“En el sector del vino necesitamos mantener el vínculo con el consumidor en base a su capacidad intelectual para ser más sostenibles”

Isabel Blanco

Miércoles 13 de Enero de 2021

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Pau Roca, Director General de la Organización Internacional del Vino y la Viña desde 2019, analiza las consecuencias de la pandemia de la Covid-19 en el sector del vino y descubre cuáles son los retos que afrontarán en 2021

Pau RocaPau Roca, Director General de la OIV

La Organización Internacional de Vino y la Viña celebró antes del cierre de 2020 su 18ª Asamblea General, en la que dieron luz verde al proyecto de digitalización de la Organización y avanzaron en la incorporación del ruso como idioma oficial. Pau Roca profundiza en estas cuestiones y en las tendencias de un sector que define como "resiliente".

Una vez finalizado el ejercicio de 2020 y con todos los datos sobre la mesa, ¿cuál es el balance?

La caída considerable de las ventas en el canal Horeca en todo el mundo, especialmente en aquellos países con mayor incidencia del turismo en la economía, ha marcado el último año económico. A pesar de que la venta de vino en supermercados y online ha experimentado un aumento, este incremento no ha podido compensar las pérdidas. Por el momento, estas cifras, que determinan un descenso de beneficios para las empresas del sector de en torno al 60%, son el efecto directo del cierre por la pandemia. Sin embargo, la crisis todavía tendrá lugar más adelante cuando la sociedad no tenga el excedente de tesorería que tiene aún en la actualidad. En conclusión, es evidente que el balance para el sector del vino es negativo. Si el análisis pone el foco en la producción, podría decirse que este año el volumen producido es menor, sobre todo si se compara con años anteriores, aunque las vendimias no se vieron afectadas por la Covid-19 más allá de que hubo que adaptar medidas de seguridad rigurosas.

¿Cuáles son las perspectivas para 2021?

Tenemos por delante un año en el que, siendo conservadores, sabemos que al menos tendremos dos trimestres complicados y otros dos marcados por la incertidumbre. En un primer momento, cuando se supere la situación de emergencia sanitaria, habrá una cierta euforia, pero la realidad es que después habrá que reparar todo el daño hecho. Si hay un lado positivo es que el sector del vino se adapta muy bien a todas las dificultades y que siempre resiste ante la adversidad. Bajo mi perspectiva, somos un sector que ejemplificamos la definición de resiliencia.

Si se me permite utilizar un símil, el sector del vino es como un ecosistema con una gran estructura, con leña, raíces, suelo y diversidad, que a pesar de que pueda atravesar plagas, incendios... siempre resiste. Este carácter le hace ser muy fuerte, especialmente, de cara a la crisis que se avecina, y que, por supuesto, no será la única en los próximos años, ya que la peor crisis que afrontaremos es la que plantea el cambio climático.

Con la vista puesta en la crisis que provocará el cambio climático, la OIV lanzará recomendaciones para mantener la sostenibilidad, ¿cuáles son las principales recomendaciones que trasladarán a los distintos países productores?

En la Asamblea General que celebramos recientemente asistimos a un avance muy importante: la creación de una guía de sostenibilidad medioambiental, en la que se tienen en cuenta tanto factores económicos como sociales. El plan estratégico que asumimos plantea seis ejes con base en la sostenibilidad. Entre las propuestas que abanderamos considero muy interesante, por ejemplo, aquella que pretende alcanzar un acuerdo con la FAO para combatir el hambre evitando la pérdida de uva. De la misma forma que destacaría la iniciativa '4 por 1000' sobre el secuestro de CO2 por parte de los suelos para conservar y favorecer la actividad biológica de los suelos de las viñas.

En general, se trata de defender unos valores, que vertebren todo nuestro trabajo y que tengan en cuenta los principios de disminución del uso de productos, la optimización de la producción, la reducción del gasto, la elaboración de productos con mínimas intervenciones y, sobre todo, planteamientos que garanticen un circuito de recuperación. Al final, hay un filtro económico marcado por la conservación del planeta, que imperará en el futuro para preservar un patrimonio del que el ser humano ha abusado desaforadamente durante los últimos 150 años con un ritmo de consumo muy acelerado. En este contexto, el sector del vino defiende planteamientos que lo postulan como paradigma de adaptación y de cumplimiento de las recomendaciones en materia de sostenibilidad.

¿Cuáles son los países que van por delante en sostenibilidad y cuáles tienen margen de mejora para reducir la huella ambiental?

No sabría señalar a unos y a otros, lo cierto es que hay determinados países que hacen un esfuerzo enorme y que hacen gala de una gran conciencia, pero en los que, al mismo tiempo, las condiciones de producción son adversas y en los que, en consecuencia, hay un gasto desmesurado de pesticidas y de abonos. En otras zonas esto no es necesario por las condiciones climatológicas pero, sin embargo, hay una acusada falta de concienciación. En general, considero que hay que adquirir más conciencia, pero no va a ser difícil porque cada vez más se reconoce esta labor a los agricultores, quizás lo más complicado será inculcar valores económicos sostenibles.

¿El consumidor está implicado con la sostenibilidad y apuesta por productos elaborados a través de procesos respetuosos con el medio?

