Jueves 08 de Enero de 2026
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La decisión adoptada recientemente por Francia de autorizar la chaptalización —la adición de sacarosa— también en los vinos DOP marca un paso delicado y potencialmente disruptivo para el equilibrio del sector vitivinícola europeo.
Por primera vez, una práctica históricamente permitida en determinados contextos productivos se extiende explícitamente al núcleo de las denominaciones de origen, abriendo interrogantes profundos sobre el significado mismo de la identidad, la tradición y el valor del vino.
Esta orientación parece encontrar una confirmación normativa en el Arrêté du 1er septembre 2025 relatif aux conditions de production des vins bénéficiant d'appellations d'origine contrôlée, cuya publicación en el Journal Officiel francés se espera en los próximos días. Según la información disponible, dicho decreto habría abierto a la posibilidad de utilizar sacarosa y mosto concentrado rectificado (MCR) también en vinos con denominación de origen controlada, incluidos algunos de los más emblemáticos, como los Bordeaux, siempre dentro de los límites y condiciones fijados por la autoridad administrativa.
No obstante, para que estas nuevas disposiciones entren efectivamente en vigor, será necesario modificar los pliegos de condiciones (disciplinarios) de las DOC/DOP interesadas.
En este marco, Federmosti expresa su esperanza de que, durante dichos procesos de modificación, no se autorice la adición de sacarosa, ingrediente exógeno a la cadena de valor de la uva, y que se limite el enriquecimiento exclusivamente al uso de mostos de uva concentrados —sólidos y líquidos—, en coherencia con el principio según el cual el vino debe elaborarse únicamente a partir de la uva y de sus derivados.
Surge en un contexto de fuerte presión económica, con el objetivo declarado de apoyar a algunas grandes zonas productoras francesas en dificultad, haciendo los vinos más "accesibles" y más alineados con los gustos de los mercados internacionales.
Sin embargo, su impacto va mucho más allá de las fronteras nacionales e involucra directamente a todos los países productores, empezando por Italia.
Desde 2023, la normativa europea obliga a los productores de vino a declarar en la etiqueta el posible uso de sacarosa o de mosto concentrado rectificado (MCR).
Se trata de un punto de inflexión histórico en términos de transparencia: por primera vez el consumidor puede saber si en el vino se han utilizado ingredientes exógenos a la cadena de la uva o, por el contrario, derivados de la propia uva.
En este punto, Federmosti y MUST reiteran una distinción técnica y cultural fundamental: el vino debe obtenerse a partir de la uva y de sus derivados.
El MCR entra plenamente en este perímetro; la sacarosa, en cambio, queda fuera.
No se trata de una postura ideológica, sino de un principio compartido a nivel internacional que define la ortodoxia de la producción vitivinícola.
La decisión francesa, si se confirma que serà autorizada sacarosa en los DOP, combinada con la nueva normativa de etiquetado, coloca a los productores italianos ante una pregunta que ya no puede evitarse:
¿queremos reivindicar con fuerza la pureza y la especificidad de los vinos italianos, o ampliar progresivamente los márgenes del sistema, alineándonos hacia el uso de ingredientes exógenos a la cadena de la uva, más baratos que el MCR pero también menos coherentes con nuestra tradición?
Italia dispone de un patrimonio único de variedades de uva, territorios y condiciones climáticas que permiten lograr equilibrio y suavidad sin recurrir a atajos técnicos.
Sin embargo, Federmosti observa con preocupación que, tras la aprobación de la nueva normativa de etiquetado, faltan iniciativas estructuradas y continuas por parte de los productores italianos para comunicar a los consumidores la existencia de este nuevo sistema.
La norma parece haberse percibido como una molestia burocrática, más que como una oportunidad extraordinaria de posicionamiento.
En un contexto en el que otros países, Francia en primer lugar, siguen construyendo su relato en torno a conceptos como terroir aun recurriendo a la sacarosa, Italia tiene hoy la posibilidad de diferenciarse hablando con claridad.
El nuevo etiquetado permite convertir la transparencia en una verdadera herramienta de marketing, capaz de responder a una demanda creciente de autenticidad, salud y sostenibilidad.
Permanecer en silencio, o peor aún, optar por la opacidad, significa renunciar a una ventaja competitiva y dejar que otros definan las reglas del relato del vino europeo.
Federmosti y MUST piden a los productores italianos que asuman una responsabilidad clara: decir explícitamente al mercado y a los consumidores qué camino pretenden seguir.
Por este motivo, Federmosti está intensificando su alianza con Federconsumatori, con el objetivo de estimular a los productores de vino a dar visibilidad a la nueva normativa de etiquetado y a utilizarla como una herramienta de información y confianza.
La orientación normativa francesa, y los futuros ajustes de los disciplinarios que de ella se deriven, han puesto de manifiesto lo que durante años permaneció en segundo plano: el vino europeo se encuentra ante una encrucijada identitaria.
Italia puede elegir ser el país que defiende y comunica una coherencia productiva basada en la uva y sus derivados, o bien emprender el camino de la nivelación competitiva, persiguiendo modelos basados en ingredientes exógenos y en lógicas de coste.
Federmosti invita a toda la cadena a no posponer más esta elección.
Es tiempo de decir la verdad, a los consumidores y a uno mismo.
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