Martes 16 de Junio de 2026
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Emmanuel Macron afirmó este lunes, 15 de junio, que Francia no retirará su impuesto digital pese a la amenaza de Donald Trump de imponer aranceles del 100% al vino francés si París mantiene ese gravamen sobre las grandes tecnológicas de Estados Unidos. La advertencia llegó pocas horas antes del encuentro entre ambos dirigentes en la cumbre del G7 celebrada en Evian-les-Bains, a orillas del lago Lemán.
Según Reuters, Trump comunicó al diario The New York Post que había trasladado ese aviso directamente al presidente francés. El mandatario estadounidense sostuvo que su país “no tendría otra opción” que aplicar un arancel del 100% a los vinos franceses si Francia no elimina la tasa del 3% sobre los servicios digitales. La Casa Blanca no respondió a una petición de comentarios citada por la agencia.
Macron rechazó esa presión en una entrevista con la cadena francesa TF1. “Los aranceles no benefician a nadie, en especial entre países del G7”, dijo. Preguntado por si cedería ante la amenaza, respondió: “No, porque así no funcionan las cosas”.
El impuesto francés en cuestión está en vigor desde 2019 y grava con un 3% los ingresos por servicios digitales de empresas que facturan más de 25 millones de euros en Francia y más de 750 millones de euros en todo el mundo. París defiende esa figura fiscal como una forma de gravar la actividad real de grandes grupos tecnológicos estadounidenses en territorio francés.
La tensión comercial no es nueva. Trump ya había amenazado antes con elevar los aranceles sobre vinos y otras bebidas alcohólicas procedentes de Francia y de la Unión Europea. Reuters recuerda que lo hizo en enero de este año y también en marzo del año pasado. En esta ocasión, el aviso vuelve a colocar al vino en el centro de una disputa ajena al propio sector.
Las organizaciones francesas del vino y los espirituosos reaccionaron con rapidez. La federación FEVS, que agrupa a exportadores del sector, señaló a Reuters que la nueva amenaza es una mala noticia para una industria muy dependiente de las ventas al exterior. La patronal pidió una actitud responsable y relaciones comerciales equilibradas y constructivas entre Francia y Estados Unidos, “en interés de ambas economías”.
La preocupación del sector tiene una base clara. Estados Unidos es uno de los principales mercados exteriores para los vinos y espirituosos europeos. Según datos de Eurostat citados por Reuters, el alcohol figura entre las principales exportaciones comunitarias hacia ese país, con un valor cercano a 9.000 millones de euros en 2024. En esa cifra entran productos con fuerte peso comercial y simbólico, como el coñac o el champán, cuya producción está ligada a zonas concretas de Europa.
En estos momentos, los vinos y espirituosos exportados desde la Unión Europea a Estados Unidos soportan un arancel del 15%, según Reuters. Francia llevaba tiempo pidiendo que esa tasa se redujera a cero tras el acuerdo comercial alcanzado el verano pasado en Escocia entre Trump y la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen. La nueva amenaza rompe esa expectativa y abre un escenario de mayor presión para bodegas, casas de champán y grupos de destilados.
Para el negocio de las bebidas, el efecto potencial sería directo. Un arancel del 100% encarecería mucho el precio final en el mercado estadounidense y podría frenar la demanda en uno de los destinos más importantes para el vino francés. También pondría bajo presión los márgenes de importadores, distribuidores y productores, además de alterar planes comerciales ya cerrados para la segunda mitad del año.
La publicación especializada The Drinks Business añade que Trump habló de aplicar ese recargo a “todos los champanes y todos los vinos procedentes de Francia”. Ese medio recuerda además que Washington considera discriminatorios este tipo de impuestos digitales porque recaen sobre ingresos brutos y afectan sobre todo a grandes grupos tecnológicos estadounidenses como Amazon, Apple o Meta.
Francia sostiene otra posición. De acuerdo con esa misma información, las autoridades francesas consideran que varias multinacionales tecnológicas han aprovechado durante años diferencias entre sistemas fiscales para reducir su tributación efectiva. Por eso defienden que esas compañías paguen en función de su actividad económica en Francia.
Más allá del choque político entre París y Washington, el episodio vuelve a mostrar hasta qué punto el vino puede convertirse en moneda de cambio dentro de disputas comerciales ajenas al campo agroalimentario. Para muchas empresas francesas del sector, el problema no es solo la amenaza inmediata sobre precios y ventas, sino la dificultad para operar con previsión cuando las condiciones pueden cambiar por decisiones políticas tomadas fuera del mercado del vino.
La cumbre del G7 servía además como primer marco para un contacto directo entre ambos líderes tras esta nueva escalada verbal. Macron ejerce como anfitrión del encuentro en la recta final de su segundo mandato presidencial, mientras Trump llega a la reunión con una agenda marcada por varios frentes comerciales abiertos con socios tradicionales.
Por ahora no hay confirmación oficial de medidas concretas por parte de Washington más allá de las declaraciones atribuidas a Trump. Pero solo el anuncio ya ha activado las alarmas entre exportadores franceses, que ven cómo vuelve a aparecer el riesgo de un cierre parcial o un fuerte encarecimiento en su principal mercado exterior fuera de Europa.
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