La mayor cooperativa de vinos de la Côte Vermeille acumula 20 millones en deudas y afronta su posible desaparición

El desplome de ventas y el exceso de stock amenazan el empleo y el paisaje agrícola en los Pirineos Orientales

Miércoles 14 de Enero de 2026

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Côte Vermeille Wine Cooperative Faces Collapse With €20 Million Debt and 60,000 Hectoliters of Unsold Stock

La cooperativa Terre des Templiers, conocida oficialmente como GICB (Groupement Interproducteurs Collioure Banyuls), atraviesa una situación crítica en la región de la Côte Vermeille, en los Pirineos Orientales. Esta entidad, la mayor productora de los vinos Collioure y Banyuls, acumula cerca de 20 millones de euros en deudas y se encuentra bajo administración judicial. El presidente del GICB, Laurent Barreda, comunicó a los socios en diciembre que la cosecha de 2025 no superará los 9.000 hectolitros y que la tesorería está agotada. Según sus palabras, el sector del vino en la zona sufre una caída drástica de ventas.

El GICB agrupa casi la mitad de los viñedos de la Côte Vermeille y representa entre el 40% y el 45% del volumen y superficie total. La cooperativa cuenta con unos cincuenta productores, además de dos cooperativas más pequeñas —l’Etoile y Les Dominicains— y varios viticultores independientes. El alcalde de Banyuls-sur-Mer y antiguo presidente del GICB, Jean-Michel Solé, señala que las dificultades económicas se arrastran desde hace más de quince años. Explica que el papel social de la viticultura es importante para la localidad, ya que emplea a decenas de personas. La posible desaparición del GICB podría dejar sin trabajo a muchos empleados y transformar el paisaje agrícola en terrenos abandonados, lo que aumentaría el riesgo de incendios y supondría una pérdida patrimonial y turística.

La nueva bodega del GICB se inauguró en 2011 con capacidad para procesar hasta 23.000 hectolitros, cifra que incluso se superó durante un tiempo. Sin embargo, las ventas no acompañaron ese crecimiento. El precio de producción de una botella ronda los 14 euros debido a la dificultad para mecanizar las viñas en terrazas. Para obtener beneficios, una botella de Banyuls debería venderse por al menos 30 euros. El escaso margen comercial ha provocado una reducción progresiva del número de viticultores activos.

El mercado exterior apenas representa un 5% del volumen total vendido por el GICB y la presencia en grandes superficies ha caído notablemente en los últimos años. En paralelo, otras cooperativas importantes como Arnaud de Villeneuve en Rivesaltes también han solicitado protección judicial por problemas financieros similares.

Romuald Peronne, presidente del sindicato de los viñedos de la Côte Vermeille, considera que el principal problema es comercial: hay un exceso de stock —unos 60.000 hectolitros— y la demanda sigue bajando. Según sus cálculos, sería necesario reducir la superficie cultivada a unos 500 o 600 hectáreas frente a las 1.200 actuales para adaptarse a la situación actual del mercado. Peronne ha dejado sin cultivar parte de su propio viñedo ante la falta de rentabilidad.

Los viticultores independientes también sufren dificultades, aunque su estructura les permite adaptarse mejor que una gran cooperativa con elevados costes fijos. Para Peronne, el modelo cooperativo mayoritario en estas denominaciones está llegando a su fin; hace treinta años había unas cuarenta cooperativas en el departamento y ahora podrían quedar solo cinco o seis en pocos años.

Algunos productores consideran alternativas como plantar olivos o almendros o dedicarse a la ganadería ante la imposibilidad de vender vino suficiente para mantener sus explotaciones. En Cerbère ya predominan los terrenos abandonados donde antes había viñas.

Georges Roque, pequeño socio del GICB con un solo hectárea y expresidente de la cooperativa, expresa su preocupación por el futuro inmediato: muchos socios dependen económicamente del reparto anual para complementar sus ingresos o pensiones. Parte de las deudas corresponde a pagos pendientes con los propios socios además de con entidades financieras.

El sindicato estudia posibles soluciones técnicas para adaptar el viñedo a nuevas demandas: se están instalando sensores climáticos para analizar el suelo y valorar el traslado parcial de parcelas hacia zonas más frescas y húmedas en altitud. También se plantea modificar las orientaciones tradicionales para producir vinos blancos o rosados y tintos ligeros, más acordes con las tendencias actuales.

En paralelo, se busca mejorar la imagen del Banyuls mediante acciones promocionales como rutas gastronómicas o campañas informativas dirigidas tanto al público local como al visitante. Se está tramitando incluso una candidatura para que los vinos dulces naturales sean reconocidos por la UNESCO como patrimonio cultural inmaterial.

Guillaume Geniez, propietario de Caves Maillol en Banyuls-sur-Mer, subraya el valor patrimonial y comercial potencial del Collioure y el Banyuls: son vinos capaces de conservarse durante décadas pero no logran alcanzar precios acordes a su calidad ni reconocimiento suficiente entre los propios habitantes catalanes. Geniez compara esta situación con otros productos regionales como el pimentón vasco o el vino Porto portugués, que han sabido posicionarse mejor tanto dentro como fuera del país.

El futuro inmediato dependerá tanto del resultado del proceso judicial abierto sobre el GICB como de la capacidad colectiva para reinventar el modelo productivo y comercializar estos vinos históricos en un mercado cada vez más reducido. Mientras tanto, muchos viticultores esperan noticias sobre posibles compradores o soluciones que permitan mantener viva una tradición centenaria en esta zona costera francesa.

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