Una zona brasileña productora de café se reinventa como región vitivinícola

En menos de veinte años, la región ha pasado de cultivar café a producir 1,5 millones de botellas anuales

Lunes 08 de Septiembre de 2025

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Brazilian Coffee Region Reinvents Itself as Emerging Wine Tourism Hub

En menos de veinte años, la región de Espírito Santo do Pinhal, en el estado de São Paulo, junto con municipios vecinos de la Serra dos Encontros, ha pasado de ser un área tradicionalmente dedicada al café a convertirse en una nueva zona productora de vino en Brasil. Según datos del TurisAgro, actualmente existen 47 proyectos vitivinícolas en funcionamiento en más de 200 hectáreas plantadas, con una producción anual que alcanza 1,5 millones de botellas.

El desarrollo de la viticultura en esta zona está vinculado directamente al enoturismo. La cercanía con grandes ciudades como São Paulo, Río de Janeiro y Belo Horizonte facilita la llegada de visitantes interesados en conocer el proceso de elaboración del vino, participar en catas y recorrer las bodegas. Para muchos empresarios locales, el turismo representa más de la mitad de los ingresos y permite financiar las inversiones necesarias para el crecimiento del sector.

Los productores han invertido en infraestructuras orientadas a recibir turistas. Se han abierto restaurantes, bares especializados y se han puesto en marcha proyectos hoteleros. Un ejemplo es la bodega Merum, en Espírito Santo do Pinhal, que fue concebida como un complejo enfocado a la hospitalidad. Por su parte, la bodega Terra de Carvalho, situada en Jacutinga (Minas Gerais), ha destinado 22 millones de reales a un proyecto que prevé incluir un hotel antes de 2027.

A pesar del desarrollo experimentado, la oferta de alojamiento todavía no cubre la demanda existente. Se calcula que faltan hasta 3.000 camas para atender a los visitantes que llegan a la región. El enoturismo se ha convertido también en una forma de mantener la actividad económica mientras los viñedos aún no producen a escala comercial. Muchas fincas abren sus puertas antes incluso de obtener su primera cosecha para generar ingresos mediante visitas guiadas y degustaciones. Este modelo permite recuperar la inversión inicial más rápido que si se dependiera únicamente de la venta tradicional de botellas.

Entre los problemas señalados por los productores figuran los precios elevados tanto del vino —con botellas que superan los 150 reales— como de las actividades turísticas, ya que algunos recorridos pueden costar más de 300 reales por persona. Además, existe el reto de consolidar una identidad propia para los vinos locales y diferenciarse dentro del mercado brasileño.

A pesar de estos obstáculos, quienes invierten en el sector consideran que existe margen para seguir creciendo siempre que se mantenga un equilibrio entre producción y turismo. La experiencia adquirida hasta ahora muestra que el modelo puede ser rentable y contribuir al desarrollo económico local.

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