Donde el tiempo se detiene: La Casería de la Mar y el nuevo lujo silencioso de la Cantabria verde

En Comillas, una antigua vaquería renace como hotel boutique y propone un nuevo lujo: silencio, paisaje y tiempo lento frente a los Picos de Europa.

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Martes 03 de Febrero de 2026

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Hay hoteles que nacen para ser vistos y otros que existen para ser vividos. La Casería de la Mar, a las afueras de Comillas, pertenece sin duda a esta segunda categoría. Antaño vaquería, hoy convertida en un refinado hotel boutique, este nuevo proyecto del Grupo Mentidero irrumpe en el mapa del norte de España con una propuesta tan sencilla como ambiciosa: redefinir el lujo desde la calma, el espacio y la conexión con el paisaje.

Rodeada por 19 hectáreas de finca privada, donde los cultivos de maíz y ballico se alternan con la cadencia de las estaciones, La Casería de la Mar se asoma a los Picos de Europa con una naturalidad que resulta casi desarmante. No hay artificio ni exceso. Solo una casa perfectamente integrada en su entorno, pensada para quienes entienden viajar como un ejercicio de pausa.

El proyecto culmina una trayectoria coherente. Fundado hace 26 años por Borja Anabitarte y Lara Alonso, el Grupo Mentidero ha construido su reputación alrededor del disfrute sereno, el respeto por el producto y una elegancia sin ruido. Este debut hotelero no es un giro, sino una extensión natural de su filosofía: hospitalidad con alma, sin estridencias ni fórmulas prefabricadas.

El interiorismo, firmado por Chesu Puente (Intermiso), traduce esa visión en espacios cálidos y atemporales. Maderas nobles, luz generosa y una paleta cromática que dialoga con el verde exterior definen las estancias. Solo ocho habitaciones, todas con baño privado, garantizan intimidad y silencio. Dormir aquí no es un trámite, sino parte esencial del viaje.

El bienestar se vive también hacia fuera. El spa panorámico, con sauna infrarroja, baño frío y pileta de agua termal, convierte el paisaje en un elemento terapéutico más. Incluso el gimnasio, equipado con tecnología de última generación, mantiene esa sensación de retiro: entrenar sin prisa, con vistas abiertas y sin distracciones innecesarias.

Las mañanas comienzan con un desayuno buffet incluido, sin horarios rígidos ni coreografías forzadas. Puede disfrutarse en el comedor, junto a la chimenea o, cuando el clima lo permite, en el jardín. Después, el tiempo se abre: paseos por la finca, lectura pausada, siestas largas o escapadas a Comillas, una de las localidades más elegantes del Cantábrico, donde el modernismo, el mar y la gastronomía conviven con una naturalidad poco común.

Porque parte del encanto de La Casería de la Mar está también en su ubicación. Comillas ofrece playas abiertas, arquitectura singular y una atmósfera culta y tranquila que encaja a la perfección con el espíritu del hotel. No es un destino de urgencias ni listas interminables, sino de descubrimientos lentos.

La Casería de la Mar no aspira a ser un hotel para todos. Y ahí reside su fuerza. Es un refugio para quienes buscan espacio, silencio y autenticidad, para viajeros que entienden que el verdadero lujo no se mide en exceso, sino en lo que sobra: tiempo, paisaje y la sensación —cada vez más rara— de estar exactamente donde uno quiere estar.

Un artículo de Laia Acebes
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