Miércoles 07 de Enero de 2026
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El sector del vino afronta cambios importantes en 2026, impulsados por factores económicos, sociales y medioambientales. El aumento de las temperaturas, según el Met Office del Reino Unido, situará este año entre los cuatro más cálidos registrados. Esta situación afecta a regiones históricas productoras de vino, que sufren inundaciones, tormentas, olas de calor, sequías e incendios. Como consecuencia, algunos productores están plantando viñedos en zonas más frescas como Suecia.
La tendencia hacia vinos sin alcohol sigue avanzando. Grandes empresas francesas han invertido en nuevas instalaciones para producir estos productos, como el caso de Castel, que ha destinado 10 millones de euros a una planta en el Valle del Loira. La oferta de vinos sin alcohol mejora tanto en calidad como en variedad y ya es habitual encontrarlos en restaurantes.
En cuanto a preferencias, los vinos blancos siguen ganando terreno frente a los tintos. Un ejemplo es la apertura de una oficina de productores de Sancerre en Bangkok el pasado diciembre. Además, las bodegas apuestan por prácticas agrícolas regenerativas y se mantiene el debate sobre la salud y la posible inclusión de advertencias sobre el cáncer en las etiquetas.
El consumo total de vino ha descendido ligeramente, pero los datos muestran que la generación Z ha incrementado su consumo durante el último año. Los millennials han superado a los baby boomers y ahora son el grupo que más vino consume. Los bares especializados y las ferias de vinos naturales atraen a estos consumidores jóvenes, que también encuentran referencias al vino en la cultura popular y el deporte.
El consumo de espumosos experimenta un cambio relevante. Aunque las ventas de champán han bajado, otros espumosos como prosecco han crecido un 12% el año pasado en mercados como Estados Unidos, Reino Unido y Francia. Los consumidores más jóvenes prefieren estos vinos para ocasiones cotidianas y buscan opciones diferentes a las marcas tradicionales. Se observa un aumento de espumosos elaborados con variedades autóctonas y procedentes de regiones menos conocidas, como Sicilia o Córcega.
El enoturismo también evoluciona. Según el Global Wine Tourism Report 2025, el 73% de las bodegas encuestadas en 47 países planea ampliar sus actividades para visitantes. Estas actividades representan ya una cuarta parte de sus ingresos. En Sudáfrica, por ejemplo, algunas fincas combinan rutas de bicicleta o quad con catas nocturnas.
La búsqueda de vinos con buena relación calidad-precio será prioritaria este año. Aunque algunos coleccionistas siguen comprando grandes vinos de Borgoña a precios elevados, la mayoría de consumidores opta por descubrir vinos procedentes de regiones menos conocidas del sur y este de Europa o elaborados con variedades locales. En España, la variedad godello gana presencia entre los blancos recomendados.
En California, la abundancia de uva ha dado lugar a nuevas marcas que compran excedentes a bodegas reconocidas y venden esos vinos a precios bajos bajo otras etiquetas.
En restauración se observa una tendencia hacia cartas de vinos más cortas o incluso inexistentes. Algunos locales en Londres o París prefieren preguntar al cliente por sus gustos y ofrecerle varias opciones para probar antes de elegir.
La inteligencia artificial está transformando tanto la producción como la experiencia del consumidor. En viñedos franceses ya se utilizan sensores y drones para monitorizar humedad del suelo o detectar enfermedades antes de que se propaguen. Robots gestionan tareas como poda o traslado de uvas en bodegas importantes. En Napa Valley (Estados Unidos), hoteles como el Marriott han incorporado aplicaciones basadas en IA para recomendar visitas a bodegas y maridajes personalizados según el perfil del huésped.
En cuanto al formato del producto, Estados Unidos permite desde 2025 trece nuevos tamaños legales para botellas, principalmente pequeños formatos pensados para facilitar el acceso a vinos premium mediante presentaciones individuales o pequeños lotes.
El sector sigue pendiente de cuestiones regulatorias internacionales que pueden afectar al precio final del vino importado, como posibles decisiones judiciales sobre aranceles estadounidenses.
Por último, se observa interés por nuevas tendencias entre los consumidores jóvenes: desde vinos tintos con sabores dulces hasta formatos innovadores o colaboraciones con figuras del deporte y la música. El sector afronta así un periodo marcado por la adaptación a nuevas demandas sociales y cambios medioambientales que condicionarán tanto la producción como el consumo durante los próximos meses.
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