Jueves 03 de Septiembre de 2026
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El calor extremo está alterando las decisiones en el viñedo y no solo por su efecto sobre la uva. También obliga a los productores a calcular qué inversiones pueden asumir y qué retorno pueden esperar durante años. Un estudio publicado en el American Journal of Enology and Viticulture analiza esa cuestión al comparar tres vías de adaptación en viticultura: instalar mallas de sombreo, sustituir la variedad por otra más resistente al calor o trasladar la producción a una zona más fresca.
La investigación toma como caso de estudio la producción de Cabernet Sauvignon en Napa Valley, una de las zonas vitícolas más conocidas de Estados Unidos. A partir de ese ejemplo, los autores comparan qué opción ofrece mejores resultados económicos según la intensidad del calor. La conclusión principal es que no existe una respuesta única: la opción más rentable cambia en función de la gravedad de los episodios térmicos.
Cuando las temperaturas se mantienen en niveles moderados, seguir cultivando Cabernet Sauvignon en el mismo lugar y sin cambios es, según el estudio, la mejor alternativa. Si el calor aumenta, la instalación de mallas de sombreo pasa a ser la opción con mayor retorno económico. En el escenario más duro, con calor más intenso y daños más frecuentes, el cambio a una variedad con mayor resistencia térmica ofrece mejores resultados. Para esa simulación, los investigadores usaron como ejemplo la Carignan.
La cuarta posibilidad analizada fue trasladar la producción a una región más fresca. En la simulación, ese movimiento se planteó desde Napa Valley hasta Lake County. Entre todas las estrategias evaluadas, fue la menos rentable. El trabajo parte de una idea que afecta de lleno a muchas bodegas: mover un viñedo, cambiar una variedad o instalar nuevas infraestructuras son decisiones que pueden condicionar las cuentas de una empresa durante décadas.
Kristen Barnhisel, enóloga y presidenta de la American Society for Enology and Viticulture, afirma que el calor extremo ya no es un problema que aparezca una vez cada diez años para los viticultores. A su juicio, este tipo de trabajos sirven para convertir datos del viñedo y del mercado en herramientas útiles para decidir con más información. La asociación, editora de la revista donde se publica el estudio, reúne a 1.000 miembros y 50 empresas afiliadas del sector de la enología, la viticultura y la investigación del vino y la uva.
Para elaborar el análisis, los autores construyeron un modelo de valor actual neto con datos de costes de producción del Cabernet Sauvignon en los condados de Napa y Lake, facilitados por la University of California Cooperative Extension, y con datos del Carignan en el condado de Napa. El modelo incorpora costes de plantación, gastos corrientes de producción e ingresos previstos durante un periodo de 30 años. Sobre esa base, plantea cuatro escenarios climáticos, desde la ausencia de episodios de calor hasta daños graves y repetidos por temperaturas extremas.
El trabajo también incorpora la reacción del mercado. Los investigadores entrevistaron a 308 consumidores de vino en Estados Unidos para medir su disposición a pagar más por vinos procedentes de viñedos adaptados al calor. A los consumidores a quienes se explicó que el sombreo protege la uva frente a temperaturas extremas aceptaron pagar hasta un 17% más. En el caso del cambio a otra variedad, ese sobreprecio llegó al 12%. Si la producción se trasladaba a una nueva región, la disposición a pagar más se situó en el 11%.
Los autores añaden un matiz importante. Ese interés de los consumidores por asumir un precio superior tiende a bajar con el paso del tiempo. Al mismo tiempo, apuntan que los gastos extra ligados a estas prácticas también podrían reducirse a medida que su uso se extienda. Su hipótesis es que esas primas de precio solo se mantengan entre el quinto y el noveno año de plena producción.
El estudio parte de una realidad que el sector lleva tiempo observando en distintas zonas vitícolas: las vendimias adelantadas y los episodios de calor intenso ya forman parte de la planificación anual de muchas explotaciones. En ese escenario, la adaptación deja de ser solo una cuestión agronómica. También pasa a ser un problema financiero, porque obliga a decidir qué inversión compensa más y en qué momento.
Markus Keller, editor científico de la revista y profesor de Viticultura en la Washington State University, sostiene que los viticultores siempre se han adaptado a su territorio, pero que la rapidez de los cambios actuales da a esas decisiones un peso financiero real. En su opinión, el valor del estudio está en ofrecer una forma de medir tecnología, material vegetal y localización con criterios económicos, y no solo por sus efectos sobre el cultivo.
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