Miércoles 09 de Septiembre de 2026
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Kimi Antonelli, piloto de Mercedes, ganó este martes, 8 de septiembre, el Gran Premio de Italia de Fórmula 1 en Monza y firmó una victoria con peso deportivo y simbólico para el automovilismo italiano. Moët & Chandon, champán oficial de la categoría, convirtió la celebración del podio en el eje de una amplia operación de imagen en torno a la carrera, en la que también puso en valor su larga relación con la Fórmula 1.
La prueba terminó con Antonelli en lo más alto del podio tras remontar desde la 19ª posición de la parrilla, seguido por George Russell, también de Mercedes, y Max Verstappen, de Red Bull. La casa francesa recuerda que ningún piloto italiano ganaba en Monza desde 1966, cuando lo hizo Ludovico Scarfiotti con Ferrari. Tras el himno y la ceremonia oficial, los tres pilotos participaron en el rito habitual del podio con la jeroboam de celebración de Moët & Chandon, firmada por el vencedor y su equipo.
La presencia de la marca en Monza fue más allá del podio. La firma, integrada en el grupo LVMH, aprovechó el Gran Premio de Italia como uno de los escaparates principales de su acuerdo con la Fórmula 1. Ese vínculo se reactivó en 2025, cuando Moët & Chandon recuperó el papel de champán oficial de la categoría dentro de un acuerdo de diez años entre LVMH y la Fórmula 1. En los años anteriores, ese espacio lo había ocupado Ferrari Trento.
La empresa organizó acciones de hospitalidad en el circuito y también en Milán durante el fin de semana de la carrera. Entre los invitados figuraron el expiloto Jean Alesi, el rapero Lazza y los actores Stefano Accorsi y Michele Morrone, junto a cocineros y sumilleres de varios restaurantes italianos. La operación combinó relaciones públicas, presencia de marca y actos para invitados en una de las citas con más proyección del campeonato.
Sibylle Scherer, presidenta y consejera delegada de Moët & Chandon, vinculó ese regreso a una estrategia de continuidad. “Nuestra segunda temporada junto a la Fórmula 1 marca el paso de una vuelta a una presencia estable. Unidos por la misma búsqueda de precisión y excelencia, Moët & Chandon y la Fórmula 1 celebran el saber hacer, el trabajo en equipo y la pasión que definen ambos mundos. Juntos seguimos convirtiendo el podio en un momento de victoria compartida y rendimos homenaje al espíritu colectivo que hay detrás de cada meta”, afirmó.
La marca sitúa el origen de su relación con la Fórmula 1 en 1950. Moët & Chandon recuerda que, en el Gran Premio de Reims de ese año, Frédéric Chandon de Briailles ofreció de manera espontánea una botella al ganador. De ese gesto nació, según la compañía, una tradición que después quedó ligada al podio y a la jeroboam de celebración. La casa francesa asocia esa imagen a campeones de distintas épocas, entre ellos Jackie Stewart, Ayrton Senna, Niki Lauda, Alain Prost, Mika Häkkinen y Michael Schumacher.
El vínculo con el motor, siempre según la firma, es incluso anterior a la creación del campeonato del mundo. La maison remite a 1936, cuando Tazio Nuvolari, tras ganar la Copa Vanderbilt, bebió champán de una jeroboam de Moët & Chandon. Esa referencia forma parte del relato histórico que la empresa utiliza para unir su marca a los grandes momentos del automovilismo.
En la temporada 2026, la casa francesa ha estructurado su presencia en torno a cada fase del ritual posterior a la carrera. Todo empieza en el Parc Fermé, donde el piloto ganador firma la jeroboam de celebración. Después, la botella pasa a formar parte de la colección histórica que Moët & Chandon conserva en sus bodegas de Épernay. A continuación llega la Cooldown Room, en la que los pilotos repasan la carrera, y más tarde el paso por el corredor que conduce al podio.
Para la cita de Monza, la empresa añadió dos elementos de fuerte carga visual. Uno fue Spirit of 1743, un globo aerostático con forma de tapón de champán que recuerda el año de fundación de la casa y que sobrevoló el circuito y la ciudad. El otro fue un Mercedes-Benz 600 Pullman conducido por Jean Alesi, un vehículo que Moët & Chandon utiliza en su propiedad para recibir a invitados.
La victoria de Antonelli dio a esa puesta en escena un valor añadido para el público italiano. Monza es una de las carreras con más arraigo del calendario y el triunfo de un piloto local, unido al regreso de Moët & Chandon como champán oficial, permitió a la marca asociar su imagen a una escena con una carga histórica poco habitual: un italiano en lo más alto del podio de casa seis décadas después.
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