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Algo más que un museo

Enrique López – Winy Fog

Viernes 16 de Febrero de 2018

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En Morales de Toro encontramos un lugar donde vivir el vino, su geografía, su historia, su literatura y sus procesos...

En Morales de Toro, localidad zamorana situada a 40 kilómetros de su capital y a tan solo 8 kilómetros de Toro (histórico y monumental municipio que da nombre a la Denominación de Origen), se encuentra uno de los diferentes museos del vino que tenemos la suerte de poder disfrutar en España.

El Museo del Vino de Pagos del Rey pertenece a la familia de bodegas Felix Solis, grupo bodeguero con centros productores de vino en Valdepeñas, La Mancha, Rueda, Ribera del Duero, Rioja y la ya mencionada Toro y que elabora una producción equivalente a 250 millones de litros y tiene presencia en 115 países de todo el mundo.

Se encuentra ubicado en un edificio-bodega construido en 1964 que fue adquirido en 2008 por el grupo Felix Solis, y que anteriormente había sido propiedad de la Cooperativa Viña Bajoz, cuyo vino más renombrado se llamaba precisamente Bajoz (como a su vez se denomina el río, afluente del Duero, que atraviesa el municipio), marca que se ha seguido manteniendo después de la compra como buque insignia de la bodega. Junto a la bodega, e inaugurado en 2014, se encuentra el Museo, ideado como muestra y exposición permanente de la evolución histórica en la cultura de elaboración del vino.

La superficie dedicada a Museo se divide en dos sectores bien diferenciados. Por una parte la zona exterior: más de 2.000 metros cuadrados de jardín que conforman un original espacio expositivo en el que se exhiben las piezas de mayor tamaño. Y junto al jardín, el edificio cubierto, con más de 1.000 metros cuadrados que albergan piezas más pequeñas, presentaciones audiovisuales y pantallas digitales que permiten a los visitantes una interacción directa con el mundo del vino de Toro, su historia y su proceso de elaboración.

La visita al Museo puede realizarse de forma libre o guiada, y comienza por el jardín, con un entretenido paseo que nos revela los secretos de la viticultura del pasado mediante una recolección de elementos patrimoniales de la historia del vino. La bienvenida a este didáctico trayecto nos la da el mismísimo Lazarillo de Tormes representado en una imponente escultura junto a su amo ciego. En este inaugural paseíllo ya pasamos junto a los instrumentos antiguos de vinificación de mayor tamaño: un carro de transporte, una prensa, una despalilladora, un arado... hasta llegar a uno de los elementos más atractivos y, seguramente, más fotografiados de toda la visita: la entrañable furgoneta de reparto de vino.

El jardín termina de la mejor manera posible tratándose este de un museo dedicado al vino: un viñedo exposición con todas las variedades que admite la Denominación de Origen Toro para elaborar vinos a ella adscritos: Tinta de Toro y Garnacha en tintas, y Verdejo y Malvasía en blancas.

Volviendo por nuestros pasos, llegamos a la entrada del edificio que cobija la colección de piezas de menor tamaño, los contenidos audiovisuales y la nave de crianza. Esta nave consta de 3 alturas, una de ellas (donde se encuentran las barricas) subterránea. En la planta a nivel del suelo encontramos una zona central de exposición de más instrumentos tradicionales de vendimia, elaboración y cultivo, y algunos amenos juegos interactivos con los que aprender los procesos de elaboración de los diferentes tipos de vino, o un recorrido por el Duero y todas sus zonas de producción vinícola.

Sin embargo, mi parte preferida de esta zona del Museo se encuentra a ambos lados de la nave: los 28 depósitos de vinificación de hormigón originales de la antigua bodega. Y en un margen, algunos de estos depósitos hábilmente habilitados para formar parte importante de la exposición, permitiendo sumergirnos casi literalmente en el proceso de fermentación del vino. En el primero de estos depósitos en los que podemos adentrarnos, una creación audiovisual proyectada sobre sus paredes nos revela "desde dentro" la magia de la conversión del zumo de uva en vino. Para mí, de todas las que he visto y oído, es la explicación más formativa y comprensible de todo este proceso llamado fermentación.

