Jueves 10 de Septiembre de 2026
Leído › 189 veces

Tomelloso conserva 32 chimeneas industriales, 19 grandes y 13 pequeñas, que forman parte de la llamada Ruta de las Chimeneas, un recorrido ligado a la etapa en la que la localidad convirtió su producción vitivinícola en una gran industria de alcohol vínico. La información turística municipal sitúa ese periodo como uno de los momentos de mayor actividad económica del municipio y recuerda que, en torno a 1950, llegaron a funcionar 60 destilerías y cerca de un centenar de estas torres de ladrillo.
La presencia de estas chimeneas está unida al desarrollo del viñedo y de las bodegas desde la segunda mitad del siglo XIX. Tomelloso necesitó dar salida a una producción de vino que avanzaba más rápido que la demanda de vino embotellado, y esa situación llevó a levantar destilerías junto a muchas bodegas. En ellas, el vino se transformaba en alcohol mediante instalaciones con columnas y tuberías de cobre y acero.
Ese alcohol encontró mercado fuera de España. La información difundida por la localidad explica que el comercio entre los países mediterráneos y el norte de Europa impulsó su venta, ya que se añadía a los vinos para que soportaran mejor las travesías marítimas. A eso se sumaba la producción de holandas, alcoholes obtenidos en la destilación que servían como base para elaborar aguardientes. Con esa actividad, Tomelloso llegó a reunir una concentración industrial poco habitual en una población del interior de Castilla-La Mancha.
La altura de las chimeneas respondía a una necesidad técnica. Cuanto mayor era la torre, mayor tiro generaba y más fácil resultaba evacuar el humo sin que cayera sobre calles y fachadas. Las de 20, 30 o hasta 45 metros estaban ligadas a las grandes calderas que calentaban el serpentín de destilación y solían alimentarse con leña o carbón. Las más bajas, por debajo de los 20 metros, se destinaban a equipos de menor tamaño para obtener holandas y aguardientes, y en muchos casos funcionaban con leña, que producía un humo más ligero que el del carbón.
Su construcción exigía mano de obra especializada. No bastaba con que funcionaran bien: debían soportar altas temperaturas durante años y formar parte visible del conjunto industrial. Por eso se levantaban con ladrillo de gran calidad y con un mortero preparado con arena, cal y cemento, pensado para resistir el calor sin abrir grietas.
Dos nombres aparecen con frecuencia en esa etapa: José Goig Lorente y Antonio Jareño. Goig, de origen valenciano, firmó una de las primeras chimeneas que construyó en la ciudad, la de Casajuana, levantada en 1942 y con 35 metros de altura. A esa obra se añadió otra en 1951, ya a cargo de Jareño. Ambas forman uno de los conjuntos de patrimonio industrial mejor conservados del municipio.
Jareño está también ligado a la chimenea de Fábregas, construida en 1964 y con más de 40 metros. La información turística de Tomelloso recoge que el propio maestro la llamaba “la retorcida”. Bajo la dirección de Goig se levantó además, en 1950, la chimenea de Domecq, encargada por la destilería jerezana del mismo nombre. La localidad la sitúa entre las piezas más conocidas del patrimonio industrial manchego.
El recorrido incluye también las dos chimeneas pequeñas conocidas como “Las Gemelas”, en la bodega Peinado. Su presencia recuerda que la actividad destiladora en Tomelloso ya estaba en marcha en 1820. A ellas se suma la de Eugenio Navarro, levantada en 1985. Es un caso singular porque no nació para una destilería en funcionamiento, sino como recuerdo de otra chimenea derribada en la antigua bodega de Antonio Fábregas. En la actualidad cumple una función doméstica, como salida de humos de la caldera de calefacción de una urbanización.
Ninguna de estas chimeneas sigue vinculada a la producción de alcohol. La sustitución de aquel sistema por depósitos de acero inoxidable y equipos con temperatura controlada dejó atrás ese modelo industrial. Aun así, las torres que siguen en pie conservan valor como referencia física de un tejido fabril que en muchos casos ya no existe. Incluso cuando el edificio ha desaparecido, la chimenea permite localizar el lugar exacto en el que trabajó una antigua destilería.
La Ruta de las Chimeneas ordena ese legado dentro del casco urbano y permite seguir la relación entre el vino, la destilación y la transformación económica de Tomelloso. El itinerario se suma a otros elementos ligados a la historia vitivinícola de la ciudad, como las cuevas excavadas bajo viviendas y bodegas, y muestra cómo la industria dejó una huella visible que todavía forma parte del paisaje del municipio.
Leído › 189 veces