Nueva York permitirá la venta de vino en los supermercados

Desde 1933 la venta de vinos y destilados está prohibida en comercios de alimentación de todo el Estado. La medida ha puesto en pie de guerra a los comercios minoristas de vinos y licores que ven peligrar sus pequeños negocios frente a las grandes superficies.

Martes 06 de Febrero de 2024

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Los minoristas de vinos y licores en Nueva York se encuentran actualmente en una disputa legislativa que podría cambiar radicalmente el panorama de la venta de bebidas alcohólicas en el estado. La propuesta legislativa que permitiría la venta de vinos en supermercados ha encendido un debate sobre el futuro de las pequeñas empresas familiares dedicadas a la venta de estas bebidas desde hace casi un siglo. La preocupación central de los propietarios de estas tiendas es el impacto negativo significativo que tal cambio podría tener en sus negocios esta liberalización, afectando no solo sus ingresos sino también el tejido comunitario que han tejido a lo largo de los años.

Desde la derogación de la Prohibición en 1933, Nueva York ha mantenido un sistema de venta al por menor de bebidas alcohólicas que permite únicamente a tiendas independientes de vino y licor operar en este sector. Esta legislación ha excluido grandes cadenas o franquicias exclusivas de vinos y licores, permitiendo solo una licencia de venta al por menor por entidad, lo que ha dado lugar a aproximadamente 3,800 minoristas de vinos y licores, muchos de los cuales son pequeñas empresas familiares arraigadas en sus comunidades.

La legislación propuesta, introducida por la senadora estatal de Nueva York Liz Krueger (D-Manhattan) y la miembro de la asamblea Pamela Hunter (D-Syracuse), busca liberalizar y autorizar la venta de vinos en supermercados, una medida que expandiría potencialmente las opciones de compra de vinos a 1,900 ubicaciones de supermercados. Esta propuesta ha generado un intenso debate sobre la conveniencia de tal cambio, con argumentos a favor centrados en la comodidad del consumidor y en la ampliación del acceso al vino, mientras que los argumentos en contra destacan el daño potencial a las tiendas de vinos y licores existentes.

Los minoristas de vinos y licores argumentan que este cambio legislativo ofrecería una ventaja injusta a los supermercados, socavando décadas de tradición y compromiso con la calidad y el servicio personalizado en la venta de vinos y licores. La preocupación es que la incorporación de vinos a los estantes de los supermercados no solo disminuiría el tráfico de clientes hacia las tiendas especializadas, sino que también diluiría la experiencia de compra de vinos, donde el conocimiento y la especialización del personal juegan un papel importante en la selección de productos.

La oposición a la legislación también se basa en el temor a un impacto económico negativo directo en las pequeñas empresas, con estimaciones de pérdidas de ventas de entre el 10% y el 30% en algunos casos, como se ha visto en otros estados que han implementado cambios similares. Además, se argumenta que la venta de vinos en supermercados podría llevar a un aumento en la disponibilidad de alcohol, con implicaciones potencialmente negativas para la comunidad.

Los minoristas no solo están luchando contra esta propuesta legislativa, sino que también expresan preocupaciones sobre otras medidas, como la introducción de legislación que permitiría múltiples licencias de vinos y licores, así como el envío directo al consumidor para los licores. Estas preocupaciones subrayan la sensación de estar en un momento de incertidumbre y cambio, con potenciales consecuencias a largo plazo para el sector de minoristas de bebidas alcohólicas en Nueva York.

La batalla legislativa en Nueva York sobre la venta de vinos en supermercados pone de relieve el equilibrio delicado entre la innovación y la tradición, entre la conveniencia para el consumidor y la protección de las pequeñas empresas locales. Mientras los legisladores se preparan para abordar este tema, el futuro de las tiendas de vinos y licores independientes en Nueva York pende de un hilo, con implicaciones significativas para propietarios, empleados, y comunidades por igual.

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