Martes 09 de Junio de 2026
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LVMH ha situado la salud del suelo en el centro de su estrategia ambiental para el vino y el resto de sus negocios ligados a materias primas agrícolas. El mensaje lo lanzó Antoine Arnault, director de Imagen, Comunicación y Medio Ambiente del grupo, durante la tercera edición del World Living Soils Forum, celebrada el 3 y el 4 de junio en Arlés, en la Provenza francesa, con impulso de Moët Hennessy y organización conjunta con ChangeNow.
El foro reunió a investigadores, técnicos, instituciones públicas, periodistas, asociaciones profesionales y empresas del sector vitivinícola y agroalimentario. La cita parte de una idea básica: la regeneración del suelo es esencial para adaptarse al cambio climático, frenar la pérdida de biodiversidad y proteger la producción agraria a medio y largo plazo. En el caso del vino, esa visión afecta tanto al viñedo como a la calidad final del producto.
Arnault defendió que la política ambiental de LVMH no depende de los ciclos económicos ni de la situación geopolítica. Según explicó, el grupo ha mantenido sus objetivos ambientales y ha decidido acelerar su hoja de ruta incluso en un momento de incertidumbre. En su intervención sostuvo que el cambio climático no espera a que mejoren los indicadores económicos y que la coherencia ambiental se mide precisamente en las etapas más difíciles.
La división de vinos y destilados del grupo reúne marcas como Moët & Chandon, Krug, Dom Pérignon, Veuve Clicquot, Ruinart, Château d’Yquem, Cheval Blanc, Cloudy Bay o Bodega Numanthia. Según los datos citados en el foro, el área de Champagne & Wine sumó 3.000 millones de euros en ingresos en 2025. Sobre esa base empresarial, LVMH quiere vincular su actividad a una gestión más cuidadosa del suelo, al uso de prácticas regenerativas y a una reducción de emisiones en toda la cadena.
Arnault recordó que el grupo creó su departamento de medio ambiente en 1992 y que desde entonces ha desarrollado varias hojas de ruta internas. La más reciente es Life 360, lanzada en 2021. De acuerdo con su explicación, ese plan ha llevado criterios ambientales a la gestión diaria de negocios tan distintos como vinos y destilados, moda, perfumería, cosmética, relojería, joyería, distribución selectiva y hospitalidad.
Entre las medidas citadas figuran cambios en instalaciones productivas y logísticas. Arnault habló de cubiertas con paneles solares, uso de materiales biológicos o reciclados en edificios y embalajes, mejora de la eficiencia energética en tiendas y traslado de centros logísticos para reducir emisiones ligadas al transporte, sobre todo en Estados Unidos. También señaló que algunos emplazamientos ya generan por sí mismos la energía que consumen.
En el viñedo, el grupo asegura haber cambiado su forma de trabajar en los últimos cinco años. Arnault afirmó que muchas fincas han dejado atrás el modelo basado solo en hileras continuas de vid para incorporar árboles, arbustos, setos y frutales. La intención es favorecer suelos con más vida biológica, mejorar la retención de agua y reforzar la biodiversidad del paisaje agrario.
Ese cambio supone también una modificación en las prioridades técnicas. Durante décadas, dijo Arnault, la atención principal estaba puesta en la calidad de la uva y en el estado sanitario de la cepa. Ahora, según su planteamiento, la prioridad pasa por el suelo. A su juicio, un suelo sano almacena más carbono, alberga buena parte de la biodiversidad terrestre y retiene mejor los recursos hídricos. En el vino, añadió, esa base influye además en la expresión del terruño.
El directivo vinculó esa idea con la identidad histórica de las casas vinícolas y champaneras del grupo. Sostuvo que esos terruños forman parte del patrimonio recibido por las bodegas desde hace décadas o siglos y que conservarlos exige apoyarse en ciencia e innovación. En ese punto agradeció el trabajo de investigadores y especialistas que colaboran con las empresas agrarias para medir mejor el estado del suelo y aplicar nuevas prácticas.
LVMH aseguró también que ha ampliado sus programas de agricultura regenerativa junto a viticultores y agricultores asociados durante los últimos cinco años. Arnault citó proyectos ligados no solo al vino sino también a otras cadenas de suministro del grupo, como el algodón regenerativo para firmas de moda en países como Francia, Turquía, Brasil, España, Mongolia, Chad o Australia.
En materia de biodiversidad, mencionó acuerdos con la Unesco y afirmó que en 2025 el grupo contribuyó a restaurar un millón de hectáreas de hábitats para flora y fauna en distintos países. No detalló en ese discurso qué parte corresponde al negocio del vino ni qué metodología se ha usado para medir ese resultado.
Uno de los argumentos centrales expuestos por Arnault fue que la agroecología y la agricultura regenerativa ofrecen resultados medibles. Según indicó, tras tres años con cubiertas vegetales en viñedos del grupo se aprecia una mejora clara en la calidad del suelo. Esa evolución, afirmó, reduce además la exposición a episodios extremos como inundaciones.
Para apoyar esa tesis puso un ejemplo reciente en el sur de Francia. Explicó que unas lluvias torrenciales no dejaron daños visibles en una propiedad del grupo gracias a una estrategia pensada para retener agua de lluvia. A pocos kilómetros, añadió, parcelas manejadas con prácticas convencionales quedaron anegadas. El caso fue presentado como prueba de que las decisiones agronómicas pueden limitar parte del impacto climático sobre el terreno.
El World Living Soils Forum nació precisamente para compartir ese tipo de experiencias entre empresas, científicos e instituciones. Sus cuatro metas son conectar a quienes trabajan por la regeneración del suelo; difundir acciones concretas ligadas a viticultura sostenible y agricultura regenerativa; reforzar el vínculo entre ciencia e innovación aplicada; y avanzar en indicadores comunes para medir la salud del suelo.
Durante esta tercera edición también intervino Carlo De Biasi, presidente de Association Lien de la Vigne Vinelink, entidad fundada en 1992 para reunir a científicos y profesionales del sector vitícola interesados en impulsar la innovación. De Biasi resumió una idea repetida durante las sesiones: el suelo suele pasar desapercibido pese a ser la base física y biológica sobre la que se apoya toda producción agrícola.
Arnault anunció además que Moët Hennessy abrirá la gobernanza del foro a otras compañías implicadas en regeneración del suelo. El objetivo es ampliar alianzas empresariales e institucionales para compartir conocimiento técnico e iniciativas aplicadas sobre decarbonización, biodiversidad y gestión del agua.
La decisión llega en un momento en el que buena parte del sector del vino presta más atención al estado físico y biológico del terreno tras años centrados sobre todo en rendimientos, sanidad vegetal o perfil organoléptico. Sequías más frecuentes, lluvias intensas concentradas en poco tiempo y pérdida de materia orgánica han llevado a muchas bodegas europeas a revisar labores agrícolas tradicionales.
En ese escenario, grandes grupos como LVMH intentan presentar sus políticas ambientales como parte estructural del negocio y no solo como una línea reputacional. El mensaje lanzado desde Arlés fue claro: para sus marcas vinícolas y champaneras, proteger el suelo ya no es una cuestión secundaria ni limitada al discurso técnico interno, sino una pieza básica para preservar viñedos históricos y asegurar materia prima apta para vinos premium en los próximos años.
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