¿Qué es un buen vino?

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Jueves 18 de Junio de 2020

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La cuestión de la calidad es uno de los aspectos más importantes en un sector como el del vino, pero al mismo tiempo un elemento de tanta discrepancia que en muchas ocasiones ni los que más saben se ponen de acuerdo. 

¿Te has dado cuenta de que en ninguna parte dentro de la lista de términos que usamos para describir los vinos figuran las expresiones gran, muy bueno o bueno? ¿Te has dado cuenta de que ningún experto definirá un vino como "un gran vino" o "muy buen vino"? ¿Casualidad?

¿No sería más fácil decir en la tienda de vinos "déme un vino muy bueno para la cena de esta noche", en lugar de preocuparnos por si los vinos son frescos, afrutados o especiados?

¿No es de calidad de lo que se trata en última instancia o, al menos, de la calidad en relación con un determinado precio, conocida también como valor?

La calidad es tan importante que a veces se convierte en tema de conversación e incluso discutimos durante una comida sobre la calidad del vino que estamos tomando. No es que no reconozcamos un gran vino cuando lo encontramos; de hecho, generalmente estamos de acuerdo sobre si el que estamos tomando es bueno o no. Lo que discutimos es hasta qué punto lo es, porque ésta es una cuestión de gusto personal.

El gusto de cada cual

El instrumento que mide la calidad de un vino es el paladar de un ser humano y, puesto que somos todos diferentes, tenemos opiniones distintas sobre hasta qué punto es bueno un vino.

La opinión combinada de un grupo de paladares expertos y adiestrados (sumilleres, prescriptores, críticos, periodistas, bloggers, bodegueros, viticultores, enólogos...) se considera, en general, como un juicio definitivo sobre la calidad de un vino. Pero no hay garantía de que a ti vaya a gustarte el vino que estos expertos están de acuerdo en calificar como muy bueno.

He comprado vinos con muy altas puntuaciones y lo he tirado al fregadero porque no me parecía nada bueno. Nos damos cuenta de que esto suena como a una anarquía, en la que cada cual decide por sí mismo qué es bueno y qué no lo es. Pero así es.

Puesto que el propósito primordial de un vino es saber bien, la persona que lo prueba es la única que puede decidir si uno en particular le sirve o no. Nadie sabe más sobre gustos de vinos que tú, al fin y al cabo, nadie puede decirte lo que te tiene que gustar.

Desde luego hay muchos grados entre bueno y malo. Nuestro viejo coche nos sirve si nos lleva adonde vamos, pero probablemente no se considere un buen vehículo porque sentimos cada bache de la carretera. En algún momento alguien estableció patrones de calidad para los coches, que dicen que los mejores automóviles son silenciosos, ruedan suavemente y se conducen con facilidad.

Para los vinos también existen patrones de calidad, como en los coches.

Eso sí, no son medibles como en los coches, y es ahí donde se generan las discrepancias.

Siguiendo con el símil automovilístico, en el mundo del vino no existen "circuitos de prueba" donde se pueda medir la calidad del vino con instrumentos científicos y en igualdad de condiciones. La medida está en nuestros propios paladares.

Posiblemente falte ciencia a nivel consumidor en la industria del vino y, aunque se han iniciado varias investigaciones sobre lenguas digitales para tal propósito, a fecha de hoy no existe un mecanismo de valoración objetiva como sí pasa en otros sectores.

Entonces, ¿qué es un buen vino?

Es, por encima de todo, un vino que nos gusta lo suficiente como para tomarlo.

Más allá de eso, la calidad de un vino depende de hasta qué punto cumple una serie de condiciones establecidas por expertos y entrenados catadores que están (más o menos) de acuerdo con ellas.

Estos conceptos explican términos misteriosos como equilibrio, longitud, profundidad, complejidad y tipicidad. Dicho sea de paso, ninguno de estos conceptos es mensurable objetivamente.

Un artículo de P. Álvarez
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