Jueves 19 de Febrero de 2026
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La vendimia de 2026 en las provincias argentinas de Mendoza, San Juan, La Rioja y Salta se presenta como un momento clave para miles de familias que dependen del sector vitivinícola. Este proceso agrícola no solo implica la recolección de uvas, sino que también refleja la situación económica y social de las regiones productoras. Según datos del Instituto Nacional de Vitivinicultura (INV), se prevé un aumento en el volumen de uva cosechada respecto a 2025, con una estimación que oscila entre el 5% y el 10%. Sin embargo, persisten dudas debido a la falta de relevamientos sistemáticos en los viñedos, lo que dificulta realizar proyecciones precisas.
Daniel Romero, secretario de prensa del sindicato FOEVA, explica que la ausencia de estos estudios complica la tarea de anticipar el volumen final. Además, señala que la tendencia general muestra una caída progresiva en la producción año tras año. En este momento, apenas ha comenzado la recolección de uvas blancas y cualquier cambio climático podría modificar las previsiones.
El clima ha tenido un papel determinante en las últimas campañas. Durante 2025, las olas de calor en Mendoza y San Juan aceleraron la maduración de la uva, mientras que tormentas de granizo y plagas redujeron los rendimientos. Romero indica que el clima es un factor imprevisible y recuerda que parte de la cosecha anterior se perdió, lo que incluso impidió producir mosto suficiente. La vid, tradicionalmente resistente, se encuentra cada vez más expuesta a estos fenómenos.
Cada provincia vive la vendimia con particularidades propias. Sin embargo, todas comparten una tendencia hacia la estabilidad o una leve disminución en la producción. Aunque surgen nuevas zonas vitivinícolas en el país, Mendoza y San Juan siguen siendo los principales centros productores y afrontan problemas profundos relacionados con el paso del tiempo y los cambios estructurales del sector.
Desde el punto de vista económico, la vendimia tiene un impacto directo en el empleo rural y en la identidad local, especialmente en Mendoza. No obstante, el panorama actual genera preocupación por la caída del consumo interno y la reducción de las exportaciones. Romero señala que esta situación afecta directamente a la rentabilidad del sector.
La campaña trae consigo tres cuestiones principales para la economía local. En primer lugar, el empleo rural está cambiando debido a la incorporación de tecnología, lo que reduce la demanda de mano de obra tradicional. El dirigente sindical explica que esta tecnificación hace que se requiera menos trabajo humano y añade que los altos impuestos llevan a algunas empresas a importar soluciones tecnológicas desde países vecinos como Chile.
En segundo lugar, las negociaciones salariales cobran especial importancia durante este periodo. Los salarios se fijan en acuerdos colectivos nacionales, pero muchas veces se ajustan directamente en los viñedos según las condiciones locales. Romero subraya el papel activo de los sindicatos para garantizar condiciones laborales adecuadas.
Por último, el cambio climático representa un problema importante para el cultivo de la vid. Aunque históricamente ha sido una planta fuerte, ahora es más vulnerable a plagas y enfermedades. Romero advierte sobre esta nueva realidad y plantea la necesidad de replantear las formas tradicionales de cultivo y trabajo en el campo.
La vendimia funciona así como un termómetro para medir no solo la producción agrícola sino también el estado económico y social del sector vitivinícola argentino. Genera empleo temporal para miles de personas e impulsa negociaciones laborales que ponen sobre la mesa las necesidades del sector cada año.
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