La arquitectura del vino: Bodegas y Barrios de Bodegas

Domingo 06 de Octubre de 2019

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La arquitectura del vino es un vivo patrimonio industrial que forma parte consustancial del vino y su proceso de elaboración, aprovechando las primeras construcciones desde antes de la Edad Media las condiciones naturales que ofrece el propio terreno, buscando buenos estratos con roca suficientemente sólida y dura para garantizar la estabilidad de las cuevas cortadas a pico donde la propia roca es la que constituye los paramentos verticales y horizontales del espacio interior.

La población de muchos pueblos y núcleos rurales ha utilizado históricamente estas cavidades subterráneas excavadas de forma manual en el terreno para la producción y almacenaje del vino con carácter de autoconsumo. La gran mayoría de las familias disponían de estas bodegas, de mayor o menor dimensión, pudiendo encontrar dos tipos de bodegas; por una parte, las "bodegas tradicionales y/o de carácter doméstico" construidas en las casas situadas en el pueblo o en su zona periurbana y, por otra, los llamados "barrios de bodegas".

Las "bodegas tradicionales y/o de carácter doméstico" tenían la función primordial de almacenamiento en buenas condiciones del vino para el consumo propio, familiar o del mercado local próximo, y se excavaban, generalmente, después de haber construido las casas en sótanos orientados preferiblemente hacia el Norte, con acceso directo en la mayoría de los casos desde la propia vivienda.

Casi siempre se trataba de pequeñas bodegas construidas intramuros de la ciudad, razón por la que al transformarse el casco antiguo de la localidad en la que se ubicaban, muchas de ellas desaparecieron por pérdida de competitividad y por la transformación de los usos agrícolas en usos industriales.

Sin embargo, todavía algunas bodegas aprovecharon las circunstancias cambiantes de la industrialización para transformarse y ampliar su utilización también como tabernas y despacho de vinos, así como con otros usos como asociaciones y sociedades privadas.

Los denominados "barrios de bodegas" tienen una doble acepción o función: por una parte, como conjuntos urbanos nacidos por una ampliación demográfica y, en consecuencia, ampliación a otras zonas a extramuros de los cascos urbanos de las ciudades,  en los que comienzan a desarrollarse centros adecuados para la comercialización y centros de transporte para el envío de la producción del vino.

Por otra parte, como núcleo urbano que forma un conjunto excavado etnográfico asociado a formas de producción y elaboración del vino, desde el estrujado y pisado de la uva, el prensado, la fermentación, el trasiego, la crianza, conservación, guarda, almacenaje, etcétera, formando un paisaje singular al encontrarse un buen número de bodegas excavadas en un mismo emplazamiento siguiendo un plan o sintonía colectiva que termina por formar calles y, finalmente, todo un conjunto urbano que transforma la estructura urbana y arquitectónica de una zona a través de las fachadas de las bodegas, de sus puertas y sus elementos salientes como chimeneas, zarceras, etcétera, configurando un paisaje singular.

En esta segunda acepción tenemos un conjunto de infraestructuras que integran la red de corredores y habitaciones excavadas en el terreno, las calles y sus accesos, la entrada a la bodega, sus fachadas o antebodega, las puertas, la escalera, el lagar y las dependencias relacionadas que constituyen, en su conjunto, un patrimonio arquitectónico, histórico, etnográfico, urbanístico y paisajístico sobre la historia, tradición y cultura del vino de primera magnitud y digno de la mayor protección.

 

Un artículo de Alfredo Gómez Pascual

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