Lunes 01 de Septiembre de 2025
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Los comercios de bebidas alcohólicas en Estados Unidos se preparan para las consecuencias de los nuevos aranceles sobre el vino importado. Desde el 7 de agosto, el país aplica un arancel del 15% a los vinos procedentes de la Unión Europea, Nueva Zelanda e Israel. Esta medida forma parte de un acuerdo comercial preliminar con la UE, que rebajó el arancel desde una posible horquilla del 30% al 50%. Además, sigue vigente un arancel base del 10% para vinos importados de Australia, Argentina y Chile, impuesto desde abril. Los vinos sudafricanos soportan un arancel del 30%, mientras continúan las negociaciones comerciales entre gobiernos.
El impacto total de estos aranceles sobre los precios y las ventas aún no se ha reflejado en el mercado. Darrell Clarke, presidente de la Pennsylvania Liquor Control Board (PLCB), explica que todos los productos actualmente en las tiendas fueron adquiridos antes de la entrada en vigor de los nuevos aranceles. Hasta ahora, ningún proveedor ha solicitado aumentar los precios al por mayor ni al por menor debido a estos cambios. Clarke señala que llevará tiempo percibir cómo afectan estas medidas a cada categoría y marca.
En Pensilvania, donde la PLCB es el mayor comprador de vino del país, las ventas en valor de vino importado han caído un 6,3% hasta alcanzar unos 16,34 millones de dólares entre enero y el 19 de agosto. El volumen también ha descendido un 8%. Marcas líderes como Yellow Tail y Cavit han registrado caídas de dos dígitos tanto en volumen como en valor en las tiendas Fine Wine & Good Spirits. Sin embargo, otras marcas como Black Box, La Marca Prosecco y Kim Crawford Marlborough Sauvignon Blanc han experimentado ligeros aumentos en unidades y ventas.
A pesar del descenso generalizado, Clarke indica que se ha producido un cambio del 3,4% en las ventas desde vinos nacionales hacia vinos importados durante los primeros ocho meses del año. Este dato sugiere que algunos consumidores siguen prefiriendo productos extranjeros pese a la subida de precios.
En el comercio online, Wine.com —con sede en San Francisco y considerado el mayor minorista digital de vino en Estados Unidos— informa que los vinos importados representan entre el 55% y el 60% de sus ventas totales. Mark Pinho, director ejecutivo de la empresa, afirma que lo más relevante no es tanto el comportamiento del consumidor sino cómo la industria decide quién asume el aumento de costes según dónde se reciba la mercancía. Pinho añade que los precios medios han subido durante el último año y esto podría estar influyendo en una reducción del consumo.
Cuando se anunciaron los primeros aranceles en marzo, Wine.com observó un repunte temporal en las ventas de vinos franceses e italianos durante dos semanas. Los consumidores compraron más ante la incertidumbre sobre posibles subidas de precios. Sin embargo, después las cifras volvieron a niveles habituales y no se ha detectado un cambio relevante entre ventas de vinos nacionales e importados.
En cuanto a regiones productoras estadounidenses, Wine.com ha visto aumentar el volumen vendido desde California norteña aunque el valor total se mantiene estable debido a descuentos frecuentes por exceso de oferta local. Según Pinho, aunque esperaba que los consumidores optaran más por vinos californianos gracias a mejores precios y promociones, la realidad es que muchos siguen prefiriendo vinos importados. Entre sus productos más vendidos figuran Chateau Lafite Rothschild (Francia), Veuve Clicquot Yellow Label Brut (Francia) y Tenuta San Guido Bolgheri Sassicaia (Italia).
Pinho subraya que la diferencia entre aranceles según origen es uno de los factores clave para entender la situación actual. Considera que si los aranceles altos persisten para países como Sudáfrica, podría reducirse su presencia en el mercado estadounidense. En segmentos económicos bajos es probable que los consumidores cambien sus preferencias según suban o bajen los precios; sin embargo, quienes compran vinos caros suelen mantener sus elecciones independientemente del precio.
En Massachusetts, Ryan Maloney —propietario de Julio’s Liquors— coincide en que los aranceles tendrán menos efecto sobre los vinos premium pero plantea dudas sobre su impacto general. Explica que algunos productores han asumido temporalmente el coste extra para evitar trasladarlo al consumidor final. Sin embargo, para pequeños productores e importadores esto supone un problema mayor porque no siempre pueden absorber ese gasto adicional. Si no lo hacen, los minoristas tendrán márgenes más bajos o deberán subir precios.
Maloney recuerda además que la industria ya afronta otros problemas importantes: competencia con el cannabis recreativo legalizado, descenso generalizado del consumo de alcohol y una economía poco dinámica. Considera necesario unir esfuerzos dentro del sector para proteger la venta legal de alcohol ante todos estos factores adversos.
Por ahora, tanto grandes cadenas como pequeños comercios permanecen atentos a cómo evolucionarán las negociaciones comerciales internacionales y si finalmente será necesario ajustar precios o estrategias ante posibles cambios duraderos en el mercado del vino importado.
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