La carta de vino de los hoteles es para llorar

Javier Campo

Miércoles 16 de Octubre de 2019

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¿Por qué se cuidan detalles en las habitaciones y el bienestar del hospedado y, sin embargo, la carta de comida y vino del restaurante de hoteles de cuatro o cinco estrellas es para llorar? Pues porque no todo es oro lo que reluce

"Me voy a dar un homenaje este fin de semana". Gran premisa y más que merecida si te has pasado la semana trabajando y te lo puedes permitir. Entonces entras en el buscador de hoteles que sea con sus mega ofertas y sus súper opciones.

Es más. Como eres hábil, usas varios de esos buscadores para encontrar una comparativa y al final, te decides por un hotel en "x" sitio. Buen acceso. Parking en el propio hotel. Cuatro estrellas con una zona dedicada al relax. Pinta bien. Las opiniones de otros usuarios son bastante buenas. Las fotos del restaurante son chulas. Pues ahí vamos.

Llegas al hotel y te atienden de manera amable en la recepción. Te explican los servicios y los horarios, donde se desayuna, etc. Subes a la habitación. Bien. Limpia y cómoda. Pues vamos bien, piensas. Vamos al spa y nos relajamos un poco. Después, una ducha y a la cena. Que bien.

Entras en el restaurante (que no es bufete) y te dan la carta. Entonces, ahí empieza todo. No. No se han equivocado. La carta es del 2019 y no de 1975. Pero, la ensalada ilustrada, el consomé, espárragos dos salsas (dos nada menos), son los entrantes. Escalope milanés, entrecote a la pimienta o al roquefort, merluza a la vasca y de postre, copa de la casa y pijama. Toma ya. Con un par.

Cuando pensabas que ya no podía ser peor, miras la carta de vinos y...¡horror! No me atrevo a nombrar marcas para no ofender a nadie, pero algunos de vosotros entre sonrisas ya os los estáis imaginando y visualizando mi cara de estupor.

Vamos a ver Señores Hoteleros. ¿Podrían Ustedes dedicar un poquito de tiempo y cuidado al restaurante de su maravilloso hotel? Es alucinante que sigamos ofreciendo una oferta gastronómica y vinícola en un hotel de cuatro o cinco estrellas que no corresponde ni a una pensión de carretera. Si hablamos de algunos bufetes es mucho peor y los desayunos los dejamos para otro momento.

Ese parámetro de que los blancos son de Penedés, los tintos de La Rioja y los rosados de Navarra, está un poco pasado de vueltas. Tenemos blancos, tintos, rosados y espumosos maravillosos en cualquier sitio de nuestra geografía y, con precios más que asequibles y con una calidad precio que ya quisieran otros países tener lo que tenemos aquí.

No estamos hablando de poner vinos de 200 € la botella. Estamos hablando de actualizarse y tener una carta acorde a la realidad presente y no al NODO en blanco y negro. No se trata de técnicas complejas en cocina (que Master Chef está muy bien, pero existen otras realidades). Si un restaurante de menú de 15 € puede hacernos disfrutar muchísimo con una comida ¿Por qué un hotel con todo su esplendor cuida tan poco su oferta gastronómica y de vinos? Pues mira, un misterio sin resolver, porque, podemos intuir que es una cuestión de dinero y también podemos intuir que les da igual. Menos mal que no todo es así y aún hay quien tiene dignidad profesional. A todos ellos y ellas, gracias.

Javier Campo
Sumiller y escritor de vinos

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