Miércoles 02 de Septiembre de 2026
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Australia prevé otro año de retroceso en el sector vitivinícola, tanto en su viñedo como en sus ventas de vino al exterior. El Australian Bureau of Agricultural and Resource Economics and Sciences (ABARES), organismo del Gobierno australiano, informó este martes, 1 de septiembre, de que el valor bruto de la producción de uva para vinificación caerá un 4% en el ejercicio 2026-27, hasta 700 millones de dólares australianos. Al mismo tiempo, la cantidad de uva destinada a bodega bajará un 5%, hasta 1,2 millones de toneladas, y el valor de las exportaciones de vino retrocederá un 12%, hasta 2.100 millones.
Las previsiones se refieren al ejercicio financiero australiano, que va de julio a junio. ABARES precisa además que los datos de 2025-26 todavía pueden ser revisados por la Oficina Australiana de Estadística. Aun con esa salvedad, el organismo dibuja un sector que sigue perdiendo tamaño por una combinación de demanda débil, existencias todavía altas, menos entrada de uva en las bodegas y márgenes ajustados para los productores.
La comparación con la media reciente refleja la dimensión del ajuste. Una vez descontada la inflación, el valor de la producción vitícola previsto para 2026-27 quedará un 41% por debajo de la media de los diez años terminados en 2025-26. La cantidad de uva procesada será un 21% inferior a ese promedio y el valor de las exportaciones de vino se situará un 18% por debajo.
La revisión de septiembre cambia de forma clara el cuadro que ABARES había publicado en marzo. Entonces calculaba para 2026-27 un valor de la producción de uva de 644 millones de dólares australianos, un precio medio de 515 dólares por tonelada, exportaciones de vino por 2.300 millones, 628 millones de litros vendidos fuera del país y 1,25 millones de toneladas de uva para vinificación. Seis meses después, la previsión del valor vitícola sube a 700 millones y el precio medio nacional a 584 dólares por tonelada, pero el comercio exterior pierde 200 millones de valor y 43 millones de litros, mientras que la cantidad de uva se rebaja en 50.000 toneladas. ABARES añade que su cálculo para la producción vitícola es 79 millones superior al que había difundido en junio, después de revisar al alza los precios tras consultar con el sector.
Esa mejora del valor previsto no implica una recuperación del volumen. El organismo espera que la reducción física de la producción pese más que el aumento del 1% en el precio medio de la uva. También advierte de que el agua, el combustible y los fertilizantes siguen en niveles altos, mientras que el episodio de El Niño instalado en 2026 puede traer condiciones más secas y cálidas en varias zonas vitícolas. A ello se suma una demanda nacional estable, pero sin avance, y un consumo exterior débil, dos factores que reducen las compras de uva por parte de las bodegas y rebajan el incentivo para mantener el viñedo a pleno rendimiento. ABARES recoge además noticias de arranque de viñas entre productores pequeños y medianos de Riverina y Riverland.
La presión se ve con claridad en las regiones cálidas del interior, en especial Riverland, Riverina y Murray-Darling Swan Hill. Para 2026-27, ABARES sitúa los precios de las principales variedades tintas de esas zonas entre 240 y 260 dólares australianos por tonelada. En las blancas, el intervalo previsto va de 325 a 410 dólares por tonelada. En ambos casos, los valores seguirán por debajo de la media de los últimos diez años en términos reales, pese al ligero repunte incorporado en la nueva previsión.
Las tintas continúan entre las más afectadas. La reapertura del mercado chino en 2024 permitió una subida temporal de las cotizaciones, pero, a juicio de ABARES, no cambió la situación de fondo. Shiraz, Cabernet Sauvignon y Merlot mantienen precios bajos por la debilidad de las ventas y por el lento ajuste de la capacidad productiva. El organismo sí ve cierto margen de mejora para algunas variedades tintas si las bodegas se acercan a un equilibrio de existencias después de la menor entrada de uva tinta en 2025-26. En las blancas, la escasa demanda nacional coincide con una cosecha amplia de Pinot Grigio y Sauvignon Blanc en Nueva Zelanda, que añade presión sobre los precios australianos.
