Vintage, el Oporto más “british”

José Peñín

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Villa Nova de Gaia, Portugal 31 de mayo de 2018: Bodega Sandeman en el centro histórico de Vila Nova de Gaia. Sandeman es una marca de vinos de Oporto fundada en 1790 — Foto de SvetlanaSF

Si tecleas "vintage" en la barra de Google te aparecerá todo lo que este anglicismo se relaciona con objetos y la ropa usada de décadas pasadas como tendencia. El término es reciente y que parece sustituir a la palabra "retro". Sin embargo, la palabra es más antigua y referida al vino de Oporto. Viene del término francés vendange (vendimia) que los comerciantes ingleses impusieron a los oportos de añadas sublimes.

Nuestros enómanos nacionales tienen la idea simple de que el oporto es un vino dulce. Las categorías les tienen al pairo ya sean los comerciales ruby y Tawny, como las de embotellado precoz (vintage) y las de embotellado tardío LBV (late bottled vintage).Un buen aficionado pondrá más atención en estos últimos modelos debido a la referencia de la cosecha en la etiqueta. Pero ¿Qué diferencia existe entre los dos? Cualquiera pensaría que el LBV con los 4 años mínimo de crianza en pipas de madera tendría que ser mejor que el vintage con tan solo 2 años. Sin embargo, el LBV vale para todos los años y la selección en vendimia, en general, es menos rigurosa que en el vintage donde la expresión primaria del suelo y cepa es fundamental. En cambio, la mayor crianza en madera del LBV diluye algo más la complejidad del terroir.

Si uno camina por las empinadas y empedradas calles de Oporto se dará cuenta que estas botellas adornan los escaparates de gran número de sus viejas tiendas de vinos. Son objeto de deseo de los turistas pero de escasa afición lusitana hacia estos vinos tan caros: "El vino de los ingleses -dicen- se lo llevan, claro, los ingleses. Nosotros preferimos los ruby".

El Vintage -se pronuncia véntech- es la quintaesencia del oporto. Todos los vinos generosos de corte mediterráneo, Jerez, Madeira, Canarias, Marsala y Oporto, que nacieron durante el apogeo del comercio británico a partir del siglo XVII, lo diseñaron los ingleses, los todopoderosos intermediarios de aquella época. Las exigencias del comprador giraban en torno a la necesidad de homogeneizar el producto. Que todos los años el vino fuera igual para no alarmar al consumidor y según el modelo de cada importador. La continuidad de un vino era esencial. El cliente era capaz de rechazar el vino por ser diferente aunque fuera mejor. Las soleras aplicadas a los vinos andaluces, y al marsala italiano y los blended son inventos británicos con mucho "arte" encaminados a ofrecer al consumidor el producto al que está acostumbrado.

Madeira y Oporto eran los reinos de las mezclas, mitad reposiciones debido a la evaporación en los toneles, mitad continuidad de los rasgos del vino. Son los tawny más comerciales, de color más claro y los ruby algo más oscuro, ambos con un envejecimiento en madera más prolongado. Sin embargo con el vintage hubo una excepción. Quizá influenciado por los millesimé franceses, que corresponden a las mejores añadas de Champagne. Los comerciantes ingleses comprobaron que en el valle del Duero portugués nacían cosechas excelsas que, según el patrón de estos vinos, se mezclaban con otras menos relevantes. De este modo las vendimias de mejores maduraciones, más soleadas y siempre de cotas más cercanas al rio, se apartaban para envejecer sin mezcla con otras añadas.

Para respetar aún más el carácter de las uvas, en definitiva la personalidad de la cosecha, se redujeron a dos años el tiempo aproximado de crianza en madera, para continuar un periodo de envejecimiento en botella potestativo de cada casa.

Características de un vintage

La diferencia del vintage con respecto a los otros tipos de oportos es su color más intenso (uvas más soleadas y una menor pérdida de color en los toneles por su menor crianza en estos envases) durante los primeros 10 años, con aromas más especiados (cuero, tabaco, cedro) muy complejos, característicos de los fenómenos de reducción debido a un largo envejecimiento en botella y por lo tanto con menor oxigenación previa en tonel. La menor acción de la madera permite una mayor presencia frutal y tánica de la uva. Es obligatorio el año de cosecha en la etiqueta. Una botella del vintage de dos o tres años de edad no baja de los 40 euros.

¿Cuánto dura?

Sin descorchar la botella y el tapón en aceptables condiciones puede durar hasta el aburrimiento (más de 50 años) en condiciones térmicas normales. Si mantenemos las botellas descorchadas y el contenido a medio nivel, algo normal porque nunca se bebe la botella entera, esos rasgos reductivos en botella se aminoran tendiendo hacia aromas algo más oxidativos pero no por ello menos sugestivos.

¿Cómo descorcharlo y servirlo?

El azúcar y el alcohol del oporto afectan bastante al corcho. Tantos años en contacto con el vino acaban por pudrirlo. A veces es un milagro extraerlo con un sacacorchos por lo cual debe operarse con suma lentitud. Los más puristas utilizan unas tenazas que, al rojo vivo, rodean al cuello de la botella para descabezarlo tapón incluido.

Un vintage que se precie debe tener posos. Es la ejecutoria de los años en un vino que no le ha dado tiempo de despojarse del color en su corta crianza en el tonel y por lo tanto lo deja en la botella. Ello hace necesario traspasarlo con sumo cuidado a un decantador, y mejor a través de un pañuelo de algodón.

José Peñín
Posiblemente el periodista y escritor de vinos más prolífico en habla hispana.
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