La viticultura francesa revive variedades olvidadas para afrontar el cambio climático

Productores apuestan por variedades ancestrales y resistentes, impulsando la diversidad genética y reduciendo el uso de químicos

Viernes 13 de Marzo de 2026

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French Winemakers Embrace Forgotten and Hybrid Grapes to Combat Climate Change

En varias regiones vitícolas de Francia, algunos viticultores han comenzado a replantar variedades de uva poco conocidas o incluso olvidadas. Esta tendencia responde a varios motivos, entre ellos la adaptación al cambio climático, la reducción del uso de productos químicos y la búsqueda de vinos con perfiles diferentes a los habituales. El interés por estos nuevos o antiguos tipos de uva se observa tanto en zonas tradicionales como en regiones menos conocidas.

En el suroeste francés, por ejemplo, se están recuperando variedades locales como el loin de l’œil y el prunelard en Gaillac, el arrufiac en Pacherenc-du-Vic-Bilh, el petit courbu en Jurançon o el fer servadou y el saint-côme en Aveyron. Estas uvas, que durante años fueron desplazadas por otras más productivas o fáciles de trabajar, ahora vuelven a tener presencia gracias a su capacidad para resistir enfermedades y soportar mejor las condiciones climáticas actuales.

Un caso concreto es el del tardif en Saint-Mont. Identificado en una parcela en 2000, este tipo de uva fue incluido en el catálogo oficial en 2017 y desde 2021 forma parte de la denominación de origen como variedad adaptativa. En 2024 ha pasado a ser considerada variedad accesoria. El bouysselet, originario del Frontonnais y redescubierto en 2008, también está recuperando protagonismo y podría contribuir al desarrollo de vinos blancos bajo la denominación Fronton.

En Burdeos, algunos productores han decidido volver a plantar variedades ancestrales. Jean-Baptiste Duquesne, del château de Cazebonne, ha identificado más de 50 tipos diferentes y está reintroduciendo mancin, castets, saint-macaire o bouchalès. Estos se utilizan para crear vinos que buscan diferenciarse de los perfiles más comunes. En el Médoc, Richard Barraud apuesta por la carménère, mientras que en Saintonge el dominio Abel Lorton cultiva ocho variedades distintas, cinco de ellas ancestrales.

La región de Champagne también participa en esta tendencia. La bodega Drappier ha recuperado el fromenteau para elaborar un vino monovarietal llamado “Trop m’en faut”. Este tipo de iniciativas buscan ofrecer alternativas a los consumidores y preservar la diversidad genética del viñedo francés.

Además de las variedades antiguas, los híbridos están ganando terreno. Estos tipos de uva resultan del cruce entre vitis vinifera (la especie europea tradicional) y otras especies más resistentes, sobre todo americanas. El objetivo es combinar buenas cualidades organolépticas con una mayor resistencia natural frente a enfermedades como el oídio o el mildiu. Ejemplos históricos son el baco, creado en 1898 y todavía utilizado para producir armagnac, o los llamados “cépages bouquet”, desarrollados en los años setenta por Alain Bouquet.

El interés por estos híbridos ha aumentado debido a las restricciones sobre productos fitosanitarios y las dificultades derivadas del clima. Los llamados ResDur son variedades desarrolladas por organismos públicos franceses como INRAE e IFV que incorporan genes resistentes a enfermedades. Su cultivo se está extendiendo especialmente en Languedoc. La cooperativa Foncalieu lanzó en 2019 un vino elaborado con artaban. En Corbières, los Ateliers d’Exea producen rosados con souvignier gris y blancos con muscaris. Pierre & Antonin elaboran vinos con souvignier gris y cabernet cortis bajo la marca “Petit Sauvage”, señalando que solo requieren tres tratamientos fitosanitarios frente a los quince habituales.

Otros productores pioneros son Mickael Raynal (domaine de Revel) y Roman Tournier cerca de Toulouse, así como los responsables del château Couronneau en la montaña vasca, donde han plantado tres hectáreas con estas nuevas variedades resistentes.

El pasado 14 de febrero se autorizó en Francia la plantación de catorce nuevas variedades de vid, once de ellas resistentes a enfermedades (seis ResDur y cinco Bouquet). Estas decisiones muestran cómo la viticultura francesa busca adaptarse a las nuevas condiciones ambientales y responder a las demandas del mercado mediante la recuperación y creación de nuevas variedades de uva.

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