Empresas catalanas investigan un método para eliminar el "sabor a corcho" del vino

Aunque popularmente se le conoce con este nombre incorrecto, la causa no está en el corcho sino en el TCA (tricloroanisol), que tiene su origen en biocidas sintéticos

AB-Biotics

Jueves 09 de Diciembre de 2010

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Corchos

Potenciar al máximo el aroma y el sabor del vino y los espumosos sin renunciar al tradicional tapón de corcho. Éste es el objetivo del nuevo proyecto de investigación que la empresa biotecnológica catalana AB-Biotics ha iniciado en colaboración con la empresa corchera J. Vigas (Palafrugell), Cavas Hill (Moja-Olèrdola), y el fabricante de maquinaria alimentaria Bigas Alsina (Girona), para diseñar un método que permita garantizar la destrucción del tricloroanisol o TCA, que provoca el mal llamado "sabor a corcho" en los vinos.

Investigadores de todo el mundo llevan años buscando sin éxito una solución a este problema. AB-Biotics diseñará ahora un innovador sistema para eliminarlo, en una iniciativa que cuenta con financiación del Centro para el Desarrollo Tecnológico Industrial (CDTI) y el Fondo Tecnológico (FEDER). El proyecto supondrá una inversión total cercana a 1,5 millones de euros.

El TCA: un intruso en la botella

El TCA es un compuesto volátil presente en el ambiente que, si es absorbido por el corcho, puede alterar la calidad de los líquidos contenidos en la botella. Los precursores del TCA estuvieron presentes durante años en pesticidas y fungicidas y, aunque actualmente su uso está prohibido en Europa, persisten en el medio ambiente por su carácter no biodegradable. Por eso, si un alcornoque se halla expuesto a este compuesto, el tapón fabricado con su corteza puede contaminar el vino o el espumoso.

El resultado es un olor y un sabor a moho característicos, que erróneamente se conoce como "sabor a corcho". Aunque es totalmente inocuo para la salud, provoca un rechazo inmediato por parte del consumidor, con el consiguiente perjuicio para la imagen de la bodega que comercializa el vino o el cava. Además, los efectos del TCA se perciben incluso en concentraciones muy bajas: una persona puede detectarlos a partir de una concentración de 10ng/l, el equivalente a disolver un sobre de azúcar de este compuesto en una piscina olímpica llena de vino.

Las alternativas surgidas en el mercado, como los tapones de cristal o de silicona, no ofrecen las mismas propiedades que el tradicional tapón de corcho. "Con el tiempo no mantienen el vino en condiciones estancas, provocando su oxidación y pérdida de propiedades –explica Elisabet Lázaro, responsable de investigación del área de Química de AB-Biotics-. Además, por motivos culturales los consumidores siguen prefiriendo descorchar la botella". Por otra parte, la fabricación de tapones de corcho supone el 85% del volumen de negocio del sector del corcho en el Estado español y en el mundo.

Millones de botellas contaminadas cada año

La publicación científica European Food Research and Technology calcula que entre un 0,1% y un 10% de las botellas que llegan al mercado podrían estar afectadas por TCA. Esto supondría, en el peor de los casos, un volumen superior a los 3.000 millones de botellas de vino contaminadas cada año en todo el mundo.

En la práctica, sin embargo, la industria del corcho ha realizado grandes avances que reducen mucho este riesgo, de modo que la cifra real de botellas contaminadas es muy inferior. "Gracias a nuestra preocupación para alcanzar la máxima calidad, nosotros hemos conseguido reducir los tapones afectados hasta límites casi imperceptibles -explica Joan Vigas, consejero delegado del fabricante de tapones J. Vigas, que lidera el proyecto de investigación -. Sin embargo, en el marco de nuestra política de tolerancia cero, queremos llegar a garantizar un 0% de tapones afectados, y es por ello que hemos decidido invertir en este proyecto".

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