Lunes 13 de Julio de 2026
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Viajar con perro durante el verano exige algo más que reservar un alojamiento que admita animales. Alba Ciordia, experta en bienestar animal y fundadora de The Doog Life, advierte de que la planificación del destino, la seguridad en el trayecto, la protección frente al calor y el respeto a las rutinas del animal son factores básicos para evitar problemas durante las vacaciones.
El aumento de hogares con animales de compañía en España refuerza esa necesidad. Según el avance de la primera Estadística Nacional sobre la Protección Animal, elaborada por el Ministerio de Derechos Sociales a partir de los registros autonómicos, en los hogares españoles viven 15.171.569 animales de compañía, un 14% más que en 2021. Para Ciordia, este dato refleja que cada vez más familias incluyen a sus perros en los desplazamientos estivales y que ese cambio obliga a preparar los viajes teniendo en cuenta también su bienestar.
Uno de los errores más habituales, afirma la especialista, es organizar las vacaciones pensando solo en las preferencias de los dueños. Ciordia sostiene que conviene elegir lugares donde el perro pueda pasear con tranquilidad, descansar y disponer de espacios adecuados. A su juicio, que un alojamiento acepte perros no implica que esté realmente adaptado a sus necesidades.
La experta también alerta sobre los cambios bruscos en la rutina o en la alimentación durante las vacaciones. Modificar de golpe los horarios o sustituir su comida habitual puede favorecer problemas digestivos y elevar el estrés, sobre todo en animales más sensibles.
En los desplazamientos por carretera, Ciordia recuerda que llevar al perro suelto dentro del vehículo es peligroso y puede acarrear sanciones. La Dirección General de Tráfico recomienda utilizar siempre un sistema de retención adecuado, como un transportín o un arnés homologado adaptado al tamaño del animal. La especialista insiste en que el perro no debe viajar sin sujeción dentro del coche.
Para los trayectos largos, aconseja hacer paradas aproximadamente cada dos horas. Esas pausas permiten que el animal beba agua, camine unos minutos, haga sus necesidades y se relaje. También recomienda mantener el coche bien ventilado y evitar una comida abundante justo antes del viaje en los perros que se marean con facilidad.
En los casos de animales poco acostumbrados al coche, Ciordia propone realizar pequeños trayectos antes de las vacaciones para que la experiencia sea positiva y el perro gane confianza de forma progresiva.
La preparación del equipaje del animal es otro de los puntos que la especialista considera básicos. Entre los elementos que no deberían faltar cita agua fresca y un bebedero portátil, su alimentación habitual y algunos snacks, la cartilla sanitaria o pasaporte, el microchip actualizado y la medicación que pueda necesitar.
A esa lista añade la correa, el arnés y un sistema de retención homologado para el coche. También recomienda llevar su cama, una manta o su juguete favorito para aportarle seguridad mediante un olor conocido.
En verano, Ciordia aconseja incluir además una toalla, champú, limpiador de oídos, bálsamo para las almohadillas y protección frente a pulgas, garrapatas y otros parásitos. Sobre el limpiador de oídos, precisa que puede ser especialmente útil en esta época por el aumento de infecciones tras los baños.
El calor es uno de los principales riesgos de los viajes estivales con perro. La experta recomienda pasear a primera hora de la mañana o al atardecer, llevar siempre agua fresca, buscar zonas de sombra y evitar el ejercicio intenso durante las horas centrales del día.
Antes de caminar sobre cualquier superficie, Ciordia aconseja comprobar su temperatura con la mano. Si el suelo quema tras unos segundos, señala, también puede quemar las almohadillas del perro.
La especialista insiste además en que nunca debe dejarse al animal dentro del coche, aunque esté aparcado a la sombra o con las ventanillas entreabiertas. Advierte de que la temperatura interior puede subir con rapidez y provocar un golpe de calor.
Si el perro empieza a acalorarse, recomienda mojarlo con agua fresca, nunca helada, prestando atención al vientre, las ingles, las axilas y el cuello, zonas donde circulan vasos sanguíneos que ayudan a disipar el calor. Añade que los chalecos refrigerantes específicos pueden ser útiles durante los paseos de verano, sobre todo en perros mayores, braquicéfalos o con mucho pelo, aunque subraya que no sustituyen una buena hidratación ni evitar las horas de más calor.
Ciordia también desaconseja cubrir al perro con una toalla mojada. A su juicio, esa práctica puede dificultar la pérdida de calor al actuar como una capa aislante. Si se utiliza una toalla, considera preferible colocarla debajo del animal o refrescarlo mientras haya circulación de aire.
Durante el viaje o la estancia fuera de casa, hay señales que pueden indicar que el perro no se está adaptando bien. La experta cita el jadeo excesivo cuando no hace calor, los bostezos repetidos, el lamido constante del hocico, la inquietud, los temblores, el rechazo a la comida o al agua, esconderse, vocalizar más de lo habitual o mostrarse muy apático.
Ante esos síntomas, recomienda reducir los estímulos, respetar los tiempos de descanso del animal y consultar con un veterinario antes de continuar el viaje si los signos persisten o son intensos.
Como pauta general, Ciordia resume tres prioridades para unas vacaciones con perro. La primera es planificar pensando también en el animal y elegir alojamientos y actividades realmente adaptados. La segunda pasa por respetar su ritmo y no llenar la jornada de planes. La tercera consiste en dar prioridad a la seguridad, la hidratación y la protección frente al calor y los parásitos.
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