Miércoles 27 de Mayo de 2026
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El sector del vino de Australia del Sur ha pedido al gobierno estatal más apoyo en el presupuesto que presentará el próximo 4 de junio, después de que los aranceles impuestos por China alteraran las ventas exteriores y dejaran a muchas bodegas con exceso de oferta y una demanda más débil.
Los responsables de las principales regiones vinícolas del estado sostienen que la ayuda pública no ha seguido el ritmo de otras zonas del país. Según la asociación del sector, Victoria invierte más de cuatro veces más por cada 1.000 dólares australianos de valor exportado que Australia del Sur. Esa diferencia, afirman, se nota en la capacidad para abrir mercados y sostener la actividad en las zonas productoras.
La petición llega después del presupuesto federal, que incluyó medidas de apoyo a pequeñas empresas y algunas partidas para diversificar exportaciones y reforzar relaciones comerciales internacionales. Para el sector, esas medidas son útiles, pero insuficientes para aliviar una situación que atribuyen a varios factores a la vez: los aranceles chinos, la caída del consumo, el aumento de los costes y una mayor volatilidad en los mercados.
Olivia Hoffmann Barry, presidenta de la junta de Clare Valley Wine & Grape Association, señaló que las regiones vinícolas no solo dependen del vino, sino también del turismo, la hostelería y los eventos. Añadió que la presión económica afecta al empleo regional y a la continuidad de comunidades que forman parte de la identidad turística y agrícola del estado.
En Barossa, otra de las zonas más conocidas del sur australiano, el sector insiste en que su fortaleza pasa por combinar vino, turismo, gastronomía y experiencias para visitantes. Sus representantes explican que muchas empresas han apostado por vender más directamente al consumidor, buscar nuevos mercados exteriores y reforzar la oferta ligada al enoturismo.
Aun así, advierten de que el ajuste es difícil por la suma de varios problemas: menor consumo de vino, subida de los gastos operativos, cambios en las preferencias de compra y una afluencia turística estancada. Por eso reclaman un plan estatal con financiación suficiente para apoyar la recuperación del sector.
Entre las medidas que piden figura un programa específico para impulsar las exportaciones, con ayudas a productores preparados para vender fuera y con fondos compartidos entre administración y empresas. También solicitan más inversión para estimular la demanda interna y el enoturismo, además de asesoramiento técnico en las regiones para estudiar cultivos alternativos o complementarios.
En McLaren Vale, los representantes del sector valoran una partida ya comprometida por el gobierno estatal de 250.000 dólares australianos para diversificación agrícola y apertura de oportunidades comerciales dentro y fuera del país. Pero consideran que esa cantidad solo cubre una parte muy pequeña de lo que hace falta para adaptar el negocio a un mercado más inestable.
La industria también pide elevar a 5 millones anuales durante cinco años el programa estatal Global Wine Growth Program y crear una línea de ayudas para exportadores con capacidad real de crecer en mercados internacionales. Según sus portavoces, Australia del Sur necesita una política comercial más activa si quiere mantener su peso como región vinícola dentro del país.
La reapertura del mercado chino no ha devuelto las exportaciones a los niveles previos a los aranceles. Aunque Australia del Sur sigue presente en China, Norteamérica, Asia oriental y Reino Unido, los productores aseguran que la presión sobre los precios y la demanda continúa. En ese escenario, reclaman más inversión pública para sostener la promoción exterior y reforzar la posición del vino premium australiano.
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