Acordarse de los primeros

Javier Campo

Lunes 18 de Octubre de 2021

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Nombrar las grandes Denominaciones de Origen y algunas de sus marcas más representativas no es demasiado difícil. Acordarse de los primeros vinos de pequeñas Denominaciones que, hasta no hace mucho no eran tan conocidas, quizás sí. Recordemos algunos de ellos.

El primer vino que pruebas de una DO se suele recordar. A mi me pasa. Vemos como algunas zonas que ahora nos parecen "conocidas" hace veinte años no lo eran tanto. De hecho, no lo eran nada y solían ir acompañado de "¿eso donde está?"

Recuerdo el primer vino que probé de Terra Alta que fue el Avi Arrufí de Celler Piñol elaborado con Garnacha y Cariñena. No mucha gente, ni siquiera en Catalunya, conocía los vinos de Terra Alta y, lo que conocían estaban dentro de los vinos "de batalla" a granel y con graduación suficiente para caldear una casa.

Los vinos en Jumilla eran contados por miles de litros en lugar que por botellas y fue el Casa de la Ermita Petit Verdot el que me marcó. De hecho, aun me sigue gustando después de más de 20 años. Aun se tardó un poco en reconocer la calidad de los vinos de esta zona.

En un pequeño restaurante de Madrid, escuché como en la mesa de al lado un señor preguntaba dónde estaba El Bierzo. Era el 2002. Al pedir la carta de vinos encontré un vino elaborado con la variedad mencía que, apenas se conocía y descubrí mi primera botella de Dominio de Tares Cepas Viejas. Este año precisamente cumple dos décadas.

Ahora, con capital extranjero y relegado a lineales y cestas navideñas, recuerdo el Carta Nevada de Freixenet. Sus "burbujitas" de anuncio de Navidad fueron super efectivas y era uno de los cavas más consumidos. Y por favor, no entremos en la calidad. Gracias a Freixenet y Codorníu, se conoce el cava, nos guste o no.

En La Rioja nos pasa algo parecido con El Coto o Marqués de Cáceres. Eran las marcas del momento y, de hecho, siguen ahí. Pero de uno de los que más me acuerdo es del Federico Paternina, Banda Azul. Quizás porque mi padre me hacía abrirlo para los clientes cuando tenía tan solo seis años.

Otros, como el Viña Sol o el Viña Esmeralda de Torres, incluso han cambiado de DO, pues antes eran Penedés y ahora son Catalunya. Pero siguen ahí. De hecho, todos, los que he nombrado, siguen en el mercado y, muchos de los que hace pocos años conocíamos ya no están, o han cambiado de nombre, o la bodega ya no existe. Mi reconocimiento a los primeros que fueron quienes pusieron nombre y localización al vino y, a la historia personal de cada uno.

Javier Campo
Sumiller y escritor de vinos
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