Bodega Malma apoya su proyecto en la Patagonia sobre riego preciso con certificaciones ambientales

La bodega de San Patricio del Chañar cultiva 127 hectáreas, mide su huella de carbono y exporta a tres mercados

Martes 01 de Septiembre de 2026

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Bodega Malma

Bodega Malma ha situado la gestión del agua, el cuidado del suelo y la trazabilidad entre los ejes de su modelo de producción en San Patricio del Chañar, en la provincia argentina de Neuquén. La empresa presenta ese enfoque como una forma de integrar la elaboración de sus vinos con el uso responsable de los recursos, desde el viñedo hasta la bodega.

La compañía nació en 2004 como un proyecto vitivinícola ligado a la identidad de la Patagonia. Sus viñedos ocupan 127 hectáreas en una zona marcada por suelos permeables, vientos constantes, pocas precipitaciones y una amplitud térmica acusada. De acuerdo con la bodega, esas condiciones favorecen la sanidad de la fruta y permiten que las raíces de las vides profundicen en el suelo.

Malma añade que la amplitud térmica durante la maduración ayuda a mantener el equilibrio entre acidez y azúcar, mientras que el viento influye en la concentración, el color y la estructura de las variedades que cultiva. En esas parcelas trabajan principalmente con Pinot Noir, Malbec, Merlot, Cabernet Sauvignon, Sauvignon Blanc y Chardonnay.

La empresa enmarca su política de sostenibilidad en una visión amplia de la viticultura. Esa línea de trabajo incluye, según explica, la protección de la biodiversidad, la reducción al mínimo del uso de insumos externos, el cuidado de la vida del suelo y la vigilancia de la calidad del agua. La bodega sostiene que busca mantener un paisaje vivo y diverso, en línea con el ecosistema patagónico y con una mirada de largo plazo sobre la producción.

Uno de los puntos centrales de ese esquema está en el riego. En una región donde el agua tiene un peso determinante para la actividad agrícola, Malma desarrolló un sistema que reencauza agua de deshielo del río Neuquén para regar las chacras. La infraestructura incluye un canal de 20 kilómetros, siete plantas de bombeo, centrales de filtrado y riego por goteo localizado, computarizado y automatizado.

Según la bodega, ese sistema permite administrar el agua en función de las necesidades del viñedo y hacer un seguimiento preciso del recurso. La misma lógica de medición y mejora se aplica, siempre según la empresa, a otras áreas de la actividad, entre ellas la gestión de residuos y de la energía, las prácticas vitícolas y los procesos de bodega.

El respaldo de terceros forma parte de esa estrategia. Malma obtuvo el sello Vitivinicultura Argentina Sostenible, impulsado por la Corporación Vitivinícola Argentina y el Consejo Federal de Inversiones. También cuenta con Bodegas de Argentina – Sustentabilidad Certificada. Ambas acreditaciones contemplan aspectos como el uso eficiente del agua y la energía, la gestión de residuos, las prácticas vitícolas y el impacto social y laboral.

A esas certificaciones se añade la vegana para los vinos correspondientes. La bodega cuenta además con certificación orgánica para la línea Intemperie. En ese caso, la empresa precisa que el proceso contempla controles durante tres años en el viñedo y un año en tanque, con renovación anual.

La medición del impacto ambiental se completa con el cálculo de la huella de carbono junto a Ecoqualis. Malma señala que ese trabajo le permite conocer el efecto de su actividad sobre el medio ambiente y localizar oportunidades de mejora dentro de su operativa.

La proyección exterior forma parte del recorrido comercial de la bodega. Desde Neuquén, Malma distribuye sus vinos en mercados internacionales como Estados Unidos, Reino Unido y Brasil. La empresa vincula esa salida al exterior con una identidad de origen muy marcada y con una forma de producir en la que la Patagonia no se limita a ser la ubicación de los viñedos, sino una referencia permanente para ordenar el desarrollo del proyecto.

Esa combinación de identidad territorial, viticultura y control de procesos define la posición que la bodega quiere consolidar. En su planteamiento, la calidad del vino depende también del respeto por el entorno en el que nace, de la administración de recursos como el agua y de sistemas de verificación que permitan revisar cada fase del trabajo en campo y en bodega.

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