Miércoles 07 de Enero de 2026
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El cambio climático está afectando de forma directa a la viticultura en Europa y en otras regiones productoras de vino. Las alteraciones en las temperaturas, la disponibilidad de agua y la frecuencia de fenómenos meteorológicos extremos están modificando tanto la cantidad como la calidad de la uva. El ciclo de crecimiento de la vid depende de condiciones ambientales muy concretas, por lo que cualquier variación puede tener consecuencias en el producto final.
Durante el año 2024, según datos de la Organización Internacional de la Viña y el Vino (OIV), se registró una reducción del 10% en la producción mundial de vino. Este descenso se atribuye a episodios de granizo, heladas y sequías que han afectado a países como Italia, España, Australia, Argentina, Chile, Brasil y Sudáfrica. En algunos casos, las pérdidas han alcanzado entre el 10% y el 30% respecto a años anteriores. Se trata del volumen más bajo desde 1961. En los últimos diez años, el número de fenómenos meteorológicos graves se ha multiplicado por cuatro, lo que ha perjudicado las cosechas.
En Italia, uno de los principales productores mundiales, la situación ha sido especialmente complicada. El sur del país ha sufrido una sequía intensa durante 2024, mientras que el norte ha tenido que hacer frente a inundaciones y lluvias persistentes. Estas condiciones han dificultado las labores agrícolas y han provocado pérdidas económicas importantes. Según datos del WWF, la vendimia italiana de 2023 fue un 12% menor que la del año anterior. El aumento del 70% en las precipitaciones durante los días clave para los tratamientos fitosanitarios contribuyó a este descenso. Las regiones centrales y meridionales experimentaron caídas medias del 20% y el 30%, respectivamente.
En 2024 se ha observado una ligera recuperación con un incremento del 7% en la vendimia respecto al año anterior. Sin embargo, estos niveles siguen siendo inferiores a los registrados antes de estos episodios climáticos adversos. El Consejo Nacional de Investigaciones italiano señala que el 29% de la superficie agrícola en cinco regiones del sur (Puglia, Basilicata, Calabria, Sicilia y Cerdeña) está afectada por sequía severa. Sicilia y Calabria son las zonas más perjudicadas.
El aumento medio de casi dos grados centígrados respecto a los últimos treinta años ha agravado el problema en el sur italiano. La falta de agua subterránea y el agotamiento del suelo obligan a trasladar los viñedos a zonas más altas, entre los 700 y los 1.000 metros sobre el nivel del mar. Este cambio busca encontrar condiciones más favorables para el cultivo, pero requiere un análisis previo para evitar daños al ecosistema local y pérdida de biodiversidad.
Mientras tanto, en el norte italiano las lluvias continuas han impedido acceder a los campos con maquinaria agrícola, retrasando siembras y cosechas. Esto también afecta al sector ganadero por la falta de forraje. Además, las temperaturas invernales más suaves dificultan que las plantas inicien correctamente su ciclo vegetativo.
Un estudio publicado por la revista científica PNAS en 2020 advierte que si la temperatura media mundial aumenta dos grados centígrados podrían perderse hasta el 56% de las áreas actuales dedicadas al cultivo de uva para vino. Si ese aumento llegara a cuatro grados centígrados, la pérdida alcanzaría el 85%. Una posible solución sería diversificar las variedades cultivadas (cultivares), lo que permitiría reducir estas pérdidas hasta un 24% o un 58%, respectivamente, dependiendo del escenario climático.
La elección de nuevas variedades debe adaptarse a las condiciones locales: en el sur convendría optar por vides resistentes a sequía y calor; en el norte serían preferibles aquellas capaces de soportar estrés hídrico intenso. Sin embargo, cambiar las variedades puede modificar las características organolépticas del vino producido e influir en su aceptación comercial.
El informe Ismea sobre la situación del sector vinícola italiano indica que tras cuatro años con producciones estables, en 2023 se alcanzó el nivel más bajo desde hace más de seis décadas. Para este año se estiman unos 41 millones de hectolitros producidos (un aumento del 7%), pero aún lejos de los promedios recientes.
El sector vitivinícola europeo y mundial se encuentra ante una transformación forzada por factores climáticos. La adaptación pasa por decisiones agronómicas informadas, protección de la biodiversidad y estrategias sostenibles para asegurar su futuro económico y cultural.
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