El vino naranja húngaro: cada vez más productores se animan a hacerlo – un caso ejemplar

Escrito porJozsef KOSARKA

Lunes 26 de Octubre de 2020

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El vino naranja viene introduciendo un soplo de aire fresco en el respectivo sector húngaro también. Algunos productores de este país con largos siglos de tradición de elaboración del fruto de la vid igualmente piensan que esta opción es una consecuencia de los intentos cada vez más ambiciosos de reivindicar la recuperación del método milenario, en busca de expresar la verdadera esencia de la uva. Se trata de una novedad en el mercado local que ofrece a los consumidores apasionados la posibilidad de poder seguir descubriendo nuevas categorías de esta bebida multifacética. Al mismo tiempo, la polémica ha estado a su sombra desde que los primeros han sido lanzados experimentalmente por algunos pequeños elaboradores debido a que sus características organolépticas son muy diferentes a lo que el paladar menos entrenado está acostumbrado.

Es bien conocido que el „redescubrimiento” del vino naranja se atribuye al productor Josko Gravner quien tiene viñedos en ambas partes de la frontera italo-eslovena y hace dos décadas se ha aventurado a la producción de este „auténtico” según el método georgiano ancestral con una visión enfocada a lo que la naturaleza tiene que expresar. Entre aquel entonces y el día actual muchos otros siguen sus pasos confiando en que ésto será aún más solicitado por los consumidores conscientes de la importancia de la alimentación saludable. Es por eso que la mayor representación de estos vinos la encontramos en productores de aquellos llamados „naturales” que son elaborados sin uso de aditivos químicos respetando así la tradición antigua heredada de los antecesores. El nombre de este vino proviene de su color característico de tonalidad anaranjada cuya intensidad varia desde la mediana hasta la grande. (Se lo ha dado un comerciante inglés precisamente por esta razón.) Esto se debe a que la uva blanca se deja macerar con el hollejo por un tiempo relativamente largo y este contacto asi como la oxigenación prolongada modifican considerablemente el tinte original del líquido que va adquiriendo tonos amarillos más oscuros. (Es bien conocido que en el caso de vinificación en ánfora de barro, que viene tomando protagonismo últimamente, no se logra el mismo resultado que en otros recipientes debido a que las condiciones de crianza son diferentes, es decir, hasta cierto punto este proceso es más oxidativo.)

En Hungría muchos de los productores no parecen ser animados a seguir todas las tendencias actuales y confiar en una filosofía que exalta los métodos de antaño y menoprecia las innovaciones en el uso óptimo de los recursos y a la sostenibilidad, en especial de cara a los retos de la adaptabilidad de los viñedos para el cambio climático y la incorporación de la respectiva tecnología de precisión. Sin embargo, en años recientes son cada vez más aquellos que aportan un toque de frescura y creatividad al sector y se encargan de dibujar el futuro del vino con una nueva mirada. Varios de ellos se adentran en los procesos naturales de elaboración y quieren lograr que los vinos se expresen por sí solos. O sea, que se compongan únicamente de uva fermentada y cada gota hable del viñedo cultivado orgánicamente como consecuencia de la mínima intervención en bodega. Y hay algunos que se atreven a experimentar con vinos de naranja sin temor a que el resultado no va a ser acogido por todos los consumidores del modo acostumbrado.

Uno de este tipo de productores es Zoltán Demeter de 54 años de edad, quien es una destacada personalidad de Tokaj, una de las regiones vinícolas más antiguas y de mayor tradición en el mundo. El viene estando ligado a la vitivinicultura desde la niñez, y a la pasión heredada de su familia ha sumado la respectiva formación universitaria en la capital de su país asi como la experiencia en distintas bodegas en el exterior. Ha fundado su propia bodega en 1996 que actualmente tiene una plantación de 7 hectáreas de viñedo repartidas en 9 diferentes lugares en los alrededores de su pueblo. El es partidario de la necesidad de ir más allá de lo convencional, siempre desde el respeto a la tradición, y es precisamente esta mentalidad con la cual se lanzó a apostar, como uno de los pioneros , por producir vinos naranjas y espumantes a partir de uvas autóctonas de su región. El espíritu experimentador y audaz lo llevó a hacer el anterior por primera vez en 2008 y el último en 2009, en ambos casos con la variedad Furmint proveniente de un solo pago. Desde aquel entonces, él ha lanzado cuatro añadas más las cuales le han permitido sacar todo el partido posible al inmenso potencial de su tierra patria.

El de la 2017 (alcohol: 14,0%, acidez: 6,6 g/l, azúcar residual: 0,9 g/l) revela el carácter inconformista de su creador inquieto quien pretende mostrar que también en su región un vino blanco puede presentarse con alma de tinto debido a la astringencia de naturaleza tánica. (El tipo de color naranja no se sorprende en la de Tokaj porque es parecido al propio del afamado Aszú que suele lucir oro o ámbar.) Las uvas Furmint y Hárslevelü que se ha utilizado en la elaboración de este vino han provenido de una parcela (Betsek) situada en los alrededores del pueblo Mád a una altitud entre 160 y 220 metros y las plantas de 35 años de edad mantienen una densidad de 3,0 x 1,0 metros, siendo los rindes promedio 3,5 toneladas por hectárea. Las uvas han sido cosechadas a mano de modo más selectivo el 2 de octubre y posteriormente el mosto (24,0°Bx) ha sido dejado en contacto con las pieles durante 21 días. Luego se ha empleado una dosis ínfima de sulfuroso. Con una crianza en barricas de roble de 400 litros, el 18 de mayo del siguiente ha sido envasado en 577 botellas de 0,75 litros de capacidad. Esto es vestido de un color de tono anaranjado sin turbidez, en nariz se nota intensidad con una paleta dominada por aromas variados (como nuez e higo en almíbar, almendras tostadas) resultantes tras la oxidación así como recuerdos balsámicos. En boca evidencia la fermentación en contacto con las pieles asi como muestra una riqueza de sabores (frutos secos, cítricos, mango, flores blancas, brioches y un delicado toque de herbáceo). Todas estas características permiten encontrar una escala diferente a la de los blancos clásicos y disfrutar de un vino potente y armonioso con paso untuoso asi como complejidad y estructura adecuada que culminan con un agradable final prolongado. (Puntaje: 90)

Otros productores húngaros que elaboran vino de naranja en multitud de regiones y con diferentes variedades: Breitenbach Pince (Furmint), Csetvei Pincészet (Chardonnay), Egly Márk (Olaszrizling), Etyeki Kúria (Pinot Gris), Gál Lajos (Cuvée), Kristinus Borbirtok (Pinot Gris), Nyolcas és Fia (Tramini & Leányka), Palmetta (Olaszrizling), Pannonhalmi Apátsági (Riesling), Posta Borház (Sauvignon Blanc), Ráspi Borászat (Cuvée), Sándor Zsolt (Cserszegi Füszeres).

En Hungría todavía hoy en día éstos son también sorprendentes para quienes los saborean por primera vez, sin embargo, se vienen conviertendo en una opción de consumo que marca tendencia. Hay gente a quien el vino naranja hace llegar el mensaje de un tipo de revolución que ha comenzado a permear las bodegas que ponen especial empeño en reflejar el auténtico carácter de la uva y destacar el vino como producto natural procedente exclusivamente de ésta. El número de aficonados a ello crece día a día en un momento oportuno dado que se está observando cada vez un mayor interés por la oferta de productos naturales que son elementos integrales de un modo de vida sano y de la reducción de factores que la ponen en peligro.

Fotos: autor; demeterzoltan.hu

Dr. József Kosárka

26.10.2020

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