas empireumáticos que proceden del tostado de la barrica, café, chocolate o cacao.

Un artículo de Olivia

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