Hay muchos tipos de consumidores y hay que respetarlos a todos, pero lo cierto es que las tendencias muchas veces dependen de la acción de los medios de comunicación y no siempre juegan a favor de la sostenibilidad porque apuestan por la simplificación de los mensajes. En este sentido, reclamaría un mayor espíritu de investigación para transmitir el complejo mensaje que intentamos enviar desde el sector del vino centrado en el origen, en el territorio, en las variedades... Los viticultores, empresarios y expertos en vino estamos acostumbrados a tratar a los consumidores como seres inteligentes, por ello no les acosamos con mensajes publicitarios sino que desarrollamos un arduo trabajo de comunicación. Bajo mi perspectiva, para la evolución del sector es necesario mantener ese vínculo con el consumidor basado en su capacidad intelectual y en su libertad de decisión, que se apoya en un proceso de asesoramiento y de formación desarrollado por profesionales como los sumilleres, los consejeros de tienda y en muchos casos también periodistas.

Recientemente la OIV ha impartido un seminario sobre los vinos naturales, ¿cuáles son las expectativas de los consumidores? ¿Existe una tendencia a favor de consumir este tipo de vinos?

Es evidente que en la actualidad hay un debate en la sociedad y desde la OIV estamos obligados de escucharlo y a fomentarlo para poder dar respuesta a una serie de preguntas sobre la evolución de las formas de elaborar el vino hasta la enología actual. El consumidor debería saber que en 1935 la OIV adoptó en Suiza una resolución mediante la cual todos los vinos estaban obligados a ser naturales y las prácticas enológicas tenían el deber de adaptarse a esta indicación. Desde ese momento, todos los vinos han intentado ser naturales, si bien hubo una evolución de las prácticas enológicas en los últimos años gracias a la tecnología y a la innovación. La demanda apunta a vinos con mínima intervención en los que se respete mucho la viña. Por supuesto, el debate continúa abierto y merece la pena escuchar para explorar la necesidad de regular o no estas prácticas, que además suponen un reto por los conocimientos tecnológicos y científicos que se requieren.

En la última Asamblea General celebrada por la OIV ponían sobre la mesa la necesidad de evolucionar y adaptarse al entorno digital como uno de los principales retos a los que se enfrenta el sector del vino. ¿Cuál es la hoja ruta que plantean desde la OIV?

La necesidad de adaptarse a la digitalización es una realidad constatada y desde la OIV sentimos la responsabilidad de predicar con el ejemplo, por ello hemos diseñado un plan que se desarrollará a lo largo de los próximos tres años con el objetivo de actualizarnos. Internamente vamos a poner en marcha un sistema de trabajo completamente digitalizado para favorecer los flujos de trabajo entre todos los expertos, se trata de una plataforma colaborativa.

Paralelamente se creará un observatorio de análisis de datos para analizar lo que ocurre en el sector y emitir informes que sean útiles para los distintos agentes. Sin duda, para desarrollar estos proyectos necesitamos captar talento de expertos en digitalización que trabajarán desde una oficina de transformación digital. Tenemos mucho trabajo por delante, ya que también tenemos que promover la intercolaboración entre laboratorios y para que no se dispersen los esfuerzos.

En cuanto a las empresas vitivinícolas, la pandemia de la Covid-19 ha agilizado sus procesos de digitalización, ¿hasta qué punto utilizaban ya estas herramientas para llegar al consumidor final?

Lo cierto es que la pandemia de la Covid-19 nos ha demostrado que existían numerosas herramientas, sobre todo, en materia de comunicación, y nos ha obligado a adaptarnos rápidamente para poder utilizarlas. Los usuarios se han adaptado a tener reuniones mediante plataformas digitales, y una vez más el sector ha mostrado su resiliencia.

Ahora el reto reside en trabajar sobre los flujos de información y sobre la trazabilidad de esta realidad, y esto cambiará las relaciones con las administraciones, con los consejos reguladores y entre las empresas. Se trata de flujos informativos que antes no se recogían, pero que con la digitalización se transforman en datos y que ahora tenemos que anticipar su interpretación y su gestión.

Sin embargo, en materia de ventas la situación del sector del vino es complicada porque no existe un mercado único del vino para ventas directas, lo cual es escandaloso. Es un problema que no exista un mercado único del vino en el marco del mercado europeo porque el sistema de distribución obliga a liquidar impuestos en cada país... Habría que buscar una fórmula coordinada para ofrecer una solución para todos los productores que exporten sus productos en el marco de la UE.

En la Asamblea General también abordaron la posibilidad de que el ruso se convierta en idioma oficial de la Organización, ¿cuáles son las tendencias de consumo de vino en Rusia y qué papel juega en el panorama internacional del sector?

Aunque todavía no se ha admitido el ruso como idioma oficial, ya hay una propuesta para alcanzar un acuerdo de financiación en los próximos meses. Se trata de una lengua importante porque hay muchos países cuyo idioma oficial o vehicular es el ruso. Si recurrimos a la historia, la Unión Soviética en su momento fue el primer país en superficie de viñedo y aunque posteriormente se dividió, actualmente son varios los estados en los que los productores vitivinícolas hablan ruso. Por otra parte, en Rusia la política respecto al alcohol y la salud pública penaliza el consumo de bebidas de alta gradación, favoreciendo pautas de consumo moderado, filosofía que encaja con las características del vino y su consumo más consciente.  En materia de producción, Rusia es un país muy interesante al que el cambio climático podría favorecer.

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