La viticultura suiza, al borde del colapso por la caída del consumo y la presión de las importaciones

El sector reclama medidas urgentes para evitar que un 10% de la vendimia quede sin comprador este otoño

Jueves 19 de Febrero de 2026

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Swiss Grape Growers Lose Major Buyer as Domestic Wine Demand Plummets

La viticultura suiza atraviesa un momento delicado. El sector, que no figura entre los grandes productores mundiales, se enfrenta a varios problemas al mismo tiempo: descenso del consumo, exceso de producción, fuerte presión de los vinos importados y la necesidad de proteger su patrimonio histórico y paisajístico. Olivier Mark, presidente de la Comunidad Interprofesional de los Vinos de Vaud, ha explicado la situación actual y las medidas que considera necesarias para asegurar el futuro del sector.

A finales de enero, una carta enviada por una importante empresa suiza del sector alertó a unos 250 viticultores de que parte o la totalidad de su cosecha no sería comprada este año. Muchos de estos productores dependen exclusivamente de la viña para vivir. Según Olivier Mark, esta comunicación permitió poner cifras a un problema que ya se intuía desde el verano pasado, pero que hasta entonces no se había cuantificado con precisión. En primavera, el informe del Departamento Federal de Agricultura ya había mostrado una caída inédita en el consumo de vino en Suiza.

La decisión de la casa Schenk, uno de los principales operadores del país, sirve como indicador del retroceso en la demanda interna. Según los cálculos realizados por la organización profesional, al menos un 10% de la vendimia podría quedarse sin comprador en el próximo otoño. Ante esta situación, el sector ha intensificado sus contactos con los medios y las autoridades para buscar soluciones antes de que llegue la nueva campaña.

Olivier Mark propone tres medidas combinadas para afrontar el problema. La principal requiere una decisión a nivel federal: que los importadores que se beneficien de las cuotas libres de aranceles negociadas en acuerdos internacionales estén obligados a comprar una cantidad determinada de vino suizo. Según Mark, no se trata de cuestionar los acuerdos internacionales ni sus cuotas totales, sino de introducir una condición para acceder a esos beneficios fiscales.

A esta medida nacional se sumarían dos iniciativas cantonales: ayudas para la promoción del vino local y apoyo económico para arrancar viñedos y reconvertirlos a otros cultivos o usos favorables para la biodiversidad. En este sentido, se estudian opciones como dejar parcelas en barbecho con flores silvestres o colaborar con escuelas especializadas en paisajismo para diseñar medidas que mejoren tanto la biodiversidad como el atractivo visual del viñedo durante la primavera.

El sector también quiere evitar que se arranquen las parcelas más valiosas desde el punto de vista histórico o patrimonial. Por eso, han elaborado un mapa identificando las zonas consideradas “el corazón del viñedo”, como las terrazas históricas o las áreas con mayor valor cultural. La recomendación es que, si hay que arrancar viñas, se prioricen otras zonas menos emblemáticas. Las primas económicas asociadas a esta estrategia están todavía en negociación.

Olivier Mark advierte que todas estas medidas podrían ser inútiles si no se regula primero el acceso al mercado interno por parte de los vinos extranjeros. Actualmente, dos tercios del vino consumido en Suiza procede del exterior. Si solo se reduce la producción local sin limitar las importaciones, el resultado sería negativo para los productores nacionales y su patrimonio.

El debate sobre el libre comercio y las medidas proteccionistas ha cobrado fuerza en Suiza debido al nuevo escenario geopolítico y económico internacional. Según Mark, hace unos años era más sencillo conseguir fondos federales para apoyar al sector agrícola, mientras que introducir restricciones comerciales parecía imposible. Ahora observa un cambio: las circunstancias internacionales hacen más viable aplicar ciertas condiciones a las importaciones, mientras que obtener dinero público resulta cada vez más difícil.

La caída del consumo es uno de los principales factores detrás del deterioro del mercado vitivinícola suizo. Olivier Mark insiste en que no buscan cerrar el país a productos europeos de calidad, pero sí consideran necesario actuar para evitar el colapso del sector local. Para él, si no se toman decisiones urgentes ahora, la viticultura suiza corre serio riesgo de desaparecer. La cuestión central es qué valor otorga Suiza a su patrimonio vitivinícola y si está dispuesta a protegerlo frente a los cambios actuales del mercado y las tendencias internacionales.

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