Los datos de 2025-26 en esas tres zonas interiores muestran la magnitud del recorte en la materia prima que llega a bodega. La cantidad de uva procesada cayó en todas las variedades principales salvo Chardonnay, que subió un 2%. Shiraz y Cabernet Sauvignon bajaron un 42% cada una, Merlot un 33%, Pinot Gris o Pinot Grigio un 18% y Sauvignon Blanc un 11%. Esa menor entrada reduce la futura disponibilidad de vino y puede ayudar a aliviar parte de las existencias, aunque ABARES prevé que la demanda nacional e internacional seguirá débil.
El clima y el agua añaden incertidumbre a la campaña. ABARES señala que, si se cumple la previsión de lluvias inferiores a la media en la costa oriental australiana entre agosto y octubre, el rendimiento y el volumen de uva podrían bajar tanto en las áreas interiores de regadío como en las zonas de clima más fresco. Las lluvias del invierno han reducido de manera temporal la necesidad de riego, pero los bajos niveles de almacenamiento en las principales cuencas del sur y los altos precios del agua siguen condicionando las decisiones de los viticultores.
La parte comercial ofrece un panorama todavía más flojo. El valor de las exportaciones australianas de vino ya descendió un 9% en 2025-26, hasta 2.400 millones de dólares australianos. ABARES atribuye ese recorte sobre todo a la pérdida de fuerza de los envíos a China continental, una vez terminada la primera fase de reposición de existencias tras el fin de los aranceles. Las ventas también bajaron en Estados Unidos, Reino Unido y Hong Kong, y el pequeño avance de Canadá no compensó esas caídas. Para 2026-27, el organismo espera otro descenso del 12%, hasta 2.100 millones.
La reducción afectará tanto al volumen como al precio. ABARES calcula que las exportaciones caerán un 4%, hasta 585 millones de litros, y que el precio medio bajará un 8%, hasta 3,55 dólares australianos por litro. Esa cotización quedará un 18% por debajo de la media de diez años en términos reales. El organismo relaciona este deterioro con la presión del coste de la vida sobre los hogares, los cambios en los hábitos de consumo, los aranceles y las alteraciones del transporte y de los mercados energéticos, factores que frenan la confianza y el gasto en vino en los principales mercados de destino.
Canadá fue una excepción parcial durante 2025-26. La disputa arancelaria entre Estados Unidos y Canadá redujo la presencia de vinos estadounidenses en los lineales canadienses y abrió espacio para Australia. Los volúmenes enviados a ese país quedaron un 6% por encima de la media de diez años. Sin embargo, Reino Unido, Estados Unidos y China siguieron por debajo de sus niveles habituales, y las exportaciones mensuales australianas marcaron mínimos de una década en agosto y enero del ejercicio 2025-26.
ABARES encuadra esta evolución en un mercado mundial del vino que también está ajustando su tamaño. A partir de datos de la Organización Internacional de la Viña y el Vino, el organismo señala que la superficie mundial de viñedo bajó en 2025 por sexto año consecutivo y quedó cerca de siete millones de hectáreas, con arranques que van desde el suroeste de Francia hasta California. Pese a ese recorte de superficie, la producción mundial de vino aumentó ligeramente en 2025, hasta 226,7 millones de hectolitros. El consumo, en cambio, cayó a 208 millones de hectolitros, el volumen más bajo desde 1961.
A juicio de ABARES, la menor oferta internacional no basta por ahora para devolver el equilibrio al sector. La caída del consumo en los mercados maduros, los cambios sociales y demográficos y la menor preferencia por el vino entre una parte de los consumidores mantienen la presión sobre los precios y las existencias. En Australia, ese movimiento llega hasta el viñedo: las bodegas compran menos uva, los precios siguen bajos y parte de la superficie pierde viabilidad económica.
El Gobierno australiano prevé que el Código de Conducta obligatorio para la compra de uva de vinificación entre en vigor el próximo 1 de enero de 2027. La norma fijará requisitos mínimos para contratos, precios, negociación de buena fe y resolución de disputas, con la intención de mejorar la transparencia y dar más estabilidad a los viticultores en su relación con las grandes bodegas. ABARES advierte de que esas reglas pueden ordenar las relaciones comerciales, pero no corregirán por sí solas el exceso de oferta, la debilidad de la demanda exterior ni la caída del consumo de vino.
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