Lunes 07 de Septiembre de 2026
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Viña al lado de la bodega Señorío de Líbano, Sajazarra. Rioja alta.
Empezamos un nuevo curso con la llegada de septiembre. Sería muy interesante aprovechar el ejercicio de la cata de vinos y observar que las posibilidades de disfrutar y vivir con sentido son ilimitadas... si queremos. Los seres humanos tenemos un componente borreguil propio de las manadas animales. Nos gusta ser conducidos en rebaños allá donde el pastor o líder quiere llevarnos. Así, como otros animales más o menos libres que se guían por su olfato, nosotros nos dejamos captar, nos sometemos estúpidamente a la dictadura del sentido de la vista. ¿Cómo es eso? Primeramente ello es así debido a nuestras grandes carencias internas a la hora de procesar la información que nos llega a través del resto de los sentidos (que obviamente no son cinco sino muchos más). Nos quedamos con lo más fácil o evidente o pasivo, lo que ven nuestros ojos; así nos quedamos petrificados con sensaciones puramente visuales, con imágenes que entran en el cerebro y a fuerza de repetirse –repetición equivale a reputación- adquieren marchamo de obviedad y familiaridad.
Hay que decirlo: es un poco tarde para nuestra especie que, lo que nos ha permitido llegar hasta aquí -los sentidos del olfato y el gusto sobre todo- desde el advenimiento de los medios llamados audiovisuales (habría que decir más bien visuales) han perdido protagonismo a costa de la invasión de los fotogramas, bien estáticos o en movimiento que marcan prácticamente cada minuto de nuestras vidas en las pantallitas del movil o en las de la tele.
Las vallas de publicidad, las plataformas, las películas, internet y los juegos virtuales, las redes sociales... todo el tiempo están bombardeando nuestras retinas con mensajes interesados que sustraen nuestro espíritu naturalmente crítico para infestarlo con engaños bobos que, a fuerza de repetirse, colonizan nuestras neuronas hasta convertirnos en simples robots consumidores con deseos cuadriculados.
El concepto "predominio sensorial" ha tomado cuerpo de tal manera que un solo sentido, el de la vista, se ha adueñado de nuestras percepciones colonizando los otros sentidos. Ante un plato de comida, es la vista la que identifica la aceptación de esos alimentos, previo a que el olfato o el sabor marque su impronta y el cerebro (¿el cerebro?) decida. Al menos con los vinos hay que catarlos y realizar una suerte de introspección para decidir si nos gusta o no.
Es para cuestionarse qué cantidad y qué tipo de estimulación sensorial que no sea meramente visual hay en una persona dispuesta a admitir a la hora de comer y beber, o a la hora de decidir con qué clase de mujer u hombre te irías al catre... a experimentar sensaciones por otra parte no precisamente visuales.
Sobre todo después del Renacimiento, y más tarde con los conceptos de la Ilustración, algunos autores y artistas vinieron a criticar hechos establecidos y cuestionar cómo sería el mundo al revés: que fuera el burro el que montara al hombre; el cerdo que abriese en canal al matarife; la niña que alimentara y cuidara a la madre; y, en fin, los usos social es que, con sus mensajes esperpénticos y crueles, Goya denunció en sus "Caprichos" en los cuales se burló de aquella sociedad española encorsetada. Como lsucede hoy con la tiranía de las redes sociales
Propongo por lo mismo una sublevación contra la dictadura de lo visual como forma de aborregamiento con fines perversos. Que se deje de estigmatizar a las mujeres que no tengan un rostro "perfecto" o una presencia que no satisfaga a los algoritmos, y que cuelguen en picotas (bien visibles) a los descerebrados que las fotografían y las cosifican. Que sean los alumnos quienes examinan a esos profesores apoltronados y sin vocación. Que los jefes aprendan a tener más tiempo la boca cerrada y los oídos abiertos, y que se fijen más en la sustancia en vez de en la imagen de los empleados.
Mirar sí; pero con ojos despiertos y críticos, no alienados por el bombardeo constante de las pantallas y las portadas visuales que adormecen y engañan, siempre con los mismos rostros huecos y cuerpos predecibles.
Mejor disfrutemos practicando el ejercicio de la cata de vinos y utilicemos los demás sentidos, como el olfato, el tacto, el gusto, el oido. Y otros que nos asisten en el empeño de vivir la vida con sentido.
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