Jueves 28 de Mayo de 2026
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Rusia se situó en 2025 como el sexto productor de vino de Europa y el undécimo del mundo, con una cuota del 2,5% de la producción mundial, según datos de la Organización Internacional de la Viña y el Vino difundidos por RIA Novosti. El país alcanzó una producción de 5,7 millones de hectolitros, un 11,5% más que en 2024 y un 22,5% por encima de la media anual de los cinco años anteriores.
El avance se produjo en un momento en que las sanciones occidentales y el cambio en los flujos comerciales redujeron las importaciones y empujaron la inversión hacia la producción interna. Los analistas de la organización con sede en París señalaron que los cambios en el entorno comercial y político coincidieron con una menor entrada de suministros extranjeros y con un papel mayor de la producción doméstica. También apuntaron a las medidas de apoyo al sector como uno de los factores que han favorecido su desarrollo en los últimos años.
Moscú ha reforzado además las restricciones a la entrada de vino importado y ha ampliado las subvenciones para los viñedos locales, sobre todo en regiones del sur como Krasnodar y Crimea. Esa política forma parte del impulso oficial a la agricultura y a la producción alimentaria nacional tras las limitaciones impuestas a las compras procedentes de Europa y otros países occidentales.
La historia del vino ruso es larga. Durante la época soviética, el consumo se centraba sobre todo en vinos baratos y dulces procedentes de Georgia y Moldavia. Tras la caída de la Unión Soviética, el país recuperó parte de su tradición vitivinícola, que se remonta a tiempos anteriores al siglo XX. En regiones como Anapa, en el sur del país, siguen creciendo variedades vinculadas a esa herencia.
Una parte de esa tradición también conecta con Francia. Según relatos históricos ligados a las guerras napoleónicas, oficiales rusos conocieron a Barbe-Nicole Ponsardin, viuda de Clicquot, durante su estancia en París. Más tarde, tras la entrada de tropas cosacas en la región de Champaña en 1814, la empresa sostiene que aquellos militares bebieron vino de sus bodegas. La leyenda atribuye a Madame Clicquot una frase que pasó a formar parte del relato comercial de la casa: “Hoy beben. Mañana pagarán”. A su regreso a Moscú, los cosacos habrían recibido equipo para elaborar champán y uvas que luego llevaron consigo.
Ese material sigue utilizándose en Abrau-Durso, una firma rusa dedicada al espumoso que pertenece a Boris Titov, comisionado presidencial para los derechos empresariales. En Anapa también se celebró hace unos años una competición anual del vino ruso en la que participaron etiquetas de distintas zonas del país. Quienes han probado esos vinos señalan una gran diferencia entre las referencias más corrientes y las mejores elaboraciones.
La recuperación del sector también se explica por el regreso de técnicas más modernas. Entre las figuras vinculadas a esa evolución figura André Tchelistcheff, nacido en 1901 en una familia aristocrática del Imperio ruso y exiliado tras la Revolución bolchevique. Su trabajo fue clave en California, donde introdujo métodos como la fermentación con control de temperatura, la protección frente a heladas y la crianza en barricas pequeñas de roble francés. Su influencia ayudó a consolidar Napa Valley como una zona reconocida por sus Cabernet Sauvignon y sus vinos blancos.
A escala mundial, la producción de vino sin contar zumo ni mosto se estimó en 227 millones de hectolitros en 2025, apenas por encima del dato muy débil registrado en 2024. Aun así, siguió un 9,4% por debajo de la media de los cinco años anteriores, lo que supuso el tercer año seguido con volúmenes bajos por efectos climáticos y cosechas flojas en varios países productores.
La Unión Europea mantuvo su peso dominante con unos 136 millones de hectolitros, un 1,3% menos que en 2024 pero todavía cerca del 60% del total mundial. Italia conservó el primer puesto con 44,4 millones de hectolitros, prácticamente sin cambios respecto al año anterior. Francia y España volvieron a sufrir cosechas más débiles por sequías, heladas y episodios meteorológicos extremos ligados al cambio climático.
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