Lunes 09 de Marzo de 2026
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Nos encontramos en Bodegas Bilbaínas, la bodega centenaria que se encuentra a cien metros del apeadero del tren, en el barrio de la Estación de Haro, cuna de las grandes bodegas históricas de la DOCa Rioja.
En esta DOCa, sus vinos han redefinido en los últimos 35 años el panorama aquiescente que había tras la larga travesía del desierto de los años 60-70-80 y hasta la feliz eclosión creadora que fue surgiendo a partir de los años noventa del siglo pasado. Poco a poco se han ido mostrando caracteres marcados en cada enólogo-a, con su personalidad, sus actuaciones de índole diversa y temperamentos de toda condición. Conozco a bastantes mujeres y hombres que trabajan la enología con entrega total; he catado sus vinos y seguido sus pasos creativos; siempre desde el punto de vista estrictamente profesional. Sin embargo, en esta ocasión, quiero poner en consideración el aspecto humano de las personas que trabajan la vitivinicultura, su visión personal, las emociones con las que han de lidiar cada día en el campo y en la bodega; todo lo que implica trabajar la viña y elaborar los vinos.
Me he acercado a Bodegas Bilbaínas para charlar con Mayte Calvo de la Banda, natural de Ezcaray, y reciente ganadora del Premio Isabel Mijares como la Mejor Enóloga del año. Mayte es licenciada en Química y Enología por la Universidad de La Rioja y fue profesora allí. Actualmente es directora Técnica de Bodegas Bilbaínas.
Bien podemos decir que Mayte, como tant@s compañer@s en la Rioja del vino, atesora dentro de sí lo más genuino de nuestra condición humana; trabajando cada día las viñas, escuchando qué les dicen las cepas, interpretando los presagios y cómo se expresan los vientos a veces furiosos, a veces persistentes que soplan en Haro y por las laderas de los Montes Obarenes y la Sierra Cantabria.
Si estamos de acuerdo con lo anterior, ahora añado que es bien diferente escuchar las cosas que te cuentan los relatadores de historias que cómo te las puede contar la persona protagonista. Yo siempre he aprendido escuchando a las personas, compartiendo sus sentimientos, sus inquietudes.
Escuchar a Mayte hablar de mantener el viñedo, de mínima intervención en el mismo, de la importancia de la fermentación espontánea para lograr vinos diferenciados, de -con 15.000 kilos de uva- crear 7.000 botellas de Viña Zaco... sientes que ha vuelto el viejo Aristóteles a iluminarte con su sabiduría.
Resulta que, con lo que están cambiando los tiempos, -perdón, las personas- últimamente se está dando un fenómeno que, sin necesidad de irnos a otras latitudes u otras zonas, aquí en La Rioja está encontrando igualmente cauces de expresión para ofrecer vinos que emocionan. Mayte se especializó en microbiología enológica y fue docente en la Universidad de La Rioja. Me dice que se siente cautivada por ese mundo invisible de la biología y con su investigación, que fue su despertar al vino. Ella hace uso de su vena artística, de la intuición más el procedimiento, de imaginar visualizar el vino antes de hacerlo. Además, tiene la suerte de que le encanta comunicar y trabajar con personas; mantener la cultura vitivinícola y transmitirla a la gente joven.

Mayte diluye su figura en el espacio histórico de la bodega, así, bien podría perderse y desaparecer entre el espectacular entramado de calaos, de salas de fermentación y de parques de barricas de Bodegas Bilbaínas. Sin embargo, lo que hace es llevar a cabo un trabajo operativo concienzudo, sin concesiones a la sistematización o a la rutina; controlando la crianza del vino de cada partida, poniendo cuidado exquisito en cada depósito, al modo de cómo la madre cuida y nutre a su prole. Aún y con todo, ha de lidiar con lo que conlleva el mundo del vino; conciliar su vida personal con la profesional.
Ella es consciente de que es la cara y los ojos de los vinos que elabora junto a su equipo, al cual entrega mucho de sí misma; y a la vez tiene bien presente que después de todo, los resultados son fruto del esfuerzo de todo ese equipo. Desde esa perspectiva, y con la calma adquirida gracias a la experiencia acumulada, seguridad en sí misma y confianza de que puede superar lo que se le presente, pues entiende que hay que ser osados en este mundo y enfrentar todo lo que se presente con dosis de optimismo, entusiasmo y ganas de superar el reto del día a día. Sobrellevar todo esto no es sino el relato de una pasión, en este caso la de querer manifestar bien alto el carácter, la fuerza de su persona y de la tierra donde nació y vive, más la bondad que transmite en su trabajo e igualmente la expresión de cariño y bien hacer en su faceta como creadora de vinos.
Todo lo apuntado hasta aquí, con ser aproximado al perfil del pensamiento y actitudes de Mayte Calvo de la Banda, para resultar válido hay que tomar en consideración algo que es fundamental en la creación y cuidados de los vinos: por supuesto que cuando se elaboran vinos, en ellos van necesaria e implícitamente infiltradas las filias de la persona; así como las preocupaciones intelectuales que le son propias; y también algún que otro interés subliminal que se escapa o que se introduce en el proceso de creación. En su desarrollo, también está siempre presente la formación recibida y la experiencia vital adquirida. Ellas también dejan su huella de una manera u otra en el resultado final que se pone en una botella.
Concluyendo, por tanto, podemos afirmar que Mayte Calvo es expresión genuina de la enología riojana; de una enología moderna que está elevando el listón de la calidad hasta limites insospechados hace tan solo 35 años.
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