Miércoles 10 de Junio de 2026
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Brasil perfila un nuevo esquema fiscal para las bebidas alcohólicas dentro de la reforma tributaria y prevé aplicar dos tipos de gravamen de forma simultánea, aunque el diseño final sigue abierto. La propuesta, según informó el medio brasileño JOTA el pasado 9 de junio, contempla una tasa calculada sobre cada litro de alcohol puro contenido en la bebida y otra alícuota adicional que podrá variar según la graduación alcohólica.
La medida forma parte de la regulación del llamado Impuesto Selectivo, una figura pensada para gravar productos considerados perjudiciales para la salud o el medio ambiente. En el caso de las bebidas alcohólicas, el Gobierno brasileño y los equipos técnicos aún no han cerrado cómo se combinarán ambas cargas ni qué niveles concretos tendrá cada una.
El texto legal que debe fijar esas alícuotas no se conocerá hasta septiembre, de acuerdo con la información publicada por JOTA. Esa falta de definición mantiene en espera a productores, importadores y distribuidores de cerveza, vino y destilados, que necesitan calcular el efecto del nuevo impuesto sobre precios, márgenes y planes de inversión en uno de los mayores mercados de bebidas de América Latina.
La fórmula que se estudia introduce un criterio mixto. Por un lado, grava la cantidad efectiva de alcohol puro presente en cada producto. Por otro, añade una segunda tasa que puede cambiar en función del grado alcohólico. Con ese sistema, Brasil busca diferenciar entre categorías y niveles de alcohol, aunque todavía no está claro si esa parte variable se aplicará con escalas fijas, tramos o parámetros distintos según el tipo de bebida.
La discusión tiene especial interés para el sector de los espirituosos. Un impuesto ligado al volumen de alcohol puro suele penalizar más a las bebidas con mayor graduación, como whisky, vodka, ron o cachaça, frente a otras categorías con menor contenido alcohólico. Si además se suma una segunda alícuota variable por graduación, el efecto fiscal puede ser mayor para los destilados premium y para parte del segmento importado.
El debate también afecta al vino y a la cerveza, aunque con consecuencias distintas según el modelo final. Una estructura basada en alcohol puro tiende a repartir la carga con un criterio técnico más homogéneo entre categorías. Sin embargo, la introducción de una tasa adicional variable abre la puerta a diferencias más amplias entre productos y formatos comerciales.
La reforma tributaria brasileña lleva meses redefiniendo la arquitectura impositiva del país. Dentro de ese proceso, el Impuesto Selectivo es uno de los puntos más sensibles porque combina objetivos recaudatorios con argumentos sanitarios. En la práctica, su diseño puede alterar tanto el precio final al consumidor como la posición relativa de cada categoría dentro del mercado.
Para las empresas del sector, la incertidumbre no se limita al nivel del impuesto. También importa saber cómo se medirá el alcohol puro en cada bebida, qué base imponible se utilizará, si habrá tratamientos distintos para producción nacional e importaciones y cómo encajará este tributo con otras cargas ya existentes en Brasil. Son cuestiones técnicas que condicionan contratos, compras de materia prima y decisiones comerciales para los próximos meses.
El calendario añade presión. Si el texto llega en septiembre, las compañías tendrán poco margen para adaptar presupuestos y estrategias antes de la entrada en vigor del nuevo marco tributario o antes de que se conozcan sus fases de implantación. En mercados regulados como el de las bebidas alcohólicas, unos pocos puntos porcentuales pueden modificar promociones, surtidos y posicionamiento en hostelería y distribución.
Brasil es un mercado clave para grandes grupos internacionales y para productores locales. Por tamaño, población y peso del consumo interno, cualquier cambio fiscal sobre alcohol tiene efectos directos sobre toda la cadena: desde fabricantes y embotelladores hasta importadores, mayoristas y puntos de venta. También influye en decisiones sobre lanzamiento de referencias nuevas y sobre presencia en segmentos de mayor valor añadido.
La información difundida por JOTA indica que el modelo sigue sin definirse pese a que ya existe acuerdo sobre la existencia de dos alícuotas. Esa situación sugiere que el debate técnico no está cerrado dentro del Ejecutivo ni entre los actores implicados en la reglamentación de la reforma. El punto más delicado parece ser cómo repartir la carga entre categorías sin generar distorsiones excesivas ni abrir nuevos frentes políticos con la industria.
En Brasil, la fiscalidad sobre bebidas alcohólicas ha sido históricamente un asunto complejo por la superposición de impuestos federales y estatales y por las diferencias entre productos nacionales e importados. La creación del nuevo Impuesto Selectivo pretende ordenar parte del sistema, pero su efecto real dependerá del detalle normativo que aún falta por publicarse.
Mientras no se conozca ese texto, el sector trabaja con escenarios provisionales. Las empresas intentan estimar cuánto subiría la tributación por botella o por litro vendido si prevalece un criterio más duro para las bebidas con alta graduación. Esa previsión es básica para fijar precios futuros, negociar con distribuidores y valorar si conviene ajustar portafolios o volúmenes.
La futura regulación será seguida con atención también fuera de Brasil. El país tiene peso suficiente para influir en estrategias regionales de grupos internacionales del vino y los espirituosos. Un cambio fiscal amplio en ese mercado puede alterar flujos comerciales, políticas de importación y planes industriales vinculados a América Latina.
Por ahora, lo único confirmado es la estructura dual del impuesto: una parte ligada al litro de alcohol puro y otra parte variable aún pendiente de definición. El detalle llegará, si se cumple el calendario manejado por JOTA, el próximo mes de septiembre.
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