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¿Somos lo que comemos?

Magdalena Vallejo | Santander

Jueves 19 de Julio de 2012

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Dos copas de vino al día ayudan a las mujeres de entre 50 y 60 años a prevenir fracturas y la osteoporosis

La fruta nos hace más atractivos, el café evita el deterioro cognitivo, los frutos secos protegen el corazón y el vino reduce el riesgo de osteoporosis. Si a esto se le añade que la evolución del ser humano se explica en gran medida por la alimentación, la conclusión parece clara: "Somos lo que comemos".

Éstas son algunas de las ideas con las que el director del Laboratorio de Nutrición y Genómica del Centro de Investigación Nutricional de Boston, José María Ordovás, ha iniciado este miércoles un curso en la Universidad Internacional Menéndez Pelayo (UIMP) en el que desglosará las claves para una nutrición personalizada.

Y es que, por encima de los beneficios o los peligros asociados a un determinado alimento, hay que tener "cuidado" con las generalizaciones, avanzar hacia una nutrición individualizada y, además, empezar a prevenir desde el embarazo, e incluso, desde el momento en el que se decide concebir un niño.

Según ha explicado Ordovás a sus alumnos, la alimentación es uno de los factores claves para entender la evolución del ser humano respecto a otros animales y el desarrollo de su cerebro. Y también hoy la alimentación puede determinar una mejor o peor salud y un envejecimiento más saludable.

Lo importante, según dice, es no generalizar, porque un mismo alimento no afecta igual a todas las personas. Una muestra es la sal, habitualmente asociada a problemas de hipertensión, cuando en la práctica, solo un 25 % de los ciudadanos ve alterado su nivel de presión arterial por el consumo de sal, y el 75 % restante puede consumir cantidades mayores sin sufrir esa incidencia.

También ha puesto el ejemplo de la grasa, a la que se está dando un "cariz negativo", pese a la importancia de tener suficientes cantidades de grasa (fundamentalmente ácidos grados esenciales, los Omega 3) para alimentar la actividad cerebral.

Otro producto que se está demostrando beneficioso para el cerebro es el café, incluido el descafeinado. Ordovás, profesor de Nutrición y Genética en la Universidad Tufts, de Boston, ha aludido a los últimos estudios al respecto, que apuntan que el consumo de tres o cuatro tazas diarias ayuda a reducir el deterioro cognitivo.

Por su parte, dos copas de vino al día ayudan a las mujeres de entre 50 y 60 años a prevenir fracturas y la osteoporosis.

Los beneficios de determinados alimentos van más allá de lo que es estrictamente salud y pueden incluso mejorar la imagen.

Por ejemplo, las personas que toman tres o más piezas de fruta diaria resultan más atractivas, y todo porque los carotenoides de la fruta les aportan un tono de piel más saludable que nuestro cerebro detecta y asocia con la búsqueda de un compañero sano para reproducirse.

Cada vez son más las investigaciones que pretenden demostrar las ventajas del consumo de distintos alimentos en la salud, desde la fruta al café, pasando por productos habituales en las mesas españolas como el vino o el aceite de oliva.

En las sesiones del curso el profesor Ordovás irá desglosando algunas de esas ideas y cómo, en función de la genética de cada persona, se puede definir una dieta personalizada que ayude, por ejemplo, a prevenir enfermedades cardiovascualares o la obesidad, y favorezca un envejecimiento saludable.

Y también explicará la importancia, no solo de lo que comemos y de cuánto comemos, sino también de "cuándo lo hacemos" y de la necesidad de adaptarse a los ritmos que marca nuestro organismo.

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