La pluralidad de la singularidad

Javier Campo

Miércoles 03 de Enero de 2018

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Una ilusión. Un proyecto. Una apuesta. Una variedad. Una imagen. Un nombre. Una mujer. Un vino. Olga.

La pluralidad de palabras que se unen en la singularidad de un vino con nombre de mujer. Así es Olga. Un albariño de Rías Baixas que en su segundo año de vida ha recibido la Plata este 2017 en la Guía de Vinos, Destilados y Bodegas de Galicia.

Siendo la variedad reina de Rías Baixas, la uva albariño llena infinidad de botellas cada año en Galicia y nos muestra su potencial y diversidad. Cada cual decide trabajarla a su manera, fiel a sus principios. En Olga vemos un trabajo de 40 años, la misma edad que las cepas, en viñedos emparrados con el sistema de poda de vara y pulgar que cuidan José Manuel y su hija Ana en el Val do Salnés en Pontevedra.

El clima atlántico y los suelos graníticos, franco arenosos y de arcilla, confieren a Olga un carácter especial. Cuidada poda manual y vendimia en cajas, son parte del respeto de los Teijido por la elaboración de apenas 6000 litros de producción.

Al probarlo, y sinceramente, esperaba un albariño más "clásico" pero, Olga no es así. Así que como en tantas ocasiones, rompo estereotipos y parto de cero a la hora de valorarlo en mi nota de cata.

Visualmente su color es un amarillo verdoso un tanto pálido que podría dar falsas apariencias pero que son disipadas al caer en la copa con su densidad.

En nariz, los aromas primarios de albaricoque y melocotón esperados se mezclan con flores y con toques de sal marina.

En la boca tiene un primer ataque punzante y seco que al principio parece que vaya a caer en un vino corto, pero que provoca salivación, lo torna cremoso y remonta en retronasales largos y persistentes.

Desde la bodega aconsejan acompañarlo con mariscos y crustáceos, quesos y comidas asiáticas. Yo lo disfruté acompañando un arroz cremoso de liebre, por lo que os lanzo esa aportación para añadir a sus posibilidades de maridaje.

Javier Campo
Sumiller y escritor de vinos
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