Mendoza reinventa su negocio vitivinícola apostando al terroir

Con el consumo interno en retroceso, Mendoza busca en el terroir y la sostenibilidad la brújula para conquistar el mundo

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Jueves 08 de Enero de 2026

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La economía vitivinícola y turística de Mendoza se sostiene sobre la valorización y el cuidado de sus recursos naturales más preciados: el agua, los suelos y la biodiversidad. En una provincia árida, donde el oasis es una construcción humana y colectiva, la forma en que se gestionan estos recursos define tanto la competitividad de sus vinos como el futuro de sus territorios turísticos.​

La gestión responsable del agua —a través de sistemas de riego de alta eficiencia y políticas de conservación— resulta decisiva para garantizar la continuidad de la producción vitivinícola y el bienestar de las comunidades que dependen de ella. Embalses, turnos de riego, goteo y monitoreo se han vuelto tan estratégicos como una buena barrica.​

La protección de los suelos, mediante prácticas de agricultura regenerativa y estrategias contra la erosión, asegura la fertilidad de la tierra y, con ella, la expresión auténtica de los vinos mendocinos. Del mismo modo, la conservación de la biodiversidad —impulsada por corredores biológicos y manejos que favorecen flora y fauna nativa— es clave para preservar el equilibrio ecológico y la singular belleza del paisaje vitivinícola. En conjunto, estas acciones consolidan un modelo de desarrollo que entiende al terroir como patrimonio vivo y motor de identidad para Mendoza.​

La narrativa de los "vinos de montaña" y el "territorio de altura" continúa siendo un poderoso diferenciador para Mendoza, especialmente en el segmento de alta gama. Altitud, clima seco y suelos diversos se traducen en vinos con personalidad propia, capaces de competir en la primera división del mapa mundial del vino.​

Para potenciar este diferencial, la provincia se apoya cada vez más en el enoturismo: experiencias que permiten a los visitantes sumergirse en el paisaje andino, la gastronomía y la cultura local, convirtiendo al viñedo en un espacio de encuentro entre producción, hospitalidad y relato de origen. El turismo del vino se consolida así como uno de los grandes dinamizadores del territorio, generando empleo, divisas y reputación internacional.​

La sostenibilidad se ha convertido en un eje central en la construcción de la imagen de Mendoza como destino vitivinícola de alta calidad. Los consumidores ya no solo buscan grandes vinos, sino garantías de que fueron elaborados con prácticas responsables, que reduzcan el impacto ambiental y generen valor social en los territorios donde nacen.​

Un número creciente de bodegas mendocinas adopta certificaciones y estándares de producción orgánica, biodinámica, viticultura sustentable, carbono neutro, gestión responsable del agua y de los residuos, reducción de agroquímicos, regeneración de suelos, protección social en los destinos y preservación de la biodiversidad. Estos sellos dejaron de ser un mero distintivo de marketing para convertirse en herramientas de transparencia y credibilidad frente a mercados desarrollados que exigen trazabilidad y compromisos ambientales y sociales verificables.​

Los análisis internacionales coinciden en que el futuro competitivo del vino argentino pasa menos por el volumen y más por el valor. Para Mendoza esto significa consolidar la franja premium y superpremium, donde sus vinos pueden destacar por calidad, singularidad y autenticidad, apoyados en una fuerte construcción de marca de origen.​

En 2025, Mendoza volvió a ofrecer una cosecha de notable calidad en términos enológicos, aunque marcada por condiciones climáticas extremas y una fuerte heterogeneidad según las zonas y los momentos de recolección. En el segmento de vinos premium, el balance fue favorable: se observaron blancos vibrantes y tintos de perfil fresco y bien estructurado, pero la campaña también expuso riesgos significativos para quienes no lograron manejar con precisión las lluvias, los tiempos de cosecha y la sanidad del viñedo.​

Informes de Wines of Argentina describen 2025 en Cuyo como "uno de los años más intensos y difíciles de los últimos tiempos": un inicio prometedor —buenas nevadas, reservas hídricas mejoradas, primavera fresca— seguido por lluvias y bajas de temperatura que alteraron los ritmos de maduración. En paralelo, el mercado global vivió un escenario desafiante, con caída del consumo mundial de vino en volumen, pero clara tendencia a la premiumización: los segmentos premium y superpremium argentinos crecieron en valor, con aumentos cercanos al 9% para vinos por encima de los 60 USD FOB/caja.​

En Mendoza, especialmente en el Valle de Uco y otras zonas de altura, 2025 mostró un gran potencial para Malbec, Cabernet Sauvignon, Cabernet Franc y Chardonnay de alta gama, con vinos intensos, estructurados y de buena frescura. Estas regiones consolidan su rol como origen de vinos de parcela, partidas limitadas y etiquetas ícono, que funcionan como punta de lanza de la imagen país.​

En paralelo, la industria refuerza las denominaciones de origen e indicaciones geográficas, verdaderos sellos de garantía que protegen la identidad y la calidad de los vinos producidos en zonas específicas. Estas figuras ayudan a diferenciar los vinos mendocinos de los producidos en otras regiones y a comunicar al consumidor las características únicas de cada terroir, desde su altitud hasta la estructura de sus suelos.​

La estrategia empresarial trabaja sobre estas particularidades: altitud, clima seco, amplitud térmica y diversidad de suelos se traducen en vinos de carácter nítido y reconocible, un atributo clave en un mercado saturado de etiquetas. Importantes bodegas enfatizan, además, la importancia de la sostenibilidad en la producción de vinos de terroir, subrayando la necesidad de adoptar prácticas responsables con el entorno natural, los recursos hídricos y los ecosistemas locales. Así, la singularidad del terroir mendocino y la credibilidad de sus prácticas productivas se convierten en motores del valor de los vinos premium y superpremium y en palancas para consolidar la posición de Argentina en los mercados internacionales.​

El terroir mendocino constituye un activo irremplazable para la vitivinicultura argentina. Integrar esa identidad con el enoturismo, la sostenibilidad y el fortalecimiento de la franja premium y superpremium permite proyectar a Mendoza hacia un futuro próspero y responsable en los mercados globales. La clave reside en privilegiar el valor por encima del volumen y en transmitir, con claridad y emoción, la singularidad y autenticidad que hacen de los vinos mendocinos una expresión única del paisaje y la cultura de altura.​

"Defender este territorio, su gente y sus destinos turísticos es más que una estrategia comercial: es un compromiso ético con la memoria, la identidad y el porvenir de Mendoza".

Fuentes: Great wine capitals / Wine Of Argentina / International wine challenge / The drink sbusiness / Mendoza wine tours / The buyer / Algodon fine wines

www.bywine.com.ar

Un artículo de Danielasquez
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