Cuatro mitos sobre el vino y la salud, desmontados

Martes 01 de Septiembre de 2020

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¿Quieres conocer la verdad que hay detrás de muchas afirmaciones que la gente se cree pero que son completamente falsas?

Constantemente oímos o leemos opiniones sobre el vino y la salud que están ampliamente extendidas pero que son completamente erróneas. En este artículo te explicamos, con hechos científicos, la verdad sobre estas leyendas urbanas

FALSO: El alcohol mata las células del cerebro

Que te encuentres un poco mareado después de un par de copas de más, no significa que estén muriendo miles de células cerebrales, como cree mucha gente erróneamente. 

El etanol (el tipo de alcohol predominante en bebidas como el vino, la cerveza y las bebidas destiladas, entre otras) tiene la capacidad de dañar las células, pero el cuerpo humano tiene formas de evitarlo y frenar su destrucción.

Por lo general, lo que se experimenta después de beber son síntomas a corto plazo, que desaparecerán una vez que el alcohol se elimine de tu organismo.

Sin embargo, si se bebe en exceso y de manera continua en el tiempo, pueden aparecer daños en las dendritas, que son extensiones de las células nerviosas que transportan mensajes entre las neuronas. Si bien este efecto del alcohol, que fue descubierto en 1999 por la científica Roberta Pentney, puede alterar la estructura de una neurona, no destruye totalmente las células y se cree que es en su mayoría es reversible.

En este sentido, conviene advertir que el alcoholismo o el consumo excesivo (aquel que excede de una o dos copas al día), así como la exposición al alcohol durante períodos críticos de desarrollo (como en el embarazo o durante la adolescencia) puede causar daños duraderos. Específicamente, los bebedores empedernidos corren el riesgo de desarrollar un trastorno neurológico llamado síndrome de Wernicke-Korsakoff, un trastorno crónico de la memoria causado por una deficiencia de la vitamina B1.

Sin embargo, no existe ningún estudio que demuestre que un consumo de vino moderado produzca daños cerebrales, de hecho estudios recientes han señalado los posibles beneficios del consumo moderado de vino para la salud del cerebro. Como ocurre con la mayoría de los problemas de salud y alimentación en la vida, parece que la moderación es la clave.

FALSO: El vino blanco no es sano, el tinto sí

El vino tinto tiende a recibir toda la atención y elogios cuando se trata de beneficios para la salud, principalmente gracias a su contenido polifenólico. Los polifenoles como el resveratrol, la quercetina y el ácido elágico se encuentran en las pieles de las uvas y, por lo tanto, son más abundantes en el vino tinto que en el blanco. Pero aunque estos compuestos tienen propiedades beneficiosas, no son los únicos elementos del vino que tienen potencial para mejorar la salud.

Si el vino tinto o el vino blanco es "más saludable" para una persona, va depender de los aspectos de la salud en los que se concentre. Un estudio de 2015, publicado en Annals of Internal Medicine, mostró que mientras los bebedores de vino tinto disfrutaban de niveles elevados de colesterol HDL (del tipo bueno), los bebedores de vino blanco disfrutaban de mejores controles de azúcar en sangre y por tanto podría prevenir mejor la Diabetes que el tinto.

Otro estudio también de 2015, realizado por la Universidad de Turín y el Hospital Versilia en Toscana, llegaron a la conclusión de que el vino blanco también es bueno para el corazón, debido a que el ácido cafeico, un compuesto orgánico presente por igual y en las mismas cantidades tanto en tintos como en blancos, es en realidad el verdadero artífice de la salud cardiovascular del vino, al ser este responsable de la producción de óxido nítrico, uno de los mejores vasodilatadores que produce el organismo.

FALSO: Una copa de vino antes de acostarse ayuda a dormir

Claro, beber alcohol puede hacerte sentir somnoliento, pero no es una buena idea beber para ayudarte a dormir. Gracias a los efectos sedantes del alcohol, una copa antes de irte a la cama te ayudará a conciliar el sueño más rápido, es cierto, e incluso hay evidencia de que algunas uvas de vino contienen altas cantidades de melatonina, una sustancia que ayuda dormir.

El problema radica en la calidad del sueño, algo a lo que los últimos estudios están dando cada vez más importancia que la cantidad de sueño. Es muy probable que bebiendo vino, o cualquier bebida con graduación, justo antes de dormir, tu sueño no sea reparador como debería. Un estudio publicado en 2015 en la revista Alcoholism: Clinical and Experimental Research reveló que los sujetos que bebían alcohol justo antes de acostarse, experimentaron un aumento en el sueño profundo temprano en la noche, pero luego experimentaron una interrupción del sueño, un mayor número de despertares y peor calidad del sueño en general.

De igual modo que no nos vamos a la cama con el estómago lleno después de cenar, si tienes la costumbre de tomarte una copa de vino por la noche, no lo hagas justo antes de acostarte.

FALSO: Los sulfitos causan dolores de cabeza y resacas

Los sulfitos son probablemente una de las sustancias que genera mayores mitos en el vino, y en realidad son prácticamente inofensivos en la inmensa mayoría de las personas.

Los sulfitos son de origen natural y, aunque el vino durante la fermentación libera una pequeña cantidad de sulfitos, la mayoría de los enólogos también agregan sulfitos suplementarios al vino para ayudar a protegerlo contra el deterioro y la oxidación, así como para evitar la aparición de bacterias o microorganismos dañinos para el organismo. Añadir sulfitos al vino es algo así como añadir cloro al agua para poder hacerla potable. Por otro lado las cantidades añadidas están reguladas y son ínfimas.

A los sulfitos, quizá porque su nombre tan "químico" no le hace justicia, las leyendas urbanas los culpan con frecuencia de los dolores de cabeza y las resacas. Pero, según la ciencia, esto es completamente falso. El origen de los dolores de cabeza y la resaca (así como de otros dolores corporales) es el alcohol, o más exactamente el exceso de alcohol. Cuando ingerimos alcohol en exceso, el organismo lo transforma en acetaldehído, un compuesto orgánico metabolizado en el hígado a partir del etanol, y es este compuesto de alta toxicidad el que produce todos los malestares. Además, el alcohol produce deshidratación, que puede agravar los síntomas.

En cuanto a la alergia a los sulfitos raramente ocurre. La mayoría de organismos sanitarios, como la OMS o la FDA estiman en menos del 1% la población sensible a los sulfitos. Y en todo caso, una reacción alérgica no provoca resaca.

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