Martes 14 de Abril de 2026
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La guerra que enfrenta a Estados Unidos e Israel con Irán está generando presión en la cadena de suministro y afectando a industrias con redes muy atomizadas, como la automoción, la electrónica o la energía. En plena tregua y cuando ya se cumplen seis semanas desde el comienzo de las hostilidades, la incertidumbre sigue marcando la geopolítica internacional y sus efectos se dejan notar en la economía.
Fernando de Águeda, CEO de Scalian Spain, advierte de que en la península ibérica los sectores más perjudicados por los retrasos derivados de este conflicto son el retail y el agroalimentario, por el peso que están soportando los costes logísticos. Entre las principales presiones cita el aumento del precio de los carburantes y de la energía, además de los cambios de ruta, el transporte detenido y la inflación que arrastran productos y servicios.
Las consecuencias inmediatas pasan por la rotura de stock o la parada de producción. Pero, según de Águeda, el problema de fondo es otro: los sobrecostes que reducen el margen y el daño reputacional, que puede tardar años en repararse. El directivo, que también es vicepresidente de Scalian para el sur de Europa, sostiene que las empresas están mejor preparadas que hace una década para afrontar episodios de inestabilidad como el actual, aunque sigue existiendo una brecha importante.
De Águeda recuerda que la pandemia fue un curso acelerado de digitalización, pero que muchas compañías siguen trabajando con puntos ciegos en su inventario o en sus dependencias críticas. A su juicio, la respuesta pasa por la resiliencia empresarial, entendida no como una idea abstracta, sino como una capacidad técnica apoyada en la inteligencia operativa.
Scalian plantea conectar demanda, producción y logística en un modelo vivo gracias a la IA. El objetivo es pasar de una gestión estática a una resiliente, algo que, según el directivo, marca la diferencia entre sobrevivir a una crisis o salir reforzado de ella. Esa inteligencia operativa permite decidir antes de que llegue el bloqueo.
La IA, explica, sirve para ver lo que no es visible a simple vista. Puede detectar un retraso probable por clima, una saturación en un puerto o una anomalía de calidad antes de que lo haga un analista humano. La compañía trabaja, añade de Águeda, en la combinación de datos internos del cliente con señales externas como la geopolítica, las rutas o los mercados. No solo se trata de prever el problema, sino de proponer la solución óptima en tiempo real.
Los datos, subraya, son el oxígeno del sistema. Sin ellos, la decisión llega tarde. Con visibilidad total, una empresa puede redirigir una ruta o activar un proveedor alternativo en minutos, no en días. En ese esquema, los data lakes, una de las áreas de especialización de Scalian, permiten que la información no sirva solo al departamento de IT, sino también al resto de áreas de negocio.
Ese uso de los datos convierte la cadena de suministro en un organismo que proyecta la demanda para no fallar al cliente y optimiza cada paso para reducir costes. La combinación de trazabilidad en tiempo real con IoT y herramientas predictivas como los gemelos digitales permite, según la compañía, dejar de depender de la incertidumbre para gestionar certezas.
El cambio ya se nota con especial intensidad en varios sectores. En aeronáutica y espacio, la mayor complejidad de la cadena de suministro está acelerando la adopción de soluciones avanzadas, como la inteligencia artificial. También ocurre en entornos críticos como la energía o la defensa, donde garantizar la continuidad operativa es fundamental. En gran consumo, el uso de datos y capacidades analíticas está ayudando a mejorar la eficiencia y a optimizar los costes de abastecimiento.
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