La cosecha ya no es de Dios

José Peñín

Martes 03 de Noviembre de 2020

Compártelo

Leído › 3021 veces

Hoy el vino es un pequeño lujo gracias al emprendimiento de una nueva raza de agroenólogos que nació en los primeros años de los Noventa

Cuando la Rioja se puso en marcha como Denominación de Origen, es decir, que no solo el Reglamento fuera un papel, sino que se materializara en hechos, la principal actividad era atajar el tráfico de vinos foráneos más baratos para mezclarlos con los propios. Pero no solo se hacía por abaratar costes, sino también para corregir una añada mediocre, mejorándola con una superior de un territorio más afortunado por el clima. Esto era lo que sucedía allá por los comienzos de los Ochenta, pero hoy esta práctica es una rareza. El dicho de que "la uva es de Dios" ha dejado de tener vigencia porque ahora es el hombre el que manda en la viña.

Hace más de 20 años escribí un artículo similar en relación a las prácticas de mezclar una añada excelente con otras pasables. El bodeguero prefería mejorar la débil cosecha con una buena porque la mejor la vendería al mismo precio que la inferior, a diferencia de Burdeos, donde el precio tiene que ver con la calidad de la añada. Este fenómeno se produjo con la de 1982. Una cosecha que fue extraordinaria en Burdeos (además de ser elevada a los cielos por Robert Parker) y también en la Rioja. En general, las grandes cosechas suelen coincidir en ambas zonas. En la Rioja algunas bodegas exhibieron la 1981 como buena cuando, en realidad, ambas (1981 y 1982) se mezclaron secretamente para convertirse en "muy buena", renunciando a vender como "excelente" la del 82.

Hoy se habla más de las excelencias de una bodega o de una marca por su elaboración y crianza que por su añada o por su origen. Además, oficialmente se puede añadir un 15% de otra cosecha, generalmente más joven, para "refrescar". Nunca como ahora la inteligencia ha sabido compensar la inconstancia de la Naturaleza. A los enófilos de buena fe, esto ya comienza a desencantarles porque cae en picado la expectación por las cosechas. Conseguir una buena añada entre otras mediocres es apasionante para el gozador, para el coleccionista y para el pujador de la subasta. Es menor la satisfacción de beber una cosecha excelente que el apreciar su diferencia respecto de las mediocres. Y es que, si todas son buenas, este placer pudiera convertirse en un aburrimiento. En España, las cosechas monótonamente buenas se van generalizando, por la sencilla razón de que las Denominaciones de Origen más señeras son lo suficientemente extensas como para que sea raro que la maduración de la uva haya sido mala o mediocre en todo su territorio. A esto hay que añadir el mayor control humano de la viña y mejores prácticas enológicas, sin contar con el clima agrícola en la Península, que es más uniforme que al otro lado de los Pirineos. Por lo tanto, podemos asistir al ocaso de la Cosecha como atracción y la generalización del vino de autor con sus diferentes añadas como resultado de los cambios y mejoras en los modos de trabajo ¿Hay alguien que sea capaz de detectar en una marca española de calidad los factores naturales de sus últimas diecisiete cosechas? Lo veo muy difícil. Incluso en Burdeos o Borgoña, donde hay más diferencias entre cosechas que aquí, los cambios de antaño ya no son tan acusados debido al factor humano.

Durante muchos años la cosecha riojana de 1.964 llegó a ser codiciada y gozada. Hoy todavía algunas botellas sobreviven con el permiso del tapón, y solo si procede de la propia bodega de elaboración. No me fiaría del descorche de una colección particular. Aquella añada fue mítica porque se rodeaba de una década de cosechas más o menos pasables o mediocres ante la impotencia humana de corregirlas y, por eso, se incrustó en nuestra memoria.

La mayor revolución que se ha producido en el vino ha sido cuando ha dejado de ser una bebida imprescindible. Hoy el vino es un pequeño lujo gracias al emprendimiento de una nueva raza de "agroenólogos" que nació en los primeros años de los Noventa. Es decir, cuando el hombre se da cuenta de que el vino nace en la viña, y no en la bodega. He insistido mucho sobre la capacidad profesional de esa nueva casta para hacer grandes vinos con cosechas que, en otros tiempos, eran mediocres. Las podas y la "mesa de selección" de racimos y uvas han sido unas de las más importantes claves que han logrado que bebamos los mejores vinos de la historia.

José Peñín
Posiblemente el periodista y escritor de vinos más prolífico en habla hispana.
¿Te gustó el artículo? Compártelo

Leído › 3021 veces

Comenta