Lunes 23 de Febrero de 2026
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El enoturismo se ha consolidado como un motor económico y social en Ribera del Duero, según las conclusiones de la mesa redonda celebrada en Roa con motivo de la presentación del informe elaborado por PwC. El análisis, centrado en la contribución del vino y la Denominación de Origen a la economía local, regional y nacional, revela que la actividad vinculada a la D.O. genera más de 1.330 millones de euros de PIB en España, cerca de 21.000 empleos y una recaudación fiscal en torno a 460 millones de euros.
Durante el encuentro, moderado por Beatriz Solano, participaron Jordi Esteve Bargués, socio responsable de Economics y Strategy en PwC; Enrique Pascual, presidente del Consejo Regulador de la D.O. Ribera del Duero; Miguel Ángel Gayugo, presidente del Consorcio de la Ruta del Vino Ribera del Duero; y Fernando Rodríguez de Rivera, director general de Bodegas Prado Rey. Todos coincidieron en el papel estratégico del enoturismo para el empleo, el desarrollo territorial y la proyección exterior de Ribera del Duero.
El informe destaca que el enoturismo no solo atrae visitantes, sino que genera empleo estable y de calidad en el medio rural, impulsa sectores como la hostelería y la gastronomía y refuerza el posicionamiento premium de la denominación de origen. Miguel Ángel Gayugo subrayó que "el enoturismo no solo trae visitantes, sino empleo estable, apoyo al territorio y oportunidades para los jóvenes. Ribera del Duero no es la España despoblada, es la Ribera de las oportunidades".
Desde la perspectiva de las bodegas, el impacto económico es directo. Fernando Rodríguez de Rivera explicó que "el gasto medio del enoturista es casi tres veces superior al del turista convencional y, además, construye marca. El visitante no solo compra una botella, vive una experiencia, y eso refuerza el valor percibido del vino". El enoturismo vinculado a la Ruta del Vino Ribera del Duero genera por sí solo 79 millones de euros de PIB y más de 1.350 empleos, lo que confirma su papel como complemento estratégico a la actividad vitivinícola.
Los participantes en la mesa redonda señalaron que el desarrollo del enoturismo y del sector vitivinícola requiere afrontar retos estructurales relacionados con la conectividad, las infraestructuras y la ordenación del territorio, especialmente en la convivencia con otras actividades industriales. Enrique Pascual advirtió que "el vino aporta territorio, cultura y desarrollo económico, pero a veces nos encontramos con normativas y decisiones administrativas que dificultan esa actividad. Resulta paradójico que en zonas rurales que generan riqueza se acabe estigmatizando al sector".
Jordi Esteve Bargués defendió la necesidad de adoptar una visión integral y de largo plazo en la toma de decisiones, evitando el cortoplacismo y definiendo el modelo de territorio que se quiere construir. Fernando Rodríguez de Rivera añadió que los conflictos territoriales afectan directamente a la experiencia del visitante y recordó que "las grandes regiones vinícolas del mundo protegen su paisaje y su identidad. Eso forma parte del valor del vino". Miguel Ángel Gayugo identificó la movilidad, la conectividad y la vivienda como elementos clave para mejorar la experiencia enoturística y atraer talento joven al territorio.
El debate también abordó los principales factores que marcarán el futuro de Ribera del Duero, como el posicionamiento internacional, la adaptación al cambio climático y la conexión con los nuevos consumidores. Jordi Esteve señaló que "Ribera del Duero está claramente posicionada en el segmento premium, con un precio medio de exportación muy superior a la media nacional. Eso refleja una percepción de alta calidad, reputación y rentabilidad en los mercados internacionales".
En este sentido, el enoturismo se ha convertido en una herramienta fundamental para explicar el valor del vino y fidelizar al consumidor. Miguel Ángel Gayugo destacó que "el visitante entiende el esfuerzo, el territorio y la cultura que hay detrás de una botella, y eso genera una conexión duradera". Enrique Pascual insistió en la importancia de acercar el vino a las nuevas generaciones desde un enfoque cultural y experiencial, promoviendo siempre un consumo responsable.
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