¿Quién tiene la culpa del precio de la uva?

Javier Campo

Martes 13 de Agosto de 2019

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La alta competitividad de los mercados y la demanda de vinos de mayor valor añadido exigen una reflexión sobre la retribución de la mano de obra

Treinta monedas. No es Semana Santa y no estamos hablando del pago a Judas Iscariote. Es lo que pagan, treinta céntimos por un kilo de uva. Que caro ¿no? Sarcasmo aparte, está claro que la vendimia va a mover muchos kilos, pero no sé yo si mucho dinero.

Al margen de casos como el de la uva Albariño en Galicia pagada a 1,5 euros, o en Ribera a 2 o 3 euros (porque no hay) o como en champagne entre los 5 y los 7 euros, circunstancias particulares todas ellas que no son representativas de lo que pasa en la mayoría de las zonas vinícolas, lo cierto es que no en todas las regiones pasa lo mismo y se paga a treinta céntimos. En algunas se paga a cuarenta y en otras a veinte. En cualquier caso, es irrisorio.

Aquí se le echa la culpa al cambio climático. Se le echa la culpa a las grandes productoras de vino (especialmente a las de vino espumoso). Se le echa la culpa a la falta de mano de obra. Se le echa la culpa a la baja calidad de la uva (¿de toda?). Culpa para aquí, culpa para allá. Pero el verdadero perjudicado es siempre el mismo. El agricultor.

Es vergonzoso que a un viticultor que está trabajando la tierra y sus frutos para dar un buen producto con los parámetros marcados por terceros, se le pague de manera miserable y mezquina.

Para que lo entendamos todos,y como siempre, pongo un ejemplo.

Pequeña parcela de variedad autóctona con cepas de 90 años en vaso y sin riego. Parcela en terreno escarpado y de difícil acceso. Unas 600 plantas que apenas producen dos kilos por cepa. Todos sabemos multiplicar y el resultado es que a una media de cincuenta céntimos (esto es muy bien pagado) serán unos 600 euros. Todo el trabajo de un año y la inversión realizada para ¿eso?

¿Cuántas botellas se harán? Pues tirando por arriba nos podemos ir a las... ¿400?

Perfecto. Ahora todos sabemos que un vino elaborado con cepas viejas de 90 años va a tener un coste al cliente final de ¿15 euros, 30 euros o 90 euros? Depende de muchos factores ¿no? Pero si volvemos a la materia prima ¿está pagada acorde al precio final del vino?

Entonces escuchamos o leemos: "La gente joven ya no quiere dedicarse a la viticultura", "los agricultores dejan sus tierras", "no se encuentra mano de obra para la vendimia",... así como otras frases y titulares lapidarios que hacen que se normalice lo que es preocupantemente anormal.

Y mientras esto ocurre en el campo, paralelamente en el polo opuesto la administración pública, organismos e instituciones piden vinos de mayor valor añadido porque hay que incrementar el precio medio de las exportaciones para competir con franceses e italianos. ¿No sería coherente comenzar a crear valor desde abajo?

Movilizaciones para muchas cosas, pero no para otras. ¿A quién beneficia todo esto? Pues no voy a dar nombres, pero lo que sí está claro es a quien perjudica.

 
Javier Campo
Sumiller y escritor de vinos

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