Y hasta el fondo del final del pasillo que forma el interior de los depósitos de hormigón, y aprovechando el volumen vacío de dichos depósitos como escenario expositivo, todo un homenaje al calendario anual de la vid y sus labores, la comercialización del vino y las típicas fiestas de la vendimia de Toro.

Desde aquí subimos a la segunda planta, recorrida por una pasarela en sus laterales que deja como balcón mirador la zona central, con la vista desde arriba de todo lo que acabamos de conocer en la planta baja. En este punto, es imposible no quedar hipnotizado por las enormes y originales lámparas que iluminan y decoran el edificio.

Paseando por la pasarela hacemos un viaje en el tiempo para revivir la historia del vino de Toro desde la época de los monasterios medievales hasta nuestros días, con referencias a aspectos claves en su desarrollo como la literatura, el comercio o el propio Camino de Santiago. De forma amena y didáctica, mediante cajas mágicas que reaccionan a tu presencia con luz y movimiento, terminamos el pasillo que rodea toda la parte superior del Museo.

Nos queda bajar a otra parte fundamental de la exposición: la sala de barricas, único espacio que el Museo comparte con la bodega. Un ambiente de descanso para el vino y de relax para el visitante, en el que se respiran taninos, madera y quietud. No podemos irnos sin saludar al insigne Venancio, que estará esperando que pases frente a él para enseñarte el noble arte de la elaboración artesanal de barricas.

Pero además de su propio valor y patrimonio propiamente museístico, el Museo del Vino de Pagos del Rey tiene otro atractivo: su programa anual de actividades lúdicas y artísticas. En este sentido son pioneros en cuanto al aprovechamiento de sus instalaciones para llevar a cabo acciones originales, vinculadas al mundo del vino, con las que ofrecer a sus visitantes una alternativa diferente de ocio y cultura.

Ya está plenamente consolidada una de sus actividades estrellas, la "Música entre barricas", una serie de conciertos que tienen lugar, precisamente y como su nombre indica, en la sala de barricas. Una experiencia inolvidable escuchar los temas de artistas de primer orden con el decorado incomparable que se configura entre todos los elementos de este entorno. El pasado año 2017 tuve la suerte de asistir al concierto de Diana Navarro, un momento difícil de olvidar cuando el arte y la inconfundible voz de la artista malagueña se marida con el escenario bodeguero y el aroma a vino. Otros grupos y solistas, como Los Secretos, Cómplices, Mikel Erentxun o Alex Ubago también han participado en este ciclo.

Precisamente, en este día en que concluyo esta entrada del blog, se ha dado a conocer la programación para 2018, año en el que actuarán en el Museo Rulo y la Contrabanda, José Mercé y Kiko Veneno.

También relacionado con la música y otras artes como la magia o el teatro, organizan el ciclo "Crianzas escénicas", con el que em 2017 Pagos del Rey me dio la oportunidad de participar en la organización del concierto de Javier Ojeda (vocalista de Danza Invisible) y su repertorio de canciones vinculadas al mundo del vino. Un conciertazo.

Y actividades para los más pequeños de la casa, como su "programa escolar" en el que enseñan el Museo a colegiales que llegan a Morales de Toro en excursiones programadas. Que aprendan aspectos relacionados con la historia del vino y su importancia en la región es el objetivo de esta acción, en la que los niños de divierten practicando el encorchado y el diseño y decoración de botellas, y las técnicas de plantación de vides. Finaliza la visita con una cata... de mosto.

En definitiva, el Museo del Vino de Pagos del Rey es algo más que un museo al uso. Es una experiencia, un viaje, un juego, una exposición, una aventura... un lugar donde vivir el vino, su geografía, su historia, su literatura y sus procesos.

Enrique López
Licenciado en Economía y Sumiller profesional.

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